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HISTÓRICO, HISTÉRICOS, HISTRIÓNICOS

Actualizado 25/03/2006 - 09:04:47



«Prestidigitador, acróbata o cualquier otra persona que divertía al público con disfraces». No, aunque les encaja bien a la mayoría (a la vicepresidenta le va como traje regional al talle, por más que se encocore), no es la definición que el diccionario de la RAE ofrece de la palabra «político», aunque habrá que estar atentos a futuras actualizaciones, sino una de las acepciones del término «histrión», tan apropiada para nuestros funambulistas dirigentes como aquella otra que reza: «persona que se expresa con afectación o exageración propia de un actor teatral». No hay forma más exacta en cualquier lenguaje de signos o gestual para perfilar el rostro (duro) del político mitinero, fullero y farfullero que regala promesas a las masas y clama y reclama deudas, históricas, por supuesto, con urgencias histéricas, desde luego.

Porque esa, histórica, es la expresión de moda (aparece en once de cada diez titulares de la prensa generalista) en el dialecto de nuestros estadistas, aunque la empleen mal, como suelen hacer con nuestra confianza. Se supone que histórico hace referencia a todo lo averiguado, comprobado, cierto, por contraposición a lo fabuloso o legendario. Sin embargo, los números mágicos (tan misteriosos como los de la serie «Perdidos») que cuantifican el volumen de lo reclamado por los indignados representantes de nuestros agraviados pueblos y naciones resultan tan fiables como los resultados de la cuenta de la persona de la tercera edad (o de la vieja, como se conocía al procedimiento matemático antes del advenimiento de la hégira del «correctismo buenista» que une civilizaciones, resquebraja países y empobrece y entontece idiomas).

Tomo dos por las inversiones sanitarias, más siete que arramplo por las educativas y me llevo tres que sumo al paquete de infraestructuras y hacen cinco mil millardos de maravedís de plata. Firme aquí la factura de Arcano y Enigma asociados, Sociedad Ilimitada.

Que me expliquen, por poner un ejemplo reciente, por qué el gobierno de Baleares fija en 3.000 millones de euros su débito cierto y no en 2.987 o en 3.121 (mira, deberían pedir eso, que además es el título del estupendo nuevo disco de Prince, otro histórico, aunque sea de la música negra). Tampoco están muy claros cuales son los requisitos mínimos para que un territorio cualquiera consiga el diploma de aspirante a «nacionalidad» o se quede en el pelotón regional de los que ni tienen identidad propia ni ná.

Da la impresión de que la tarta que quieren trinchar para trincar los históricos histriónicos histéricos nunca tuvo tantas porciones como para provocar semejante empacho retroactivo, pero esto, desde luego, no se para y nos separa. No olviden comprar la sal de frutas y, si no tienen suelto a mano, lo ponen en la cuenta del Estado, antes de que no esté, se ponga enfermo o se vaya de vacaciones.
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