TEXTO: J. PAGOLA
MADRID. «Se está vaciando de contenido el Estatuto, vosotros veréis lo que hacéis». Este es el mensaje que el entonces presidente del PNV, Xabier Arzalluz, trasladó a dos dirigentes de ETA-pm durante una reunión clandestina mantenida en el sur de Francia el 20 de agosto de 1981. En aquellas fechas, los «polimilis» afrontaban un debate interno acerca de si proseguir con la tregua anunciada meses atrás o, por el contrario, reanudar la actividad terrorista para presionar al Gobierno.
Para entonces, los interlocutores de Arzalluz habían desmantelado la UCD del País Vasco, con el asesinato de varios de sus dirigentes, y, entre otros muchos crímenes, el 29 de julio de 1979 sembraron de bombas el aeropuero de Barajas y las estaciones de Atocha y Chamartín, con el resultado de siete muertos y numerosos heridos.
En aquel encuentro, Arzalluz hizo un análisis «catastrofista» de la situación, según denunciarían años después algunos dirigentes «polimilis» que optaron por la reinserción. Así, el presidente del PNV sostuvo ante los terroristas que «se ha vaciado de contenido el estatuto». «Nosotros -añadió- nos vamos a enfrentar a la LOAPA, a vosotros os toca luego». De acuerdo con el testimonio de los ex etarras Joseba Aulestia, Juan Manuel Goiburu, José María Lara Fernández y Fernando López Castillo, los argumentos esgrimidos por el líder nacionalista en aquella reunión clandestina «fueron profusamente utilizados por los partidarios de romper la tregua y reanudar la actividad armada».
En efecto, un mes después, los días 19 y 20 de septiembre, se reunió el «comité ejecutivo» de ETA-pm para decidir el regreso a las armas.
Así, en un comunicado difundido ese mismo mes anunciaba el reinicio del terror «para golpear allí donde más les duele, hasta conseguir la retirada de todos los obstáculos que pretenden oponer a la autonomía de Euskadi». ¿Los dirigentes de ETA-pm habían interpretado las palabras de Arzalluz como una invitación a meter presión al Gobierno? Según el testimonio de los dirigentes reinsertados, sí. El caso es que los «polimilis», espoleados por los supuestos recortes a la autonomía del País Vasco, fueron quienes en octubre de 1983 secuestraron y asesinaron al capitán de farmacia Alberto Martín Barrios -el primer «Miguel Ángel Blanco»-. Uno de los interlocutores de Xabier Arzalluz en aquella cita clandestina, Txutxo Abrisketa, está relacionado con aquel crimen ejecutado a cámara lenta, a plazos, con máxima alevosía.
Derrota no deseada
Años después, en otra reunión clandestina mantenida en 1990, Arzalluz transmitió a Batasuna que el PNV no sólo no deseaba la derrota de ETA, sino que ponía los medios para que ello no sucediera. ¿Por qué? Porque comparten fines y objetivos. Mensaje que queda nítidamente descrito en la frase pronunciada por el dirigente nacionalista en aquel encuentro. «En una revolución, unos sacuden el árbol -ETA- pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros -los nacionalistas- las recogen para repartirlas». Una frase que tiene su traducción: en el llamado «conflicto vasco», unos asesinan y otros se aprovechan para lograr objetivos políticos. Quizá por ello Xabier Arzalluz comentó a sus interlocutores de HB que el PNV no quería la derrota de ETA y, por ello, ponía freno a la actuación de la Ertzaintza para que, dentro de lo que fuera posible, no capturara «comandos».
Tal vez porque no querían la derrota de ETA, delegaciones del PNV y del propio Gobierno vasco, entonces presidido por Carlos Garaikoetxea, se trasladaron a París en el verano de 1985, en un intento de evitar que las autoridades francesas procedieran a las primeras extradiciones de pistoleros de la banda y abrieran con ello la vía de la cooperación internacional, letal para los terroristas.