Sociedad

I. Ruiz-Quintano

?Pretenden una "rave" nacionalista en el Bernab?u con el partido entre Euskadi y Catalu?a?

J. M. Cu?llar

?Solo Piqu? y Vald?s, dieron la cara. Los dem?s tapados y ?hoy no hablo que he perdido??

Quique Guasch

?El tropiezo en Pamplona no era una pesadilla pasajera, sino la realidad m?s palpable?

?ngel A. Herrera

?No voy a arriesgar que el Barcelona ha llegado al fin de una ?poca gloriosa?

David ?lvarez

?Los pol?ticos espa?oles s?lo est?n sigui?ndole la broma a los gui?oles?

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EDUCACIÓN, LIBERTAD, CIUDADANÍA

Actualizado 25/04/2006 - 03:26:37

Hay que repetirlo por obvio que sea: en la educación es donde nuestra sociedad se juega su futuro. Al llamar la atención sobre cualquier cuestión educativa, inevitablemente surgen las demás. El derecho de los padres a decidir aspectos fundamentales de la educación de sus hijos -los valores, la cultura del esfuerzo- está íntimamente relacionado con la posibilidad de que el educando se abra al mundo de sus mejores posibilidades, se oriente hacia su libre determinación. Para dominar y orientar las propias capacidades, es muy importante educar en el conocimiento científico, pero también en las Humanidades, como forma de entender las raíces de la condición humana y la suya propia en concreto, y desarrollar las facultades del pensamiento en su grado más alto posible. Para que las nuevas generaciones sean capaces no sólo de convivir, sino de ser solidarias, la educación recibida tendrá que impregnarse de la necesaria disciplina, al tiempo que de una clara distinción entre lo que es bueno y lo que no, así como de qué modelos y conductas son dignos de imitación. Si todo ello se plantea adecuadamente, cabe esperar que la educación estimule la creatividad, la autoestima y la ambición por alcanzar las mejores cotas en aquello para lo que cada cual está mejor preparado.

Un ciudadano de nuestro tiempo, necesita de las Matemáticas y la Filosofía, de las Ciencias y la Literatura, de la Lengua propia y otras lenguas, la Historia, la Tecnología, la Religión o el fenómeno religioso, y muchas otras cosas que deben componer un conjunto equilibrado de conocimientos que alcanzar. Articular ese corpus, resulta un reto nada fácil, que pasa por la necesaria especialización.

Un ciudadano así educado ha recibido el bagaje fundamental para ser libre, democrático y solidario. Sin embargo, ni la libertad, ni la ciudadanía, ni la solidaridad, ni el civismo se pueden aprender como asignaturas dentro de un horario. Son mucho más, constituyen el verdadero objetivo de conjunto del proceso educativo. En nuestro atribulado mundo educativo, se pierde excesivo tiempo en formalismos. En esta situación, no deja de sorprender la fulminante destitución de quien acababa de configurar una polémica norma legislativa, que consagra opciones tan discutibles como la que acabamos de comentar.

CÉSAR NOMBELA
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