LA verdad es que no hace falta que sea 8 o 9 o 10 de un mes cualquiera, de ningún calendario determinado, para revindicar lo que es justo y necesario, sobre todo si tras veintiocho años de Democracia, la realidad es que conformamos entre todos una sociedad desigual, con el agravante de que respaldamos con innumerables silencios cómplices injusticias torpes y de manual. El pasado 8 de marzo se celebró en el mundo civilizado, en el que tenemos calendarios y autoridades que nos recuerdan qué modelo toca hoy ponerse para salir a escena, El Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Ante tal gran acontecimiento, los que opinamos, barajamos estadísticas, paradojas, conclusiones y terminamos (como siempre que realizamos este viejo ejercicio) asqueados al comprobar que los números cantan y que cantan más una letanía que una canción cómica. Resulta que hay un porcentaje altísimo de mujeres, pongan aquí Vds. las cifras que quieran, que son discriminadas en el trabajo, tanto en el sueldo como en el trato... Si a este dato dramático y tristísimo sumamos que nuestras mujeres, madres e hijas, presentan menos absentismo laboral que los hombres, y eso que cuando se les ponen los hijos enfermos, o cualquier otro familiar, son las que se ausentan, por lo general, del trabajo para atenderles y atender, por tanto, a esta misma sociedad que las machaca, desprecia y utiliza, comprobamos que lo del hombre es un lobo para el hombre es cierto, aunque habría que matizar para dejar la frase redonda: El hombres es un lobo para la mujer. Hablo de datos suministrados para una sociedad moderna, justa e igualitaria, como es la española. Es mejor no irse al 2º o al 3º mundo, pues allí las violaciones, los asesinatos, las torturas, las desapariciones, son tan comunes y tan inevitables que cualquier cosa que digamos se convierte en un insulto.Es una pena que no hayamos conseguido entre todos corregir realidades tan amplias y aparentemente fáciles de solucionar como es el hecho de que a igual trabajo idéntico salario. El que un ser gane menos que otro por tener un sexo diferente, un color o una religión demuestra que nuestra Democracia está herida de muerte, sobre todo en el primer artículo, de tal manera que es fácil pensar que otros artículos de la Carta Magna, los más teóricos y por tanto difíciles de alcanzar, se encentren dentro del planisferio de las utopías irrealizables. Si la economía descansa sobre el poder de hombres que se aprovechan de los demás y no se hace nada por corregir estos desequilibrios, creo, sinceramente, que no se merecen absolutamente ninguno de los parabienes que la sociedad tiene destinado a los ciudadanos, porque ser ciudadano no es portar una bonita etiqueta en la solapa o llevarla pegada en la frente, es una condición que debe brotar del corazón, como nos brotan las sonrisas cuando las ilumina el amor. Así que menos felicitaciones y chanzas y a corregir flagrantes desequilibrios e injusticias, y que la ley persiga por decreto a todos aquellos que se benefician de estas injusticias que gravan estadísticamente y a conciencia más a las mujeres que los hombres y las convierte en pseudo-esclavas por falta de independencia económica, convirtiéndolas en ciudadanos de segunda. No a la complacencia, ni al silencio: no toleremos como mal menor el que esta canallada continúe viviendo entre nosotros. Más que otros asuntos, quizá difíciles de resolver y que afectan a muchísimos menos ciudadanos, estas realidades con las que nos desayunamos son reales y hay que erradicarlas. Si no se puede hacer de una forma tajante, pues quizá la economía de muchas empresas no lo pueda soportar, habrá que hacerlo poniendo plazos, negociando; como sea, pero algo hay que hacer y no debe esperar más...



