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El termómetro griego

Grecia vivió ayer una jornada de huelga general que tuvo como consecuencia la paralización del país. Los transportes públicos, los

Actualizado 25/02/2010 - 06:20:31
Grecia vivió ayer una jornada de huelga general que tuvo como consecuencia la paralización del país. Los transportes públicos, los aeropuertos, los colegios, las universidades y los bancos cerraron sus puertas en un día en el que los ojos de Europa estaban puestos en Atenas. Como en cualquier patio de vecinos, lo que suceda en Grecia afectará al resto de Europa, por lo que las instituciones europeas tienen sobradas razones para estar preocupadas.
Ayer estaba en juego la reacción de la calle ante el plan de ajustes económicos exigido por Bruselas y asumido por el gobierno de Yorgos Papandreu.Pocos meses le ha durado al primer ministro socialista la luna de miel con su electorado tras su victoria por mayoría absoluta el pasado mes de octubre.
Como en toda huelga que se precie, hay cifras de participación para todos los gustos, desde el 80 por ciento que ofrecen los sindicatos hasta el 16 por ciento que afirma el Ejecutivo,pero está claro que los convocantes alcanzaron su objetivo de paralizar el país. No obstante, las huelgas no son siempre el mejor termómetro de la opinión pública. Más bien, son un indicador de la capacidad de movilización -y a veces de coacción- de los organizadores. Pero la imagen de un manifestante convenientemente ataviado con su pancarta frente a la policía es mucho más atractiva para los medios que los millones de ciudadanos griegos conscientes de que su país ha de poner freno a la dinámica de endeudamiento y despilfarro público de los últimos años.
No está falto de razón el primer ministro Papandreu cuando afirma que es un error culpar únicamente a Grecia de la situación económica en su país. Europa debería reflexionar sobre hasta qué punto el actual modelo de Estado del Bienestar, acompañado de una administración pública gigantesca con un nivel de gasto muy elevado sigue siendo sostenible. Por eso, el debate que estos días hay en España sobre el sistema de pensiones no es tampoco un caso aislado.
Los gobiernos europeos deberían ser lo suficientemente maduros como para afrontar todas las medidas necesarias para sanear la situación de Grecia y evitar que ésta se extienda a otros países. Pero para ello Europa necesita líderes fuertes capaces de enfrentarse a la tiranía de los sondeos, las manifestaciones y las pancartas.
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