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Un edén al sur de Europa

«Estuve de vacaciones en Granada y en Málaga, y me enamoré del país. Decidí vivir aquí». Andy Johnson llegó a Madrid con 24 años y algo de equipaje en la mochila. No conocía a nadie. Encontró una

Actualizado 27/08/2006 - 08:27:20
«Estuve de vacaciones en Granada y en Málaga, y me enamoré del país. Decidí vivir aquí». Andy Johnson llegó a Madrid con 24 años y algo de equipaje en la mochila. No conocía a nadie. Encontró una academia donde le prepararon para enseñar inglés y no tardó en conseguir un empleo como profesor. Hoy, después de tres años, no quiere marcharse. Trabaja en una publicación en inglés dirigida a angloparlantes que viven en España y «están interesados en la cultura española y quieren integrarse».
Andy tiene la nacionalidad del cuarto grupo de inmigrantes más numeroso en España, pero es el retrato de su rostro menos conocido. La mayoría de los 274.042 ingleses empadronados en el país en enero de 2006 son bastante más mayores que él. El 52 por ciento de los residentes británicos han superado la barrera de los 50 años y más de la mitad de ellos tienen entre 55 y 70. Su perfil es el del jubilado que elige la costa y el sol como paraíso saludable de su retiro dorado.
El estilo de vida español también atrae a los que aún están en edad de trabajar, sobre todo a los maduros: la cuota por edades sobre el total de los residentes aumenta a partir de los 35 años. «Trabajan sobre todo en inmobiliarias, como contables o profesores, pero no sólo de inglés», asegura Andy. Las empresas prefieren a gente que hable muy bien inglés, comenta. A veces se trata con personas que sólo hablan este idioma y es más fácil así hacer negocios. Más de 57.000 británicos estaban dados de alta en la Seguridad Social el pasado junio. Suponen el 20 por ciento del total de los residentes. De ellos, más de 23.000 son autónomos. En la costa, abundan los negocios regentados por británicos.
En cuanto al trabajo más accesible para los jóvenes recién llegados, Andy no duda: profesor de inglés. Es el camino que eligió Gareth. A los 29 años abandonó Gales para aprender castellano. De eso, hace algo más de un año. En un castellano que todavía tropieza, explica que había estudiado francés y pensaba, algún día, recorrer América Latina. Al principio, encontró trabajo con niños y luego en una academia. Dice que conoce a mucha gente que, en Inglaterra, habla de cambiar su vida y emigrar, pero que no lo hacen. Se conforman con leer alguna de las revistas o ver alguno de los programas de televisión que hablan sobre la vida y las viviendas en España. En la misma academia, trabaja Gary. Desde el principio tuvo claro que su carrera estaba en España. Los estudios motivaron su primera visita, al principio, un tanto extraña. «El primer día que llegué, nevó». Él divide a los británicos que vienen a vivir a España en dos grupos: los jubilados que quieren vivir aquí por el sol y la gente joven que quiere aprender español y vivir la noche. Cuenta que su vida aquí es una mezcla de españoles e ingleses.
El club de las damas
Las asociaciones de británicos proliferan en España. De cricket, filosofía, escritores... «El «Drinking club» es muy popular», afirma Andy Johnson. Está formado por gente que organiza y participa en carreras y luego se queda para tomar unas copas. Otro de esos clubes con presencia en España es el de damas. «Durante la II Guerra Mundial se crearon muchas asociaciones de mujeres porque los hombres estaban en el frente». Meriendas con té y charlas. Una tradición que sigue, adaptándose a los nuevos tiempos.
Sheila Holmes es la presidenta de la «British Ladies Association» española. Tiene 79 años y, de ellos, cuarenta, los ha pasado en España. Su marido era ingeniero en una empresa multinacional y cuando le trasladaron a España, vino con él. «Al principio, aquí faltaban muchas cosas. El país ha cambiado mucho». A diferencia de la mayoría de sus compatriotas, este matrimonio no ha elegido la costa como lugar de residencia habitual. «Tenemos un piso en Calpe y parece que está en Bélgica o en Inglaterra. Es difícil hablar castellano. La mayoría es valenciano, inglés o alemán».
El levante, destino preferido
La costa mediterránea gana por goleada en cuanto a preferencias. La Comunidad Valenciana es el destino elegido por más de un tercio de los británicos residentes. De los 105.000 ingleses empadronados allí, más de 95.000 viven en Alicante, la provincia con mayor densidad de británicos en relación con la población total. Andalucía es la segunda comunidad preferida, seguida, a gran distancia, por Canarias, Baleares y Cataluña. Madrid ocupa el octavo lugar, detrás de Murcia. Según un estudio de la escuela de negocios IESE, de la Universidad de Navarra, Murcia y Almería se consolidan como los destinos que más atraen al 66 por ciento de los ingleses que optan por España a la hora de comprar una segunda residencia. La provincia andaluza ha experimentado un aumento en el precio de la vivienda un 16 por ciento mayor a la media nacional.
Andy Johnson conoce el levante español. «Hay pueblos que son exactamente iguales a mi pueblo natal pero cerca del mar. Hay tiendas, y los letreros están en inglés, como en los pueblos británicos». En muchas zonas los restaurantes redactan exclusivamente en inglés o en alemán sus menús, proliferan los campos de cricket, los bares de estilo inglés o las tiendas de intercambio de libros usados en inglés. Algunos estudios hablan de funerarias especializadas en el reenvío a sus lugares de origen de los ancianos extranjeros fallecidos en las zonas costeras.
«A ellos no les interesa aprender castellano o vivir como en España. Es una pena cambiar tu país sólo por el sol», afirma Gareth. Un estudio europeo en el que participa la Universidad de Alicante afirma que en España se destaca como país de la Unión en el que ejerce menos presión para que los emigrantes comunitarios aprendan la lengua local. El informe apunta como motivos la edad: los más mayores son menos proclives a aprender la lengua del país de acogida y los británicos son, junto con los alemanes residentes en nuestro país, los inmigrantes intracomunitarios más mayores. En el estudio, ha colaborado Oscar Santacreu, sociólogo investigador del Observatorio Europeo de Tendencias Sociales. Santacreu afirma que, de media, el 36 por ciento de los ingleses residentes han estudiado en la Universidad y el 20 por ciento tienen la calificación necesaria para acceder a estudios universitarios. El nivel educativo más alto lo presentan aquellos que vienen a trabajar. Sin embargo, en los británicos que se han mudado a la costa en los últimos años, el equipo de Santacreu detectado un descenso en el nivel educativo. Este descenso ha sido paralelo a la disminución del poder adquisitivo de los nuevos inmigrantes.
De clase media
Silvia, responsable en la oficina de residentes de Calpe, coincide. «El nivel adquisitivo no es muy alto, pero sí desahogado. Los que vienen aquí se lo pueden permitir, buscar trabajo y establecerse». Algo parecido opina Andy Johnsonrespecto de los jóvenes que vienen a España. «Son de clase media, con dinero, aunque no mucho. Tienes que ahorrar antes de venir». El inglés, salvo si es joven, emigra en familia. «Vienen de vacaciones, les gusta, viene el marido y luego toda la familia», opina Sheila.
En el futuro, España puede dejar de ser el país más atractivo para los británicos. El informe del IESE apunta como causas la ampliación de la Unión Europea, el incremento de los precios en España y el desarrollo turístico de otros países. El estudio apunta a Francia, Florida, Portugal, Italia y Croacia. Andy afirma que, ahora, Bulgaria es muy popular y Gareth, que suenan muchos los nombres de Grecia, Polonia y la República Checa.
Gary, Gareth, Sheila y Andy no cambiarán de país. De España, les gusta todo. Sólo objetan que los salarios son más bajos. «Es un balance. Cambias salario por calidad de vida», juzga Andy, sentado a la mesa de un bar irlandés con una cerveza en la mano. Afirma que aquí, la tradicional rivalidad entre irlandeses y británicos, parecida a la de catalanes y madrileños, se olvida.
En el paraíso, todo es posible.
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