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Bieito vuelve al Liceu

HOY y el miércoles tiene la ocasión de regalarse una función de teatro de alto voltaje. El niño terrible del teatro contemporáneo español, Calixto Bieito, que se ha labrado un prestigio sobre la base

Actualizado 27/07/2008 - 10:01:40
HOY y el miércoles tiene la ocasión de regalarse una función de teatro de alto voltaje. El niño terrible del teatro contemporáneo español, Calixto Bieito, que se ha labrado un prestigio sobre la base de espantar a los burgueses como uno, hace rato que llegó al género operístico para quedarse. Su particular visión del «Don Giovanni» mozartiano ha regresado al Gran Teatre del Liceu.
Le digo que no se lo pierda porque el espectáculo vale la pena. Porque a Bieito la dirección del Liceu le ha adelantado su regalo de Reyes al convocar un reparto no de lujo, sino de campanillas: un puñado de cantantes excelsos que, además, sienten el lenguaje teatral como algo propio. Bieito ha conseguido, de la mano de Ángeles Blancas, Kyle Ketelsen, Simon Keenlyside y Véronique Gens, que su esperpéntico retrato del burlador trasladado a una Barcelona del siglo XXI, tome cuerpo, se crezca, beba del realismo más puro y haga que el público se quede pegado a la silla con un gesto de espanto grabado en la cara. Porque si en las primeras escenas el espectador sonríe ante tanta chorrada que funciona dramáticamente y se acopla a la música, poco a poco el discurso comienza a subir de temperatura, haciendo que la sonrisa estúpida y complaciente del operófilo escandalizado se congele ante el espanto de esta caída libre que protagoniza este Juan de los suburbios. Cuando las voces del más allá se confunden en el imaginario de Bieito con el sopor de las drogas, cuando incluso Leporello oye voces después de haberse metido de todo, la cosa cambia de giro. Bienvenidos al horror...
No es sino Donna Anna quien mueve los hilos de la venganza; su rabia, sus celos y su despecho son superiores al lamento de la pérdida del padre, atrocidad que ella camufla en su doble moral y en sus lágrimas de cocodrilo. Donna Elvira, enamorada hasta la médula, acepta lo que sea con tal de estar cerca de Juan, quien no es otro que un chulo aprovechador y sin prejuicios que piensa con la entrepierna y que se entrega por entero a los placeres sin importarle a quien se lleve por delante. Su colega, el ya citado Leporello, le es fiel sólo por unos gramos de droga y lo sigue de cerca en esta caída en picado. Bieito deja bastante libertad a los intérpretes, quienes buscan en la música de Mozart algún resorte dramatúrgico que justifique sus acciones, como cuando una imponente Ángeles Blancas transforma su coloratura en gemidos de placer mientras es penetrada o cuando Simon Keenlyside se ofatea los dedos bañados de olor a hembra. Si no fuera por lo repetitivo de los «Leitmoven» bieitianos, este «Don Giovanni» no tendría tanto de ese «dejà vu» que despiertan unos personajes y unas historias que parecen provenir de sus otras obras. ¿Qué pasaría si Bieito mantuviera a estos personajes pero ambientándolos en la época original de la ópera?
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