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El párroco de El Espinar, primer sacerdote que adopta un niño en España

Actualizado 29/05/2002 - 22:24:17
El cura párroco de El Espinar (Segovia), Valentín Bravo Fernández, ha conseguido superar los trámites legales para adoptar oficialmente al niño bielorruso Aleksey Gromico, de ocho años, que llegó a esta localidad dentro de un programa de acogida familiar.
Valentín Bravo, de 48 años, no da importancia al hecho de que pueda tratarse del primer sacerdote que adopta a un niño en España, a la vez que ha reconocido en declaraciones a Efe que el obispo de Segovia, Luis Gutiérrez, es conocedor del asunto "y está de acuerdo en todo, aparte de que el Derecho Canónico no impide la adopción". 
Hace dos años, el sacerdote decidió acoger a un niño integrado en un grupo de unos 50 chavales, principalmente afectados por el accidente de la central nuclear de Chernobil, que eran repartidos entre familias de la zona, lo que formaba parte de un trabajo pastoral.
El sacerdote recuerda que Aleksey Gromico, a quien todos conocen ahora por el nombre de Alosa, "era un niño muy complicado, no tenía familia, había ido de orfanato en orfanato y no sabía lo que era un beso, aparte de que no había ido al colegio en sus seis años de vida". Bravo, que ha recibido la ayuda de muchas personas, como los profesores del colegio, consiguió de las autoridades bielorrusas un permiso de un año para que Alosa pudiera ser atendido en un centro hospitalario de un problema de estrabismo lateral y convergente, estancia que pudo prolongar por otro año más.
De una relación inicial difícil todo fue convirtiéndose en "una experiencia gratificante", según el párroco, quien añade que "el niño entendió que las personas podían querer, por lo que las relaciones pasaron de la agresión al afecto", aparte de que aprendió castellano con mucha facilidad.
Por eso, el sacerdote se planteó ampliar el plazo de estancia del chico, por razones de estudio, viajando a Bielorrusia, en mayo de 2001, donde contactó con el Centro Nacional de Adopciones, mientras que una de dos familias españolas que habían adoptado niños bielorrusos le explicaron todos los pasos que habían seguido.
Entretanto, en España mantuvo contactos con Asuntos Sociales y con la Junta de Castilla y León, que informaron favorablemente la adopción internacional; lo mismo que ocurrió en Bielorrusia, donde un juzgado dictaminó sentencia favorable, el 25 de abril pasado, después de algún viaje más a este país de la antigua Unión Soviética y de un interminable
papeleo. 
Valentín Bravo asegura que, ahora, Alosa "habla mucho, quiere conocer su historia, no tiene traumas, necesitaba mucho cariño, sabe todo el proceso que hemos seguido, sabe que soy cura, pero para él yo soy su padre, está feliz". Como cualquier otro niño de El Espinar, que tiene 6.044 habitantes, Alosa va al colegio y juega con sus amigos, aunque
por las tardes recibe a una profesora de apoyo, "con una gran capacidad de relacionarse con la gente", afirma Bravo quien subraya que el chico "no querría volver a su país, de ninguna manera; se considera español, porque ha tenido una infancia terrible, sin padre y con una madre alcohólica".
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