El Gobierno de Estados Unidos ha decidido expandir de forma significativa sus incursiones militares de carácter secreto en una serie de países musulmanes como Irán, Arabia Saudí y Somalia. Misiones que implican el despliegue de pequeños grupos de comandos con el fin de reunir información para posibles ofensivas, actuar contra grupos terroristas y establecer lazos con posibles aliados locales.
Esta decisión, según los detalles ofrecidos por el «New York Times», se ha visto plasmada en una orden de siete páginas que el pasado 30 de septiembre firmó el general David Petraeus. Este reconocido oficial del Pentágono, como actual jefe del Comando Central, con base en Florida, supervisa una zona del mundo especialmente decisiva para la seguridad de Estados Unidos, que abarca Oriente Próximo, Asia central y el cuerno de África.
La directiva secreta -originalmente conocida con el nombre clave de «avocado» (aguacate)- no llegaría a dar luz verde para el uso de la fuerza en países específicos pero permitiría, por ejemplo, realizar misiones de reconocimiento dentro de Irán para facilitar un eventual ataque militar en caso de que no se prospere una solución diplomática al pulso nuclear planteado por el régimen integrista de Teherán. En cualquier caso, estas nuevas órdenes con esfuerzos descritos como «sistemáticos y a largo plazo» van más allá de las acciones puntuales autorizadas por la Administración Bush.
No depender de la CIA
Desde un punto de vista institucional, este mayor énfasis en misiones militares secretas estaría vinculado al énfasis asumido por el Pentágono en los últimos años para superar su dependencia de la CIA y otras agencias de espionaje en aquellos países donde Estados Unidos carece de una activa presencia de efectivos militares. Entre los objetivos de la nueva directiva se cita la construcción de redes que puedan «penetrar, desbaratar, derrotar o destruir» grupos terroristas como Al Qaida. Y también «preparar el ambiente» para futuras operaciones militares a mayor escala.
Con todo, algunos altos cargos del Departamento de Defensa no están dejando de advertir sobre los riesgos asociados a estas misiones secretas. Desde su impacto negativo en las relaciones amistosas con países como Arabia Saudí o Yemen a facilitar argumentos de incitación a naciones hostiles como Irán o Siria. Además de la problemática eventualidad de que militares de Estados Unidos sean detenidos y acusados de espionaje, sin poder beneficiarse de las protecciones internacionales reconocidas por la Convención de Ginebra.



