sábado, 21 de noviembre de 2009
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Discrepan dos maestros, a saber: Francisco Umbral y Amando de Miguel, acerca del nombre que se debe dar a los miembros, más o menos habituales, de una tertulia

26-1-2002 01:55:25

Discrepan dos maestros, a saber: Francisco Umbral y Amando de Miguel, acerca del nombre que se debe dar a los miembros, más o menos habituales, de una tertulia. Umbral defiende el uso de la palabra «contertulio» y por el contrario Amando de Miguel aboga por el de «tertuliano», y trae en su apoyo algunas citas del Diccionario de Autoridades, una de ellas en verso. «Y entraron los Tertulianos, rigidísimos jueces, que sedientos de Aganipe, se enjuagan pero no beben». Aclara Amando que Aganipe es la fuente donde beben las musas, y viene bien la aclaración porque los jóvenes ingenios de hoy habrán pensado, si han leído los versos, que Aganipe es la marca de una litrona. No revela, en cambio, el nombre del autor, que es Luis de Ulloa.

El lugar donde entran los Tertulianos es sin duda un teatro, y a la galería en la que se sentaban esos tertulianos se llamó tertulia, así que tiene razón Amando de Miguel cuando dice que tertuliano es anterior a tertulia, y que ésta se deriva de aquel y no al revés. Por aquel tiempo, siglo XVII adelante, se llamaba tertulianos a los que se congregaban a hablar y a discutir, y el nombre les viene seguramente por la costumbre de citar opiniones y frases de Tertuliano, Quinto Septimio Tertuliano, hijo de un centurión y converso de juicios terribles, azote de gobernadores romanos en su libro Apologeticum. Todo este discurso etimológico parece muy razonable.

Además, antes de que aparecieran los tertulianos, el lugar alto del teatro donde se sentaban las gentes de letras y los clérigos, críticos severos e inclementes de las obras que se representaban y de sus autores, los harotecglen de aquella época, o sea, los imitadores de Tertuliano, se llamó desván. Luego, el desván fue el lugar donde se almacenan objetos en desuso y cachivaches inútiles. O sea, los harotecglen de desecho. El idioma también es un pañuelo. Se ve que todo esto de las tertulias gira alrededor del teatro. Hay otros versos de Quiñones de Benavente, citados por Corominas: «Déjame, mosquetería (...), ¿qué me quieren los poetas?, ¿qué me aflige la tertulia?, ¿qué me quiere la cazuela?». Los tres vocablos, mosquetería, tertulia y cazuela, son términos teatrales. Mosquetería es el lugar donde veía la comedia la gente de pie, sin asiento. Tertulia, ya se ha dicho que es la galería alta, el desván. Y la cazuela es el lugar frente al escenario donde las mujeres ven la comedia.

Pero las cosas no son así de sencillas. Porque hay filólogos ilustres que apadrinan la voz tertulios en perjuicio de tertulianos, y llaman así «a los que sin haber cursado por destino las Facultades, con su mucho ingenio y alguna aplicación suelen hacer, no en vano, muy buen juicio de todo». Es Corominas quien recoge esta frase del Padre Diego Calleja, escrita a finales del XVII. Si el Padre Calleja escuchara algunas tertulias radiofónicas de hoy, tal vez moderara el elogio. Aquí te querría yo ver, escopeta. Según estos filólogos, tertulio vendría de ter Tullius, tres Tulios, o sea, tres veces Cicerón, y así quedan definidos irónicamente los sabihondos que de todo opinan aunque poco sepan.

Pero, bueno, ¿quién tiene razón aquí, Umbral con su contertulio o Amando de Miguel con su tertuliano? En cuestiones de semántica imaginativa, yo le daría la razón a Umbral, y en las de filología científica a Amando de Miguel. Pero he aquí la sabia opinión de Corominas, que yo pongo sobre mi cabeza: «Tertuliano, hoy, va quedando desusado en beneficio de tertulio o más bien contertulio». O sea, que Umbral está al loro. Además, a muchos habituales iletrados de nuestras tertulias les va más la ironía de los tres cicerones que la sabiduría del severísimo Padre de la Iglesia.

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