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Los «cachorros» de Becerril salen reforzados con la entrada en la Ejecutiva de Adolfo Suárez Illana

Actualizado 27/01/2002 - 00:04:40
Dirigentes del «clan de Becerril», en la comida que celebraron ayer. De izquierda a derecha, Alejandro Agag, Adolfo Suárez, Sigfrido Herráez, Alejandro Ballestero, Ramón Moreno y Ricardo Tarno. En primer plano, Susana Camarero. Javier Prieto
Dirigentes del «clan de Becerril», en la comida que celebraron ayer. De izquierda a derecha, Alejandro Agag, Adolfo Suárez, Sigfrido Herráez, Alejandro Ballestero, Ramón Moreno y Ricardo Tarno. En primer plano, Susana Camarero. Javier Prieto
El hijo del primer presidente del Gobierno de la democracia, abogado de profesión y no tan joven (nació en 1964), ha decidido entregar a Aznar la codiciada herencia del espíritu de la UCD sintetizado en su apellido. Aunque su adscripción al Partido Popular llega en un momento que inspira pocas sospechas, porque el PP ya logró desprenderse hace tiempo de las fauces del dóberman a los ojos de la opinión pública. Además, el fichaje de Suárez Jr., gestado en el seno del denominado «grupo de Becerril», viene avalado por una actitud que erradica cualquier sospecha de oportunismo: ha declarado repetidamente -ayer mismo en ABC- que está dispuesto a hacer política -«patriotismo constitucional»- en el País Vasco.
Distribuidos en dos niveles claramente diferenciados -«Nuevas Generaciones», los alevines, y quienes ya se han «jubilado» de esta organización y ocupan cargos públicos-, los «cachorros» son satélites que giran alrededor del «sol» Aznar sin que los planetas intermedios (la dicotomía Arenas-Cascos) hagan mella en sus órbitas. Precisamente, fueron las ya institucionalizadas Jornadas de Becerril alentadas por Alejandro Agag las que les proporcionaron el camino más corto -la línea recta- hasta el presidente del Gobierno. El XIV Congreso está demostrando que, de momento, la polvareda prenupcial levantada por el compromiso del bullicioso dirigente popular con Ana Aznar no está enturbiando su ascendente carrera política: de ayudante de Aznar en Moncloa al Parlamento Europeo y la secretaría general del PPE, con sólo treinta y un años. Y ahora renueva como miembro del comité ejecutivo del PP.
La comida que ayer reunió a algunos de estos jóvenes dirigentes no respondió, tal y como se había llegado a decir, a la intención de ofrecer a Agag «un homenaje por su boda». De hecho, fue una «cita de hermandad» más de las que celebra este grupo con cierta frecuencia. A la mesa se sentaron (además de Agag, Suárez Illana y la última revelación, Jorge Moragas, recién nombrado responsable de Relaciones Internacionales del partido), parlamentarios nacionales (Alejandro Ballestero, Ramón Moreno, Juanma Moreno, Sandra Moneo, Tomás Burgos, Conrado Escobar, Susana Camarero), una selecta representación de altos cargos (Gerardo Camps, Juan Costa, José Ignacio Echániz, Sigfrido Herráez), la jefa de gabinete del secretario de Estado de Política Territorial, Lucía Figar, y los presidentes del PP en Extremadura y Sevilla, Carlos Floriano y Ricardo Tarno.
PODER TERRITORIAL
Los diputados y presidentes territoriales son capítulo específico, porque desdibujan el latente «centralismo» madrileño del grupo. La burgalesa Sandra Moneo compagina su escaño con la presidencia de Mujeres para la Democracia, una entidad que antes han encabezado figuras de peso como Teófila Martínez o Isabel Tocino. Su sólida carrera viene avalada por el apoyo de Gabriel Cisneros, una de las cabezas de mayor talla intelectual del PP. Otro puntal es Alejandro Ballestero, diputado por Toledo (estrecho colaborador de Rafael Hernando) quien ostenta la portavocía de la Comisión de Control de RTVE y capea con cintura los clamores de la oposición contra la manipulación de los telediarios.
No estaba presente, sin embargo, la cara joven «oficial» del Partido Popular, Mari Carmen Fúnez, actual presidenta de Nuevas Generaciones. Todos estos «futuribles», directamente arropados por José María Aznar, quien valora y estima su trabajo, son la avanzadilla del famoso «debate de ideas» en el que, pretendidamente, se ha fundado el Congreso.
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