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«Vida acuática con Steve Zissou»

Actualizado 25/03/2005 - 02:07:27
Willem Dafoe, Bill Murray y Cate Blanchet
Willem Dafoe, Bill Murray y Cate Blanchet

Wes Anderson es un cineasta tan fácil de apresar con una frase hecha como el arroz chino con dos palillos. Es tan original que los géneros se doblan ante él: su comedia es un drama en cuclillas y sus aventuras son documentales postrados o crónicas con un esguince. Hay gente, y mucha, que conecta con el cine de Wes Anderson y hasta se divierte y disfruta con él.

«Los Tenenbaum», su anterior película, era un boleto gratis para la esquizofrenia de la opinión pública: del «qué gran película» al «esto no hay por dónde cogerlo». Muchos se rieron como hienas; otros nos quedamos tan en blanco como la culera de un tejano viejo. Y ahora aparece con esta incatalogable «Vida acuática con Steve Zissou», donde no hay nada, pero absolutamente nada, que se pueda considerar con esa palabra tan sosa que llamamos «normal». La visión por completo absurda del siniestro Willem Dafoe en pantalón corto y sonrisa necia puede ser un magnífico ejemplo de los niveles que alcanza en este sentido la película.

Todo ocurre alrededor de la figura de una especie de comandante Cousteau, llamado Zissou, que interpreta con impresionante animosidad Bill Murray; la película entra y sale en su vida y su obra como la aguja de un sastre, y la teje a modo de noticiario y en tono de farsa que busca un pequeño hilo de conexión surrealista con «Moby Dick» (Murray está obsesionado con un tiburón-jaguar en vez de con una ballena blanca). Aunque las tramas estén más deshilachadas que la chupa de un jipi, Anderson consigue casi ambientes shakespearianos donde los celos, las paternidades dudosas, las venganzas aplazadas y otros «grandes temas» se frotan entre sí con cierta tendencia a lo cómico, debido tal vez al tipo de actores que elige: además del «serio» Murray, está Owen Wilson (siempre un tonto muy tonto), y unos descolocadísimos Willem Dafoe, Anjelica Huston, Cate Blanchet o Jeff Goldblum.

Como suele en el cine de Wes Anderson, la música es juguetona y ágil como una pelota de playa, y también lo son los diálogos y las relaciones entre los personajes. Probablemente esté ahí el secreto de su estilo, en que todo bota sin el menor indicio previo. La cantidad de «universo» que mete en su película se ve adornado, en esta ocasión, por una desenfrenada inventiva visual en cuanto a criaturas marinas, y de cuyas descripciones parecen tirar al tiempo Borges y Groucho Marx. Tal vez no quede clara y rotunda la impresión personal sobre esta película, que el lector advierta bandazos en la línea de esta crónica, pero comprenderán que uno se arrugue un poco ante el modo en que tiene de desplegar su plumaje real el pavo Wes Anderson... Yo diría que, en el fondo, tras tanto estilo se esconde una incapacidad para encontrar y procurar la emoción; pero, nunca se sabe.
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