sábado, 13 de marzo de 2010
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CaixaFórum revisa la historia de la mítica escuela de arte y diseño alemana a través de sus celebraciones y de la documentación conservada en el Bauhaus-Archiv de Berlín

BARCELONA

Cuando la Bauhaus era una fiesta en la Alemania nazi
Cuando la Bauhaus era una fiesta en la Alemania nazi
28-6-2005 02:05:55

CaixaFórum revisa la historia de la mítica escuela de arte y diseño alemana a través de sus celebraciones y de la documentación conservada en el Bauhaus-Archiv de Berlín

BARCELONA. Estos días de la canícula casi todas las escuelas celebran el final de curso. La fiesta es un elemento habitual de la docencia. En la Bauhaus, la mítica escuela alemana de arte y diseño, no eran menos festivos. Desde el aniversario del director, al nacimiento de un niño, pasando por la inauguración del nuevo edificio en Dessau, cualquier acontecimiento podía dar motivo a una celebración en la que se involucraba todo el centro. Un aspecto olvidado que se ha recuperado gracias a la revisión de la documentación gráfica y documental (más de 150 piezas) conservada en el Bauhaus-Archiv de Berlín.

Parte de estos fondos, sobre todo fotografías de los propios profesores y alumnos de la Bauhaus, pero también invitaciones, carteles y elementos de índole festiva articulan la muestra que se inaugura hoy en CaixaFórum, en Barcelona. «La Bauhaus se divierte» reconstruye esta faceta y revisa la vida cotidiana del centro durante sus catorce años de existencia (1919-1933). Porque una fiesta en la Bauhaus no era exactamente un baile de domingo por la tarde, sino un exponente más de una de las plataformas más influyentes en la historia del arte y el diseño.

La Bauhaus fue fundada en Weimar, el 12 de abril de 1919. Bajo la tutela de Walter Gropius, el proyecto refundía antiguos centros de Bellas Artes y de disciplinas artesanales. Su puesta en marcha se inscribe en el clima de crisis social y económica de la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial. La Bauhaus comenzará como una decidida «tabula rasa», para acabar generando una auténtica revolución en el mundo de las artes y el diseño.

Irrumpe la Gestapo

El deseo del centro era mejorar la vida cotidiana, a través de la supresión de las antiguas divisiones entre las artes para diseñar objetos cotidianos funcionales, económicos y bellos. El cénit de las fiestas llegaba cada año el 18 de mayo, día del cumpleaños de Walter Gropius, como demuestra en la exposición la carpeta en la que Kandinsky, Klee, Moholy-Nagy y demás maestros homenajearon al director en 1924 y que ahora se exhibe por vez primera fuera de Alemania. Klee, Kandinsky, Moholy-Nagy o Ludwig Mies van der Rohe formaron parte del profesorado de la escuela. La implicación de la escuela con su sociedad la hará más sensible a la crítica de una población recelosa de un exceso de modernidad. De allí parte el interés de organizar fiestas, como manera de conectar la escuela con su entorno. Pero algunos de los recelos tomarán tintes más ideológicos y con la consolidación del nacionalsocialismo, en abril de 1933, la Gestapo entrará en la escuela para registrala, precintarla y detener a algunos de los estudiantes. Ante las condiciones inaceptables que el nuevo orden impondrá a los profesores, éstos decidieron disolver la Bauhaus el 20 de julio de 1933.

En el curso de esta década y media de trayectoria, uno de los episodios más representativos de la dinámica de la Bauhaus fueron, por tanto, sus fiestas. Las celebraciones eran entendidas como un elemento pedagógico que fomentara el trabajo en equipo y aliviara las tensiones internas. Estas actividades envolvían a todo el centro durante semanas en la preparación y diseño de carteles, invitaciones, decorados, disfraces... Como suele pasar siempre, las fiestas empezaron como simples recitales de poesía y acabaron convirtiéndose en la seña de identidad más compleja y representativa del espírtiu del centro.

Compañeros del metal

Un ejemplo de todo ello es la «Fiesta del Metal», celebrada el 9 de febrero de 1929. Terminó con profesores y alumnos deslizándose por un tobogán chapado de hojalata, bajo la luz de los focos reflejada en bolas plateadas. Había una escalera en la que cada escalón producía un sonido diferente, que llevaba a la tómbola donde podían ganarse sillas de acero, cuencos de níquel, lámparas de aluminio o pasteles con un glaseado metálico. Evidentemente, todo era fruto de los diseños de los alumnos. Un modo divertido de poner los proyectos en práctica.

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