
Este dibujo de Superlópez fue remitido ayer por Jan a ABC con una dedicatoria a sus lectores
El cómic, considerado en ocasiones como un subgénero literario destinado exclusivamente al público infantil, es una forma expresiva, convertida en industria en el siglo XX, en la que, a través de héroes, superhéroes y mundos paralelos, las ensoñaciones del hombre moderno adquirieron imagen y color sobre el papel.
La V edición del Salón del Cómic de La Coruña, «Viñetas desde el Atlántico», que se clausura hoy, ha estado dedicada a los dibujantes que han hecho la historia española de este género en el último cuarto de siglo. El barcelonés Jordi Bernet analizó allí el presente de la historieta en nuestro país. El creador de «Torpedo», el personaje más famoso del género negro dentro del cómic español, eleva sus quejas ante la dificultad que encuentra para competir dentro del mercado editorial con un producto apenas promocionado. «La gente tiene que acudir a establecimientos especializados, porque en las librerías normales no encuentran comics ni revistas», explica Bernet.
Las dificultades para la comercialización del tebeo son muchas. En España falta la cultura popular del cómic, tan viva en países como Francia o Italia. Para Bernet, «el cómic ha sido siempre un enfermo que nunca acaba de morirse»; siguen vendiéndose tebeos, a pesar de que no se les dé publicidad. Además, hoy en día, las historietas tienen que competir con infinidad de elementos de diversión, como los videojuegos o Internet. A pesar de todo, Bernet tiene fe en su profesión, «un trabajo complicado pero bonito, en tanto que una sola persona controla todo un proceso». En estos momentos, el catalán se vuelca con optimismo en sacar adelante la historieta de «Clara de noche», su personaje preferido y el que alcanza un gran éxito en toda Europa, Estados Unidos y Argentina.
Más optimista ante la situación actual del cómic se muestra Miguelanxo Prado. El dibujante gallego y director del Salón del Cómic considera que «nunca antes hubo tantos autores, ni tantas tendencias distintas de historietas, ni tanta variedad en el lenguaje narrativo y en la puesta en escena». Prado concreta que el cómic tiene en estos momentos una buena salud como medio de expresión, pero sigue enfrentándose a las dificultades del negocio editorial. Su fe en el mundo del tebeo le hace trabajar con tesón en la Feria coruñesa. El año pasado más de 65.000 personas se acercaron hasta las instalaciones de este Salón internacional. Y está previsto que la cifra se supere en esta edición.
Vivir del cómic
Guionista, crítico y técnico editorial. Todas estas facetas las desarrolla el catalán Antoni Guiral dentro del mundo del cómic. «Necesitamos una industria fuerte del tebeo en España, porque es necesario que los autores puedan vivir de su trabajo», entiende Guiral. También considera que la historieta goza de buena salud artística en este país, pero que la falta de apoyos editoriales obliga a muchos autores a publicar en otros países.
Hace casi cuatro años que Mique Beltrán dejó de hacer comics. Quien diera vida en los ochenta al personaje de Marco Antonio, protagonista de una de las mejores historietas infantiles que se han hecho en España, se ha pasado a la industria audiovisual. «Si no eres un dibujante muy rápido, con una producción de gran tirada, es muy difícil hacer una obra de la que se pueda vivir», reconoce Beltrán. El dibujante sabe que la industria no apoya al mundo del tebeo, con lo que los artistas tienen que buscarse la vida en la publicidad, en los dibujos animados o en el cine de animación.
Jaime Martín, autor de historietas como «Sangre de barrio», no augura buenas perspectivas para el cómic. Al contrario, «desaparecerá o se transformará en algo parecido a un videojuego». Martín estima que, en la actualidad, «hay una tendencia hacia lo heroico y divertido, dejando poco espacio para las historias de temática social»; reconoció, además, que los mayores problemas se les presentan a los creadores noveles.
El curso «El cómic: creación, lenguaje e industria» analizó en El Escorial este género así como las diferentes influencias que ha recibido de otros campos que se sustentan también de la imagen dibujada o fotográfica. Para el dibujante y guionista Carlos Pacheco, que ha disfrutado de contratos con las grandes editoriales (Marvel o DC), hay que separar la vitalidad de la historieta, como medio de expresión en sí mismo, y la vitalidad de la acción empresarial que la acompaña. «La vitalidad de la historieta sigue siendo tan fuerte como lo ha sido siempre. Quizá lo sea más que nunca, porque las nuevas generaciones de autores consideran, cada vez más, que la historieta es el vehículo perfecto para repetir todas las inquietudes culturales que tienen», afirma Pacheco. Según él, esos autores cuentan cada vez más con una formación más sólida. Por otro lado, el artista gaditano y dibujante de comics tan conocidos como «Los vengadores» o «Patrulla X», cree que la vitalidad de la industria del tebeo español está decreciendo: «Eso hace que la historieta se termine convirtiendo en un producto de un altísimo interés cultural, pero sin la relevancia social que tuvo en los años 60». Este balance, lejos de ser negativo, supone, tal y como aclaró Pacheco, «un beneficio de la propia historieta, porque la producción de las nuevas obras va a originar productos más personales y con más alto contenido cultural que el que se estaba apreciando hasta ahora».
Vaivenes del mercado
A la hora de evaluar las ventajas e inconvenientes que presenta el cómic para llegar al público, Carlos Pacheco destacó que, «como cualquier medio que necesita usar un intermediario empresarial, que escapa al autor, se ve sometido por los requerimientos y vaivenes de esa industria». Éste sería el perjuicio que supone el mercado para el cómic; sin embargo, Pacheco defiende que esa industria es necesaria, porque sin ella no podría establecerse la comunicación entre el autor y el lector. Fénomenos como Internet facilitarán, según el dibujante, que cada vez menos se precise de un intermediario. Mientras éste exista, «la historieta no podrá considerarse un arte puro, porque está supeditada a la modas y al intermediario que le dicta las reglas». Pacheco tiene claro que los dibujantes de cómic tienen que enfrentarse con productos más logrados, como las reproducciones cinematográficas. Esto hace que «la necesidad que tiene la viñeta de encontrar un contenido exclusivo sea perentoria. La mejor manera de sobrevivir es la de no competir. Un tebeo no puede competir con la imagen cinematográfica de Spiderman saltando por los rascacielos de Nueva York». Según Pacheco, otro de los problemas con los que se enfrenta el cómic hoy día es que no hay historieta para niños. «El público que queda es el que ha ido creciendo», explicó Pacheco.
Fidelidad entre los lectores
El dibujante y guionista británico Dave Gibbons, conocido internacionalmente por «Watchmen», empezó su trayectoria creativa con 5 ó 6 años, copiando series enteras de tebeos como «Superman». Desde entonces, Gibbons ha ido desarrollando lo que más le fascinó de niño, la capacidad de contar historias, uno de los mayores atributos que, según él, tiene el cómic. El dibujante de superhéroes como Superman o Batman nos explicó que antes, el cómic era un producto de consumo masivo. «Con la competición del cine, la televisión o los videojuegos, ha declinado mucho», afirma.
Pese a esta falta de afición, Gibbons advirtió que aquellos a los que les gustan los comics son muy fieles. «Sí hay, globalmente, una industria muy importante. El cambio que ha habido es que se tiende al intercambio». Gibbons pone como ejemplo el hecho de que a los europeos les llame mucho la atención el cómic del superhéroe americano, mientras que los americanos muestran interés por la gran cantidad de temas que se importan desde Europa. «Si a eso se le añade la afición que hay en Iberoamérica y que Japón es un punto de distribución mas


