
EFE Jordi Gracia, el ganador
BARCELONA. Debajo de toda etapa de oscuridad existen algunos destellos de
luz. Jordi Gracia con «La resistencia silenciosa» ha querido mostrar el subsuelo intelectual que bullía en las entrañas del franquismo y por ello ha sido galardonado con el XXXII Premio Anagrama de ensayo y los seis mil euros que seotorgan al ganador.
El ensayo quiere dibujar la historia española sin caer en las medias verdades ni en las versiones amputadas, tampoco la intención de Gracia era dar respuestas a las preguntas ya hechas, sino inventar de nuevas. Muchas son las voces intelectuales que vivieron en primera persona la dictadura española, como Ortega y Gasset, Josep Pla, Juan Ramón Jiménez o Gonzalo Torrente Ballester, pero la forma en que cada uno de ellos reaccionó a esta situación es, en algunos casos, totalmente opuesta.
También es indudable que estos mismos personajes han ido nutriendo con sus obras a los a los autores de hoy y por lo tanto en ellos se encuentran las raíces del presente, motivación que ha llevado a Jordi Gracia a escribir este libro. La mirada del autor se dirige hacia un uso racional de la lengua, por eso considera como eje central de su obra «el mostrar de qué manera se recuperó el lenguaje de la tradición liberal española ante el virus del fascismo», pues, según añadió el premiado, había que «recuperar la honestidad de la lengua, porque una lengua que es siempre una manipulación y más la pública».
Los intelectuales de la época
Jordi Gracia tuvo claro desde el principio que había que explicar el camino que siguieron los intelectuales de la época tras el triunfo franquista y dar luz a un discurso que se mantuvo latente pero en silencio, lejos de «los discursos políticos, del NODO, de la prensa o del gobierno que era ideológico. Había que volver a una lengua que designara limpiamente».
Un camino que descubre los orígenes de España adentrándose en los recovecos de los años 30 y 40, las penurias de los exiliados y el rebrote de la tradición liberal, porqueJordi Gracia está convencido de que «vale la pena ver de qué manera afecta a los más jóvenes y como los que formaron la falange cultural fascista modifican sus convicciones».
Esa desintoxicación y esa voluntad de mirar hacia la Europa de la década de los 50 se desarrolla en «La resistencia silenciosa», conformando una España dividida que renacería con lainstauración de la democracia. «Un cierto nivel de complicidad colectiva», según Gracia, unió a los intelectuales liberales del momento hacia «una progresiva consolidación del sentimiento que poco a poco fue consolidando un sentimiento de modernidad».En otro bando se situaron Eugeni d´Ors, Pio Baroja, Azorín o Gregorio Marrañón con fuertes vínculos con el franquismo y más adelante formando parte de la resistencia, «fueron víctimas de su propia elección», según Gracia. Mientras que Aranguren, Cela o Ballester se aferraban a un movimiento totalitario que tenía los días contados. «Este no es un libro de figuras», dijo su autor, a pesar que confesó su pasión por Ridruejo por lo que él califica de un «fascista honrado», ya que Jordi Gracia reconoce sentirse atraído por una historia cde una persona con fuertes lazos fascistas y poco a poco se va desligando de esas ideas y reconoce su equivocación. Aunque «el peor del libro es Marañón, que da un poco de verguenza, porque en los 50 aún continuaba ligado a la imagen franquista», admite Gracia.
El duelo final por este premio se lo disputaron Jordi Gracia y Rafael del Águila, que quedó como finalista con «Sócrates furioso: el pensador y la ciudad», un libro que demuestra cómo la falacia socrática (nunca un bien puede proceder del mal, ni viceversa) pervive actualmente en el discurso intelectual. Jorge Herralde, director de la editorial Anagrama, argumentó la decisión del jurado, compuesto por Salvador Clotas, Román Gubern, Xavier Rubert de Ventós, Fernando Savater, Vicente Verdú y el mismo editor de la firma, «ambas responden a una imaginación crítica antes que ha trabajos eruditos» y alabó a «La resistencia silenciosa» por poseer «entusiasmo, imaginación al relatar un periodo cultural de la historia de España sugestivo y polémico».



