TERESA GARRIDO
MADRID. Desde hace seis años, el domingo más próximo al 23 de agosto, la localidad zaragozana de Mara echa la vista atrás para recordar su pasado guerrero. Las calles del pueblo se engalanan y la plaza principal se transforma en un mentidero donde oriundos y extranjeros disfrutan juntos de la vida pública.
Mara es una pequeña localidad de 200 habitantes muy cercana a Calatayud que, año tras año, cuando llegan estas fechas, se transforma en la vetusta ciudad celtíbera de Segeda. En los tenderetes cubiertos de tela, los visitantes se entretienen con los manjares típicos. Un vaso de licor de hidramiel, un vaso de «sangre de caro» o un pedazo de pastel de queso con laurel, son suficientes para convencer al estómago y seguir con la caminata. Los guerreros más pequeños aprenden en el taller a elaborar cerámica y a escribir su nombre en celta. La gastronomía celtibérica vuelve a decorar los platos de la región: huesos rellenos de trucha, guiso de corzo a las hierbas silvestres o conejo con miel son algunas de las recetas que compiten en el Concurso de Gastronomía Celtibérica.
Artesanía e historia
Tatuarse con pigmentos naturales, manejar la moneda típica, conversar en la tahona o adquirir algunas fruslerías ornamentales completan el paseo por la Plaza de Mara. Los puestos rebosan de aperos artesanales, cuyos enseres recuerdan a las costumbres de la vieja Segeda. Las espadas y los cascos resucitan el ardor guerrero de los celtíberos. En esta VI Edición de la Vulcanalia, Mara celebra los 2.200 años del aniversario del primer enfrentamiento entre el ejército romano al mando de Nobilior y el ejército celtibérico de segedenses y numantinos al mando de Caro de Segeda. El resultado de esta primera batalla fue a favor de los celtíberos y desde entonces Roma declaró este día, en el que se celebraba la fiesta de Vulcano, como nefasto. Mañana la victoria de los segendeses volverá a recordarse en la localidad con la representación de la Vulcanalia. Con la ropa característica de la época y armados hasta los dientes, con todo el rigor histórico como aliciente, los segendeses por una jornada escenifican los días previos a la batalla. Los grupos de teatro de Segeda, Mara Celtibérica y Pingaliarain, serán los encargados de devolver el fragor al dios forjador del fuego, Vulcano. Vestidos con los escudos celtas se enfrentarán a las tropas romanas para hacerlas sucumbir en la batalla. Después de la guerra vino la celebración. Por eso, los sonidos más tradicionales vendrán de la mano del grupo de música celta Hambrest. Danzas, pitos y flautas harán sonar la música con la que celebrar que en algunas ocasiones David vence a Goliat y recordar nuevamente la victoria de los celtíberos de Segada frente al gran Imperio.



