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Hernia discal Operar o no operar, he ahí el dilema

Si alguno de los discos de su zona lumbar se ha dañado, espere antes de decidirse por la cirugía porque puede que el bisturí no sea siempre la mejor solución. El estudio más amplio que se ha realizado

Actualizado 25/11/2006 - 11:25:34
Si alguno de los discos de su zona lumbar se ha dañado, espere antes de decidirse por la cirugía porque puede que el bisturí no sea siempre la mejor solución. El estudio más amplio que se ha realizado sobre hernias de disco lumbares concluye que esperar puede ser la decisión más sabia. Su conclusión es que la cirugía pone fin al dolor con mayor rapidez, pero la mayoría de las personas terminan recuperándose, se operen o no.
La investigación publicada en JAMA, la revista de la Sociedad Médica Americana, se realizó en trece clínicas estadounidenses y con 472 pacientes a los que se les siguió controlando durante dos años. Las personas operadas vieron cómo el dolor desaparecía tras la cirugía, pero entre tres y seis meses, todos los pacientes confirmaban cierta mejoría, incluso los tratados con terapias conservadoras (antiinflamatorios, calmantes, rehabilitación...).
Después de dos años, el 70% de los pacientes de los dos grupos tuvieron «una gran mejoría» de sus síntomas. Ninguno de los que optaron por tratamientos conservadores experimentó consecuencias serias y tampoco quien se operó tuvo un resultado desastroso. Algunos cirujanos temían que al esperar el deterioro fuera mayor y se produjera un daño nervioso permanente que debilitara la pierna o incluso provocara una pérdida en el control de esfínteres. Este estudio muestra que se trata de miedos infundados. Por una vez en Medicina, el tiempo puede ser un gran aliado y no el principal enemigo.
La más frecuente
La hernia discal es la causa más frecuente de dolor de espalda. Y también uno de los problemas que plantea más dudas a quien lo sufre. El trastorno se produce cuando una parte o toda la porción central de un disco intervertebral (núcleo pulposo) se desplaza a través de una parte debilitada del disco.
Cuando comprime una terminación nerviosa, ocasiona molestias en la espalda y también en la pierna cuando el dolor de la zona lumbar se irradia al nervio ciático.
No solo puede ser muy dolorosa sino que puede alterar la fuerza, sensibilidad y control de los esfínteres. Además, es un trastorno muy frecuente, tanto que es responsable de 9 de cada 10 problemas de espalda. De ella no se libra ninguna edad. En adolescentes la causa más común son los traumatismos producidos en actividades deportivas y entre los adultos se producen tras un proceso degenerativo: la columna se deteriora porque el disco pierde agua, se daña y sale de su localización natural.
«Mala prensa»
Y cuando se produce ¿qué hacer? Traumatólogos y neurocirujanos saben que no todos los casos son candidatos a la cirugía. Antes de la publicación del estudio americano sabían que más del 90% de los pacientes se recupera con analgésicos y reposo o ejercicios de fortalecimiento de la espalda. Incluso un porcentaje de pacientes operados puede quedar aún con un cuadro de dolor. Esta es una de las razones por las que las operaciones de hernia discal tengan tan «mala prensa».
Francisco Villarejo, jefe de la Unidad de Neurocirugía de la Clínica La Luz y del Hospital Niño Jesús, de Madrid, reconoce la mala fama de estas intervenciones, -«quizá porque se ha operado más de la cuenta a personas que no lo necesitaban»-, pero no comparte las conclusiones del estudio. «El trabajo tiene valor, pero opino que tiene dos errores fundamentales: uno que no se opera con técnicas de microcirugía, más precisas, y porque se opera a pacientes con protrusiones discales (el disco intervertebral no ha salido aún del material gelatinoso que la recubre). Yo tengo una protrusión discal paso muy malos ratos, pero sé que no debo operarme», explica.
Cada paciente debe valorarse de forma individual, insiste. «Muchos mejorarán sin cirugía y con un tratamiento conservador que es siempre la misma opción. ¿Pero cómo le explicas a un paciente que está llorando de dolor, cuando los calmantes no funcionan, que es mejor que espere y no se opere?», pregunta.
Individualizar el tratamiento
Fernando Carceller, neurocirujano del Hospital La Paz de Madrid también coincide con su colega que se han hecho muchas intervenciones no indicadas. «El diagnóstico pormenorizado de la lesión es esencial. No es lo mismo la decisión en una persona joven, de edad intermedia, si el dolor procede de la articulación o hay ciática. La clave está en la individualizar el tratamiento», apunta.
Carceller reconoce también el valor del estudio americano aunque señala que empezó en el año 2000. «Desde entonces las técnicas quirúrgicas han evolucionado. Los neurocirujanos han aprendido a ser más conservadores e intentan mantener la mayoría de los discos, actuando en exclusiva sobre la compresión del nervio, o reduciendo el volumen central del disco. «Operamos con microscopio con técnicas de microcirugía v hemos avanzado mucho en el conocimiento de la columna vertebral y del disco en estos años. Pese a todo, la cirugía a veces no funciona y el dolor lumbar se mantiene en el 50% de los casos. Probablemente, porque son las articulaciones desgastadas las que causen el dolor», detalla Carceller.
Nadie empeoró
Las críticas de los neurocirujanos españoles no son las únicas. En la propia revista científica, David R. Flum escribe un comentario donde critica los cambios que hicieron los propios pacientes reclutados para la investigación. Algunos participantes asignados a la cirugía decidieron esperar y no operarse y viceversa. Lo que enturbia el estudio.
Aproximadamente el 40% de los pacientes asignados a cirugía decidieron al final no operarse, a menudo porque sus condiciones mejoraron mientras esperaban su turno de quirófano. En cambio, un tercio de los enfermos que decidieron esperar antes de la cirugía, su dolor fue tan intenso que prefirieron no dejar pasar más tiempo para buscar una solución efectiva.
Con sus defectos todos destacan el interés de una investigación de la que «se puede aprender mucho». El estudio fue financiado por el Gobierno estadounidense por lo que no hay ningún conflicto de interés. La mejor conclusión de este trabajo de investigación es que se decida el tratamiento que se decida, quirúrgico o no, nadie empeora.

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