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El Reina Sofía acoge una exposición dedicada a Antonio Tàpies

Actualizado 26/10/2004 - 18:01:08
Los "objetos hechos con tierras" de Antoni Tápies inundan con su impactante presencia los espacios de la Sala Nouvel del Museo Reina Sofía, que acogen la exposición dedicada al artista catalán con motivo de la concesión del Premio Velázquez de las Artes Plásticas 2003.

Cuarenta y seis esculturas, junto a 17 papeles de gran formato emparentados temáticamente con el resto de piezas realizadas desde los años 80 hasta la actualidad, permiten acercarse a una faceta poco conocida de uno de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX y uno de los españoles más reconocidos internacionalmente.

La coincidencia con la antológica que el MACBA ha organizado este año y el hecho de que ya con anterioridad, en 1990 y 2000, el Reina Sofía dedicara amplias exposiciones a Tápies (Barcelona,1923), con una obra pictórica muy presente en este museo, llevó a la comisaría de la exposición, que esta tarde inaugurará la Infanta Cristina, a mostrar "algo distinto", afirmó Ana Beristain.

Estas obras, sin embargo, no constituyen una novedad en la forma de trabajar del Tapies, quien recordó hoy que desde muy temprano trabajó con la materia, "desde mis inicios quise transformar la concepción clásica del cuadro-ventana y transformarlo en un cuadro-objeto, y al hacerlo ya calculo que es algo volumétrico, de tres dimensiones, como muchas de las esculturas que están aquí".

Las huellas de cruces, letras, números, nombres que forman parte del universo del artista aparecen en unas obras de aspecto macizo y tosco en las que dominan objetos cotidianos, como sillas, puertas, libros, camas, así como partes del cuerpo humano, como cabezas, cráneos, piernas, torsos, pies, que según Ana Beristain "no sólo son trozos del cuerpo, sino trozos del alma".

Esta representación de lo cotidiano, de lo común responde a una "pequeña filosofía que me he ido haciendo con los años y que no es muy original. Se trata de estimular que la gente vea con mucho respeto cualquier cosa de la vida, no solamente los grandes hechos o las grandes retóricas, sino que la profundidad de la conciencia, del espíritu, puede estar en las cosas más pequeñas y banales", comentó Tápies tras recorrer la exposición, con cuyo resultado dijo estar "muy satisfecho, era un misterio para mi. Me ha gustado mucho el espacio, con una luz cenital que va muy bien a la escultura".

Amable, genial, cercano y sin perder la sonrisa, Tápies mostró, a sus 81 años, una vitalidad que se traduce en obras en las que sigue trabajando "principalmente en verano". Aunque dice ser un estudioso del trabajo de los artistas actuales, cuando entra en su estudio y se encuentra delante de una tela en blanco "me olvido de todo y me dejo llevar por mi instinto.

No tengo programas estudiados, es puramente lo que me inspira. Yo soy el primer espectador de mis obras y también puedo juzgar si va bien o no va bien la cosa". Sobre sus "objetos hechos con tierras", recordó que la utilización de la "tierra chamote" se la sugirió Eduardo Chillida, cuando estaba trabajando en un taller cerca de Niza "me llamó por teléfono y me dijo: he descubierto un material que tu podrías trabajar y me animó a ir a trabajar con él. Es esta tierra chamotada", hecha con una parte de tierra normal y otra parte con los desperdicios de la misma cerámica ya cocida y machacada.

"Le agradecí mucho la sugerencia a Chillida", artista al que, afirma Tápies, "siempre le tuve mucho cariño. Fue de los pocos que han elogiado mi escultura. En general los escultores son celosos de que un pintor se meta a hacer escultura, siempre te miran un poco de reojo. En cambio, Eduardo me dijo que aunque sólo hubiera hecho dos piezas ya se veía que tenía dotes de escultor, cosa que me satisfizo mucho".

Sus esculturas no representan ninguna ruptura "ni ningún cambio especial, son una continuación normal en mi trabajo, en mi deseo de hacer las cosas corpóreas. Mis materias son más conocidas que mis tierras, pero estas también forman parte de mi lenguaje", señaló Tápies que dice sentirse muy a gusto en la tridemensionalidad en la que le sitúan sus objetos.

"En la pintura clásica se ha abusado mucho de la perspectiva, de hacer una cosas que en realidad es falsa, porque la realidad no es así. Siempre me ha gustado hacer un cuadro-objeto en el que la magia estuviera en todo, incluso en sus bordes", afirmó el artista.

La inauguración de la muestra, que permanecerá abierta hasta el 17 de enero, "hace que el día de hoy sea un día de fiesta en el Reina Sofía", según su directora Ana Martínez de Aguilar, quien mostró su "enorme satisfacción por presentar una exposición singular, dedicada a uno de los maestros más importantes y con mayor proyección".
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