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Un ataque cardíaco se lleva por sorpresa a James Brown, el «padrino del soul»

El cantante James Brown, que regaló al soul y al rhythm & blues, varios de sus primeros éxitos mundiales mediada la década de los cincuenta, murió en la madrugada del domingo al lunes a consecuencia

Actualizado 26/12/2006 - 08:22:43
El cantante James Brown, que regaló al soul y al rhythm & blues, varios de sus primeros éxitos mundiales mediada la década de los cincuenta, murió en la madrugada del domingo al lunes a consecuencia de un infarto cardíaco masivo. Frank Copsidas, representante de Intrigue Music, y Charles Bobbit, amigo del cantante, hicieron pública la noticia con un breve comunicado: «James Brown falleció temprano esta mañana en el Hospital Crawford Long en Atlanta de un fallo cardíaco congestivo, resultado de una neumonía». Contaba, según los propios cálculos del cantante, 73 años de edad, y su muerte ha sorprendido incluso a sus más allegados, ya que se encontraba en plena gira norteamericana. Mañana y el jueves debía actuar en Connecticut y Nueva Jersey, y tenía previstos dos conciertos en Nueva York el día 31 de diciembre.
El sur geográfico de EE.UU., el soul y James Brown se convierten en una trinidad musical indisoluble. No es ninguna exageración, ya que está fuera de toda duda que, junto con el reggae, el soul ha sido la cadencia posterior al rock de más amplia difusión mundial, dejando su impronta en casi todas las culturas musicales negras y blancas; desde las creaciones pop de los grupos occidentales, hasta el high life o el makossa africanos. Conviene, sin embargo, no perder de vista que James Brown, antes de sus éxitos de los años 60, ya tenía una riquísima y variada vida musical previa en los mundos del gospel y el rock and roll.
Nacido en Barnwell, Carolina del Sur, el 3 de mayo de 1928, según la documentación de los juzgados, Brown argumentó siempre que el lugar de su nacimiento había sido, en realidad, Macon, Georgia, y situaba, además, el acontecimiento cinco años después. Creció en un entorno de pobreza extrema y, con sólo 16 años, ingresó en el reformatorio a causa de un robo. Por fortuna, el cantante Bobby Byrd, sorprendido ante sus carbonizantes y atractivas arengas, decidió acogerle en su grupo, The Gospel Starlighters, en el que Brown se desarrolló profesionalmente. Poco después, en 1955, al frente ya de su propio grupo, los Famous Flames, creados un año antes, James Brown grababa su primer single, «Please, please, please». Así abrazaba el universo del rhythm & blues, que ya jamás abandonaría.
«Live at the Apollo», grabado en 1962, es posiblemente el mejor álbum editado por Brown, que, ya entonces, y junto con Ray Charles, inauguraba las calles y las avenidas del proteínico preparado sonoro del soul. En plena lucha por los derechos civiles, Brown, después de haber hecho carrera cantando black pop, rock and roll y gospel en la década anterior, estaba entrando en la historia de la música popular contemporánea como el gran cantante de la América Negra. Y encadenaba un éxito tras otro en las listas de ventas: «Prisoner of love» (1963), «The unbeatable James Brown» (1964), «I got you-I feel good» (1966), «Soul Brother nº 1» (1966)... De entonces datan los sobrenombres de Mr. Dinamita Brown, El Padrino del Soul, New Super Heavy Funk, James Butane Brown o Mr. Please, Please, Please. Hasta una docena de sobrenombres listan los libros especializados.
Héroe musical y social
Convertido en un auténtico héroe musical y social para la afición negra, Brown no eludió revisar en años sucesivos los catálogos de la canción de repertorio, abundar en el funk y el rhythm & blues, o coquetear con el jazz. Y respecto de este último caso, vale la pena recordar el magnífico trabajo de arreglos que realizó Oliver Nelson en el disco «Soul on top», donde hay contribuciones instrumentales de verdadera enjundia en los saxos tenores de Ernie Watts y Buddy Collette, en el contrabajo de Ray Brown y en la batería de Louie Bellson. James Brown ya era entonces una referencia ineludible para cualquier músico popular que se preciase, y esa capacidad para influir permaneció incólume en casi todos sus aspectos durante mucho tiempo. Baste pensar que el hipnotismo repetitivo que caracteriza la rítmica de sus composiciones fue admirado por Miles Davis, y reproducido en las carreras de varios de los músicos que formaron en sus grupos; desde Fred Wesley a Bootsy Collins, sin olvidar desde luego a Maceo Parker que, junto al primero, es responsable del nacimiento de los King´s Men.
En los últimos años, James Brown vivía, por así decirlo, de las rentas. La pasada década contempla alguna que otra prolongada estancia en la cárcel -sobre todo porque así lo quiso un juez de su país, condenándole a seis años de prisión debido a la acumulación de varios delitos, entre ellos posesión de narcóticos y malos tratos a su esposa- y algunas giras de conciertos por todo el mundo. España fue agraciada en tres o cuatro ocasiones con algunas de estas visitas. Demasiado mayor para mantener posiciones en el duro negocio musical, Brown «gritaba» en estos últimos conciertos algunos de sus grandes éxitos -«I feel good» o «Sex machine»- y una banda excelente hacía sus intervenciones solistas hasta alcanzar el clímax adecuado. Lo alcanzaban. El paroxismo era de tal envergadura que siempre se cumplía aquello de «Decir James Brown es decir fiesta y diversión». De la capilla al prostíbulo, del purgatorio del soul al hipnótico nirvana del funk. Así eran sus conciertos. Así fue él. La muerte se lleva a una pieza seminal en la historia de la música negra contemporánea.
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