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El sueño americano, en crisis

¿Qué ocurre si eres Tom Henderson y te has tirado más de veinte años trabajando en una fábrica, propiciando la degeneración de cada parte insustituible de tu cuerpo a fin de alcanzar el sueño

Actualizado 26/10/2008 - 10:36:15
¿Qué ocurre si eres Tom Henderson y te has tirado más de veinte años trabajando en una fábrica, propiciando la degeneración de cada parte insustituible de tu cuerpo a fin de alcanzar el sueño americano, aunque sólo para descubrir al final que el manto de bondad estaba rasgado?». Son palabras incrustadas en un libro tan desolador como certero, «Crónicas de la América profunda», de un escritor de raza llamado Joe Bageant, quien recalca páginas después: «El brutal modo en que los trabajadores más laboriosos de América fueron históricamente forzados a interiorizar los valores de los gánsters capitalistas es algo que a la izquierda se le escapa, y salvo contadas excepciones la izquierda tampoco entiende nada acerca de cómo este sistema político y económico ha machacado a golpe de martillo hasta la humanidad misma de los trabajadores corrientes». Buena parte de esa masa de trabajadores blancos empobrecidos, pero patriotas, que desdeñan los sindicatos y tachaban los subsidios sociales y la sanidad universal como «socialismo» fueron los que contribuyeron a la doble victoria de Bush. La crisis los está castigando como al que más. De su comportamiento el 4 de noviembre depende que la victoria se incline del lado de Obama o de John McCain. Para Bageant, «gran parte de la lucha por recuperar el espíritu de América consiste en sanar las almas de estos americanos y hacer que despierten de esa superabundancia de artículos de consumo y espectáculos que los idiotiza. Consiste en asegurarse de que rechacen la tortura como una actividad propia de "héroes" y dejen de pensar que los bebés deformados por el uranio empobrecido son solamente "el precio de la libertad"». Por eso acaso resulte pertinente volver a preguntar por lo que queda de ese espíritu, del famoso sueño americano.
Estadounidense nacido en Berlín en 1966, piloto de guerra reconvertido en piloto civil, casado con la artista española afincada en Nueva York Gema Álava Crisóstomo, Michael Gallagher da una contundente respuesta a la pregunta de qué queda del sueño americano cuando tantas familias de clase media se las ven y se las desean para no caer en la inseguridad y la miseria: «El sueño americano significa cosas distintas para gente diferente. En el sentido de que supone tener en gran estima la libertad individual y la posibilidad de alcanzar el éxito sobre la base del esfuerzo personal, mi respuesta es que sí: el sueño sigue vivo y demostrará que no ha dejado de formar parte de nuestra existencia». Pero ante los desafíos a los que se enfrenta EE.UU. (una economía a punto de entrar en profunda recesión, una «trágicamente mal dirigida» guerra, una política exterior que ha aisladoal país, una arcaica política energética, una educación y sistema sanitarios necesitados de radicales reformas...), Gallagher piensa que el panorama «no puede sino calificarse de tragedia nacional». Aunque confía en que los votantes lancen en noviembre un mensaje claro: «Afortunadamente hay un candidato que cuenta con la visión necesaria para hacer frente a una tarea monumental». Obama.
Incredulidad
Bette Lawler, nacida en Trenton, Nueva Jersey, en 1956, directora de operaciones del Instituto Americano de Ingenieros Químicos, está «preocupada por el sueño americano en muchos frentes, como el de que si trabajas duro podrás salir adelante y conseguir lo necesario para ti y tu familia». Algo que ahora le resulta cada vez más difícil de creer. Le preocupa que «si EE.UU. es un lugar donde no se puede ser musulmán, donde no se pueden tener diferentes puntos de vista, donde si no llevas un pin con la bandera no amas a tu patria, donde está bien mentir acerca de la guerra mientras centenares de miles de personas mueren, donde no está bien visto compartir la riqueza de los ricos con los pobres... quizás si el sueño es definido así mejor sería que se esfumara».
«Viniendo de América Latina, el dramatismo de la pregunta me parece fuera de lugar, casi absurdo. A este país le queda mucho por hundirse para que podamos empezar a hablar de miseria, y si ese fuera el caso yo no me preocuparía tanto por el destino del sueño americano como por la situación de caos político y guerra que se extendería por el resto del mundo. ¿Hace falta recordar que las exportaciones de China, India y la mayor parte del Tercer Mundo están sostenidas por el consumo estadounidense?», se pregunta a su vez Claudio Iván Remeseira, nacido en Buenos Aires en 1960 y vecino de Nueva York desde 2001, director del Hispanic New York Project de la Universidad de Columbia.
«A pesar de la nubes negras que nos envuelvan en esta temporada, soy bastante optimista sobre el futuro del sueño americano», dice Jonathan Brown, nacido en Springfield, Massachusetts, en 1939, y profesor de Historia del Arte, un amante de la pintura española. «A mi edad, he visto ya varias crisis económicas en este país. Cuando me trasladé desdelos claustros silenciosos de la Universidad de Princeton a la ruidosa calle 78 de Nueva York en 1973 (sede del Institute of Fine Arts), pasábamos una crisis muy fuerte. De hecho, el presidente de nuestro patronato, el venerable financiero John L. Loeb, me comentó que la situación era peor que en 1929.Pero sobrevivimos. Sí sería peligroso el triunfo de McCain en las elecciones. Un cóctel de 8 partes de Bush y cuatro más de McCain y Palin mataría el sueño americano para la clase media ypara todos los habitantes del país».
Para David Rosas, ecuatoriano de Quito, donde nació en 1978, con nueve años en Nueva York y empleado en un garaje, «el sueño americano está vinculado a la clase media porque es la única forma en que se puede hacer realidad. Si esa clase media acaba cayendo en la inseguridad y la miseria el sueño americano terminaría siendo sólo un sueño».
«Yo creo que la idea del sueño americano todavía existe. A pesar de la crisis, hay opciones, porque es un mercado de riesgo donde hay ciclos altos y bajos. Al menos comparado con los paises de donde venimos, las opciones son mucho más claras incluso en medio de una crisis», asegura Juan Carlos L. Albarrán, nacido en La Habana en 1971, profesor de estudios latinoamericanos en laMiami University de Oxford, Ohio.
Para la partera peruana Eugenia Montesinos, tras 20 años en «los States», la respuesta es un resonante no: «El sueño americano está muerto en un país donde todos estamos frustrados, asustados y hartos de esta situación en la que nos ha metido el gobierno. ¡Qué desastre! Siento como si viviera en un país del Tercer Mundo donde la inflación sube cada día. La comida, el gas, y un futuro incierto... ¿Qué voy a hacer con mis hijos, que están listos para ir a la universidad? No podemos pagarla. Son tiempos aterradores».
«Al llegar a los Estados Unidos, hace casi diez años, mi estatus salarial me ubicaba entre la clase media. Bajo las condiciones financieras actuales, mi condición es de clase pobre alta», escribe Clara María Montesino, nacida en Cuba y licenciada en Bioquímica, que se dedica a la investigación biomédica en Nueva York: «Siento una profunda frustración ante el sistema democrático representativo y me siento cada día menos integrada socialmente. A menudo me pregunto si valió la pena perseguir el sueño americano. Mi sueño consistía en la búsqueda de un hogar tranquilo, educación y estabilidad para mi hija. Todo eso hoy está en la punta de una aguja. Además, el precio es alto. Hoy vivimos solas o solo vivimos para sobrevivir. Mi familia está en Cuba, y a pesar del contacto siento que ahora les extraño más que nunca».
Quien enseñó primero inglés a la hija de Clara, como a muchos otros niños llegados de decenas de países sin hablar una palabra de inglés, fue una maestra de «inglés como segunda lengua». Judy Geller-Marlowe, nacida en Brooklyn en 1949, considera que «el sueño americano le está haciendo descarrilar la recesión financiera. Estos tiempos turbulentos anuncian que los sueños de comprarse una vivienda o jubilarse se desvanecerán».
Una gran mentira
«El sueño americano es una gran mentira y por eso no tiene mucho sentido preguntarse si está llegando a su fin, dado que nunca ha existido», asegura el profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) José Luis Madrigal, especializado en los clásicos españoles, nacido en Madrid en 1957 y residente en EE.UU. desde hace más de 20 años. «El sueño fue un eslogan acuñado en los años treinta durante la depresión por algún listillo para ilusionar al personal. Porque ¿qué es en definitiva el sueño americano? ¿Un matrimonio feliz que se compra una casa con jardín y que tiene dinero suficiente para enviar a sus hijos a una gran universidad? Ciertamente este sueño particular de bienes materiales se da con más frecuencia en los Estados Unidos que en otros sitios, pero eso no quiere decir que esté al alcance de todos y ni siquiera de una mayoría. Ni ahora ni hace veinte ni hace sesenta años... No nos engañemos. El contrato de la sociedad americana con sus miembros es trabajar a destajo -diez, doce horas al día- por un salario que permita satisfacer las necesidades primarias y quizá, si hay suerte, tener un remanente para educación y ocio. Y casi siempre sin la protección social que existe enEuropa. Capitalismo crudo».
Para Isaías Lerner, también profesor de la City University of New York, cuando se dice sueño americano le gustaría saber si se refiere a la propaganda gubernamental, una familia, con una casa, dos niños, con un automóvil... «Todo eso está ahora en quiebra... El fracaso de la revolución Reagan está llegando al último suspiro. El sueño americano que nos propuso el capitalismo sin regulaciones es una mentira». Nacido en Buenos Aires en 1932, halló en EE.UU. refugio de los «milicos» argentinos. Sostiene Lerner que «si llega a ganar el partido demócrata ciertos aspectos de lo que fue el "new deal" van a volver a ponerse en marcha, porque ha quedado mucha gente desamparada».
Su mujer, Lía Schwartz, también profesora de CUNY y también enamorada de los clásicos españoles, nacida en Corrientes en 1941, señala que «the American dream fue una especie de entelequia que duró poco tiempo. Hablar del sueño americano significa hablar de los años de prosperidad que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. El "new deal", que fue el instrumento de Roosevelt para detener el avance de ideologías de izquierdas, contentar a la gente antes de que se metieran en una revolución socialista. Estamos al final de un ciclo de capitalismo puro y duro alimentado por ideologías neoconservadoras que han terminado con el sueño americano».
Elecciones de vida o muerte
«Hoy día queda muy poco del llamado sueño americano. Esto se debe al nefasto e incompetente gobierno de los últimos ocho años... Las oportunidades de progreso continúan evaporándose, la educación va de mal en peor y la diferencia entre clases sociales, entre los que tienen más y los que no tienen, sigue aumentando. Las elecciones del 4 de noviembre son de vida o muerte para el futuro de los Estados Unidos». Son palabras del directorRené Buch, nacido en Santiago de Cuba en 1925. Lleva desde 1949 en Estados Unidos, y desde 1952 en Nueva York, donde dirige el teatro Repertorio Español.
«Como canadiense nacido en 1941, sólo me convertí en ciudadano estadounidense en 1951, cuando mi familia se instaló en Alaska», dice John Bennet, ex miembro del Departamento de Estado. «Sin embargo, he pasado la mayor parte de mi vida, y virtualmente toda mi vida laboral, trabajando fuera de Estados Unidos al servicio del gobierno, sobre todo en el Tercer Mundo y lugares conflictivos. Un aspecto sorprendente de los americanos es su optimismo, incluso cuando se enfrentan a tiempos difíciles como los que acabamos de inaugurar con recesión económica. La enseñanza que cabría extraer es que quienquiera que sea el que gane la Casa Blanca, y prevalezca en el Senado y en la Cámara de Representantes, es que vea con claridad que lo que hagamos esté en consonancia con la comunidad internacional. Actuar solos, como hemos podido comprobar a lo largo de los últimos ocho años, sencillamente no funciona».
Consumimos, no fabricamos
Que sea sin embargo el Joe Bageant autor de «Crónicas de la América profunda» quien diga la última palabra: «La realidad es que nuestra economía actual consiste en tener en danza permanentemente 250 millones de vehículos dando vueltas por ahí, de casa al curro y del curro a la zona comercial, y sus ocupantes comiendo todo el día pollo frito. No fabricamos casi nada. Nos limitamos a consumir un petróleo cada vez más escaso en barrios urbanizados cada vez más extensos y alejados de los lugares de trabajo, y que van construyéndose con el dinero de las hipotecas prestadas a gente que no tiene la menor idea de lo que está ocurriendo». Un sueño americano, quizás una pesadilla.
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