Que la candidata de Odón Elorza para dirigir a los socialistas vascos haya obtenido 29 votos en el Congreso del Kursaal es un dato irrelevante para su patrocinador. Elorza pertenece a la estirpe de los políticos que nunca se dan por vencidos. Así, la realidad es para él otro dato irrelevante. Esa extraña amalgama de federalismo, pose dialogante y tercera vía maragalliana que proponía por boca de Gemma Zabaleta tiene el mismo predicamento en el PSE que la defensa de la vida en Batasuna. Otra cosa es que Elorza sea capaz de admitir el valor especulativo, anecdótico y menor de sus teorías en un escenario que requiere grandes dosis de firmeza y gestos inequívocos. Y en ese escenario, Elorza ha decidido que todos los partidos estén presentes en un organismo urbanístico local. En clave estrictamente municipal, el alcalde de San Sebastián podría pasar por un campeón de la democracia, un tipo abierto, sin complejos y ataduras si no fuera porque «todos los partidos» es un eufemismo que quiere decir todos los partidos más Batasuna y San Sebastián está en el País Vasco.
De este modo, Elorza consigue ganar el Congreso del PSE pese al paupérrimo apoyo a Zabaleta porque, si nada lo remedia, la noticia del pleno municipal que se celebrará hoy en la capital guipuzcoana será la ruptura del acuerdo PSE-PP, que es la traducción práctica del nuevo equilibrio de poderes en la cúpula de los socialistas vascos. Ante la inminente ruptura, Elorza, que ya ha repartido las áreas dirigidas por el PP entre sus ediles, se mostraba quejoso el sábado. «No pueden pretender que estemos encadenados a ellos». Lo que, desde luego, no puede pretender Elorza es que a muchos militantes de su partido, a muchos de los asistentes al funeral de Priede, por decirlo raso, no se les revuelva el estómago ante la consideración de que Batasuna sea un partido que pueda ser incluido en cualquier organismo municipal, mixto, vecinal, parroquial o de aficionados a los hongos. Que PP y PSOE hayan puesto en marcha el mecanismo legislativo para la ilegalización de Batasuna; que ese «partido» se niegue a condenar los asesinatos de personas que se sientan en los mismos Ayuntamientos que ellos; que sea, en definitiva, el portavoz de los pistoleros debe ser para Elorza algo parecido a la realidad y a los contenidos del Pacto Antiterrorista, o sea, una «txorrada» de la misma categoría que pensar que Rodríguez Zapatero se plantee impedir un disparate que no se justifica ni por el miedo.


