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De los pasajeros que no quisieron estrellar su avión contra la Casa Blanca

FESTIVAL DE CINE DE CANNESE. RODRÍGUEZ MARCHANTEENVIADO ESPECIALCANNES. De los cuatro aviones que se estrellaron el 11 de septiembre de 2001 en lo que ha sido el mayor atentado terrorista de la

Actualizado 27/05/2006 - 02:56:21
AFP  Gerard Depardieu besa a Cecile de France, ayer en Cannes
AFP Gerard Depardieu besa a Cecile de France, ayer en Cannes
FESTIVAL DE CINE DE CANNES
E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
ENVIADO ESPECIAL
CANNES. De los cuatro aviones que se estrellaron el 11 de septiembre de 2001 en lo que ha sido el mayor atentado terrorista de la historia, uno de ellos no hizo diana: los pasajeros pudieron en el último momento desbaratar los planes de los cuatro terroristas que pretendían hacerlo estallar contra la Casa Blanca; hubo una violenta y desesperada rebelión comandada por unos cuantos, redujeron a tres de ellos y llegaron a entrar a la cabina donde el otro pilotaba ya como un demente para estrellarlo donde fuera... El director británico Paul Greengrass (director de «Domingo sangriento» y guionista de la memorable «Omagh») hace una recreación en presente de indicativo de aquellos momentos y el resultado es sumamente impactante.
«United 93», que participa en el festival fuera de concurso, reparte su tiempo y sus intenciones entre el interior de ese vuelo trágico y entre el caos y el embotamiento de la central de control de vuelos, en realidad un símbolo de lo que fueron los Estados Unidos, desde su presidente hasta el último ciudadano, durante unos aturdidos minutos. Tal vez resulte una película prevista y descompensada, pues se sabe el desenlace y que fue en una operación rápida e improvisada... Lo cual no le quita al espectador dos sensaciones: la de confusión, un inmenso lío general en un país con dos torres ardiendo, el Pentágono destrozado, más de cuatro mil aviones en vuelo, todos desorientados y algunos perdidos, y la sensación de estar sufriendo un ataque de medidas insospechadas. La segunda sensación era más personal: sólo congoja. Paul Greengrass no fuerza la presión emocional más allá de lo justo, es decir, está hecha con sobriedad, ni tampoco exprime limones en los credos, idearios o radicalismos que podrían relacionarse con ese y otros atentados terroristas. Confusión y congoja, además de una lectura inequívoca de fortaleza frente al terrorismo. Lo cual, o tal vez por ello, no le impedirá a Greengrass verse acorralado por no darle salida a otras versiones extraoficiales, como la de que unos cazas invisibles, pero vistos, derribaron el avión cuando se dirigía a la Casa Blanca.
Y con esta película «conmocionante» y conmovedora, casi se nos escapa vivo Gerard Depardieu, que hace uno de esos papelones cargados de peso dramático en «Quand j´etais chanteur», película a concurso cuya única arma para ganar algo es precisamente ese personaje, un cantante de bailongo de hotel, entrado en años y en carnes, que lleva uno de esos bolsos «mariconeritas» colgados de la muñeca, que es un viejo seductor y un pronto seducido... Ideal para que Depardieu se luzca y le dé algo de «chance» al director, Xavier Giannoli.
Cine francés y el palmarés
El cine francés (francés, francés, porque medio francesas son casi por ley todas las películas que vienen aquí, incluida la de Almodóvar, coproducida por Francia) no parece que este año pueda tener mucho sitio en el palmarés; o sea que tal vez se decida que repita premio Depardieu, quien ya lo ganó por su Cyrano, para el cual, si recuerdan, tuvieron que quitarle algo de nariz. Y también se proyectó dentro de la competición una película portuguesa titulada «Juventude em marcha», de Pedro Costa. La gente salía a borbotones, como si alguien hubiera dado un aviso de bomba. Dos horas y media de planos largos y que se repiten de cuando en cuando, con uno o dos personajes dentro de él que dicen un texto que no lo puede haber escrito nadie en su sano juicio. Aunque parecía una broma de mal gusto, no lo era.
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