(Jefa del Departamento de Numismática. Museo Arqueológico Nacional)
Entre las piezas más significativas de la numismática española moderna destacan los reales de a ocho, un múltiplo del real, la moneda de plata castellana creada en el siglo XIV por Pedro I (1350-1369) que, emitido sin interrupción durante siglos, se convirtió en la unidad de plata del sistema monetario español hasta el siglo XIX.
El real de a ocho, acuñado desde mediados del siglo XVI fue, sin duda, la moneda más internacional que ha tenido España. Respondía al modelo del táler, moneda gruesa de plata acuñada en los países centroeuropeos desde finales del siglo XV. El peso de esta pieza se equiparó en América al valor de un peso de oro, por lo que desde entonces comenzó a llamarse peso.
La calidad de su plata, obtenida en las minas americanas, y el enorme volumen con el que se acuñó, hicieron que esta moneda fuera la más aceptada en todos los mercados internacionales durante la Edad Moderna. Gracias a su gran prestigio fue el principal valor utilizado para los grandes pagos y las operaciones financieras en las que, por primera vez, se iban a ver implicados los tres continentes -Europa, América y Asia-. Estas monedas circulaban ampliamente no sólo en España y en Europa, sino que llegaban en grandes cantidades a Filipinas, el gran mercado de comercio de Asia, en los galeones que desde 1565 hasta 1813, hacían la ruta Acapulco-Manila, y regresaban llevando las costosas porcelanas y sedas de China, junto con las especias y otros artículos de lujo de la India, con destino a los mercados americanos y europeos.
Durante el siglo XVIII el real de a ocho circuló también en las colonias americanas no españolas, donde era conocido como dólar -denominación que procedía del táler de plata centroeuropeo- y, con el tiempo, ésta fue la moneda que físicamente dio origen al dólar americano.