BARCELONA. Acaba de cumplir 81 años y el aniversario coincide con una exposición en la que ha vertido los colores de su arte intuitivo. Es «Big Bang», ocehnta óleos sobre tela que pueden contemplarse estos días en el monasterio de Sant Cugat y que se complementa, hasta el 28 de septiembre con una selección de obras sobre papel en la Casa Aymat (Villà, 68).
Jaume Muxart ha alcanzado la máxima temperatura en su fusión expresiva. Estos cuadros parecen resumiruna trayectoria que ha transitado por la figuración, el cubismo, el expresionismo y la abstracción; una admiración que bebió en Velázquez, Van Gogh, Picasso y Rothko.
La obsesión del color
Está obsesionado por el color antes que por la línea, por el sentimiento antes que por la razón... pero el artista de Martorell es metódico y la música de Mozartconduce su pincel por la tela. En sus cuadros, la técnica y el sentido del equilibrio sostienen el aparente caos de los colores,siempre supeditados a la variabilidad de su mundo interior. Como tantos artistas, Muxart pasó por París y en Roma donde conoció el color y a quien sería su esposa, la también pintora Roser Agell. Hace veinte años se doctoraba en la Facultat de Belles Arts y en su ingreso en la Acadèmia de Belles Arts de Sant Jordi en 1991 pronunció un discurso que era una apología del instinto.
El año pasado el pintor cumplió ochenta años y quiso retornar al origen de la vidacon este «Big Bang» en el que la luz lo puede todo. Aquella exposición inaugurada en su ciudad natal, Martorell, seguiría la itinerancia de los astros. En el últimos lustro, Muxart se ha enfrentado al magma: lo hizo entre 1998 y 2000 con la montaña de Montserrat como tótem de una génesis geológica y ahora sigue investigando en los cromatismos más exacerbados de la ignición astral. De su pintura ha dicho Jorge Wagensberg que «intuye sin necesidad de comprender». Y la intuición es el gran activo de Jaume Muxart.
Una capacidad fundir realidades físicas y percepciones personales. Siguiendo a Kandisnky, la naturaleza como partitura.



