
Kabaivanska, en el Teatro Real. EFE
MADRID. Raina Kabaivanska viene a Madrid a decir adiós a un personaje tan importante en su carrera como Tosca. La elección del Real no ha sido por azar. Meditó bien el gesto. «Después de 47 años de carrera nunca he actuado con frialdad, con cinismo, con distancia. Me siento emocionalmente involucrada en todo. Cuando me despedí de Tosca en Parma, en el que se consideró el adiós oficial, insistieron para volver a despedirla en Roma, en Verona... en no sé cuántos sitios, y respondí que no me parecía justo. Con un adiós ya es suficiente, como hice hace seis años con Butterfly». Todo cambió tras el delirio que desencadenó su recital del pasado año en el mismo escenario. «Cuando vine a cantar ese concierto a Madrid, me emocionó sentir un afecto y una estima que nunca antes había sentido. Y cuando Emilio Sagi me propuso hacer en el Real mi última Tosca, acepté el reto.... » Al llegar a este punto, sonríe entre pícara y maliciosa para añadir algo más que pesó en su decisión. «Dicen que Magda Olivero, a la que me siento muy unida, cantó su última Tosca con 68 años, y yo quiero batir ese récord».
Aunque se la conoce como especialmente dotada para las óperas veristas por esa vis escénica que le ha acompañado a lo largo de su carrera, tiene claro que antes se deja convencer por un director musical que por un regista. «En cierta ocasión cantaba «La Forza del destino» en la Ópera de París, donde aún estaba Liebermann -recuerda-. Los trabajadores del teatro se habían declarado en huelga, y él me preguntó. ¿Cantaría sin decorados? Le contesté: a mí me basta con un traje, una luz... y el Maestro Karajan. Porque la música es verdaderamente todo, sin importar qué adornos se le pongan». La elección del nombre no fue casual, a pesar de que sus relaciones funcionasen en cierto momento de acuerdo con los cánones del encuentro-desencuentro. «Por encima de todo, para mí es el director que ha marcado nuestra época; nuestro siglo».
Sobre la decisión de retirarse a una determinada edad o la elección sistemática de un repertorio adecuado, Kabaivanska asegura que «con una buena técnica, se puede cantar todo. Pero entonces, aparece el factor personaje -matiza- y no me parece justo que yo deba interpretar a Tosca con 69 años, y menos a Butterfly, que en la historia debe tener 15. Estoy estableciendo un juicio fundamentalmente ético, porque, después de 40 años de carrera, la voz forzosamente no puede ser joven». Después de este regalo al Real, sería de esperar otra sorpresa para el Liceo. La duda la resuelve con gracia y aplomo. «Mi relación con el Liceo,donde he trabajado muy poco, tiene algo de chocante. Recuerdo una «Forza del destino» triunfal, con Bergonzi: un acontecimiento histórico del que queda testimonio en disco. Tardaron quince años en ofrecerme una «Manon Lescaut» y no hice nada más. Tal vez un concierto, pero no lo tengo muy claro. Asíque, bromeando, después de mi última aparición les dije: «En 15 años nos volvemos a ver»».



