MIGUEL OLIVER
MADRID. Un grupo empresarial formado por seis compañías de jets privados y una selección de sus más distinguidos clientes ha encargado un estudio para conocer qué viabilidad tendría la construcción de un nuevo aeropuerto en la Comunidad de Madrid. La razón de este encargo es bien sencilla: el aeródromo de Torrejón se ha quedado pequeño y buscan una solución para acabar con los continuos retrasos que sufren al tener que compartir la pista con aviones militares.
La situación se ha convertido, prácticamente, en insostenible. Hace ya unos años que la aviación de negocios se trasladó de Barajas a Torrejón, debido a las obras de construcción de la tercera pista en el gran aeropuerto. Durante un tiempo, la convivencia entre los jets privados y la aviación militar fue muy llevadera. Pero la participación de nuestro país en los últimos conflictos bélicos ha convertido a Torrejón en un aeródromo prácticamente «tomado» por los cazas y los aviones de combate.
Resulta que este tipo de aviación tiene preferencia en sus maniobras, lo que provoca que los jets privados, que en la mayoría de casos suelen transportar a importantes hombres de negocios con prisas, tienen que esperar en la pista hasta tres horas. No es de extrañar, por lo tanto, que estas compañías y sus clientes hayan dicho basta. Si algo no soportan perder los grandes empresarios es, precisamente, eso: tiempo.
Pocas alternativas
Por eso, desde hace algún tiempo, están pensando en una alternativa a Torrejón. Pero las que existen ahora en Madrid no convencen: en el nuevo Barajas ya no hay sitio; Cuatro Vientos se encuentra en fase de demolición; y el aeródromo de Getafe, según los expertos, también tiene fecha de caducidad.
Por eso hace unos meses encargaron a una consultora aérea la elaboración de un informe para levantar un nuevo aeródromo en la región que pueda dedicarse exclusivamente a la realización de este tipo de vuelos. La inversión para construir el nuevo aeropuerto sería privada, y estaría cifrada en 323 millones de euros.
El encargo se realizó a Aeromar, consultora de transporte aéreo. José María Espinosa, su director general, considera que el nuevo aeropuerto «responde a una necesidad social muy importante». «Vendría a convertirse -apunta- en un cajón de sastre de toda aquella aviación privada que no encuentra un hueco en los aeródromos de Madrid; además se convertiría en una alternativa para solucionar el déficit de tráfico aéreo de la Comunidad».
El informe, al que ha tenido acceso a ABC, recomienda la zona del sur de la región como localización más idónea. Concretamente en un triángulo imaginario cuyos tres vértices (ver ilustración) serían Navalcarnero, Getafe y la carretera de Extremadura, en su límite con la provincia de Toledo.
El nuevo aeropuerto tendría una superficie mínima de 600 hectáreas. Eso sería al principio. En un futuro, una vez que ya estuviera en funcionamiento, el aeródromo experimentaría una ampliación para alcanzar las 1.000 hectáreas.
El proyecto recoge la construcción de una pista, una terminal de pasajeros, otra de carga, una torre de control, así como otras zonas de seguridad y viraje, y de mantenimiento de las aeronaves. Las obras, en caso de contar con todos los permisos políticos y urbanísticos, podrían comenzar en 2008. El plazo de ejecución sería de dos años. Su ampliación, sin embargo, no comenzaría hasta 2012 y concluiría en 2016.
La pista planeada en la fase inicial no sería menor de 2.700 metros de longitud y 45 metros de anchura, con márgenes o arcenes de 7,5 metros. Además, deberá tener una zona de parada en cada cabecera de no menos de 75 metros, así como una zona libre de obstáculos (de altura mayor de 15 metros) de otros 180 metros.
Terminal de pasajeros
La terminal de pasajeros será de dos plantas, siendo la superior la de las salidas. Ésta contará con dos vestíbulos, uno de pre-embarque con diez mostradores, y otro de embarque, que tendrá ocho puertas.
En la planta baja se localizarán las llegadas, con una nave de 1.500 metros cuadrados de entrada y salida de equipajes y con dos salas de tres cintas de equipajes cada una. También aquí tendrán cabida las oficinas, mostradores de alquiler de coches, información turística y cafeterías.
La torre de control, por su parte, tendrá cuatro plantas. La última se destinará al control de tránsito aéreo. La tercera albergará la biblioteca y archivo; la segunda será una zona de descanso para el personal, mientras que la primera tendría los equipos informáticos, de grabación de voz y datos, y el centro de emisores.