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Bella con 50. El último cuento de hadas de Walt Disney

POR ROSA BELMONTEQué carácter. A Maléfica no la invitaron al bautizo de la princesa Aurora y hay que ver cómo se puso. Por lo pronto, hizo la mejor aparición de estrella (no invitada) que se ha hecho

Actualizado 25/01/2009 - 12:24:00
Qué carácter. A Maléfica no la invitaron al bautizo de la princesa Aurora y hay que ver cómo se puso. Por lo pronto, hizo la mejor aparición de estrella (no invitada) que se ha hecho jamás en una fiesta y luego maldijo a la niña, que moriría a los 16 años al pincharse un dedo con el huso de una rueca (huso y rueca fueron probablemente las palabras más raras que aprendimos de pequeños, además de supercalifragilístico y pastel de ruibarbo). Flora, Fauna y Primavera, que son como Las Supremas de Móstoles de las hadas buenas, habían dotado a la recién nacida de belleza y voz (para cantar «Eres tú» antes de Mocedades). Como Maléfica se adelantó a Primavera, ésta pudo contrarrestar el hechizo de la bruja cambiando muerte por sueño, del que despertaría con un beso de su chico. Y para protegerla de las garras y predicciones de la mala se la llevaron a vivir al bosque y le cambiaronel nombre como si fuera un testigo protegido. Y ya se sabe como acaba la historia.
«La bella durmiente» es un peliculón cuya elaboración ocupó a la factoría Disney la década de los 50. Puede que la cinta francesa «La clase», mitad ficción mitad documental, sea lo último, pero, no sé, si eso es cine, «La bella durmiente» o «Vértigo» tienen que ser otra cosa.
Cuando se habla de animación para adultos («South Park», «Padre de familia», «King of the Hill»...), una se pregunta si es que el último cuento de hadas en vida deWalt Disney (después de «Blancanieves» y «La Cenicienta») no es para adultos. Con esa escenografía, con ese aspecto concebido y desarrollado por el pintor Eyvind Earle (una especie de pre renacentista en medio del siglo XX), con esos detalles por toda la pantalla que distraen a la hora de centrarse en los personajes que están en primer plano, con esos personajes angulares en lugar de redondos. La joya costó más de seis millones de dólares de 1959, siendo la más cara de la casa hasta entonces.
Aunque quien dé nombre a la película sea Aurora, la princesa cuya silueta se basó en la de Audrey Hepburn sólo aparece (si no contamos las escenas de cuna) dieciocho minutos. La verdadera protagonista es Maléfica, la más notable villana de todas las películas de Disney. Hasta su capa se puede considerar un personaje. Animada por Marc Davis, a éste se le ocurrió el vestuario de Maléfica mirando una figura religiosa en un libro de arte medieval, al que añadióesos cuernos demoniacos y el batir de alas como de murciélago (o como de Betty Missiego en Eurovisión). Y luego está su voz. La de Eleanor Audley, a quien Davis adaptó las facciones. Audley había puesto la voz también a Lady Tremaine, la madrastra de «La Cenicienta». Cuando Walt Disney la quiso contratar otra vez rechazó la oferta porque tenía tuberculosis y tosía mucho, pero más tarde se recuperó y puso la voz a Maléfica.
Una de las ventajas de las ediciones en DVD de los clásicos de Disney (y la del 50 aniversario de «La bella durmiente» merece la pena) es que podemos disfrutar de las voces originales y del doblaje al español. Y si buena era Eleanor Audley, rebuena era Rosario Muñoz Ledo, que a las órdenes de Edmundo Santos, el director de doblaje, bordó a Maléfica (como había hecho con la reina de «Blancanieves»). Hay que reivindicar esos doblajes de los Estudios Churubusco del D.F. y también poner en busca y captura a quienes tuvieron la idea de los redoblajes. «La cenicienta» fue la primera en sufrirlos y en 1997 hubo dos, uno mexicano y otro español, el que en las opciones de idioma se califica con esa tontuna de español neutro, que digo yo que el neutro será de Valladolid (al menos el hada madrina, Bibidi Babidi Bu, es Matilde Conesa). «La bella durmiente» tuvo sólo una revisión mexicana en 2001 bastante prescindible. Es ridículo. Como si alguien decidiera sustituir la voz de Pepe Isbert en «El verdugo» por la de Florentino Fernández.
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