MADRID. Después de siete años de viaje espacial, un módulo científico europeo pondrá mañana rumbo directo hacia el satélite Titán, la gran luna de Saturno, para sumergirse en su atmósfera y averiguar si, como sospechan los científicos, su química es muy similar a la existente en la Tierra antes de la aparición de la vida, hace 4.000 millones de años. Este módulo que lleva el nombre del astrónomo Cristiaan Huygens ha viajado hasta ahora en un costado de la nave «Cassini», en órbita alrededor de Saturno desde el verano pasado. A primera hora del día de Navidad, el módulo «Huygens» se liberará para adquirir una trayectoria balística en dirección a Titán, donde llegará el 14 de enero para convertirse en el primer artefacto de fabricación humana que explora el enigmático manto gaseoso de ese satélite.
Durante años, la segunda mayor luna del Sistema Solar suscitó mucho interés entre los astrofísicos por la composición de su densa atmósfera. Está formada en su gran mayoría por nitrógeno, aunque también se detecta una cantidad apreciable de metano y otros compuestos orgánicos. Los astrofísicos creen que hay un gran número de gases en concentraciones mínimas, cuyo análisis puede proporcionar detalles sustanciales sobre el origen y evolución atmosféricas. Debido a las bajas concentraciones de esos gases, resulta casi imposible identificarlos y estudiarlos a gran distancia, lo que obliga a realizar una exploración «in situ».
Demasiado frío para cobijar vida
El gas que más intriga a los científicos es el metano. En la Tierra se acumula en la atmósfera tras ser producido como un subproducto metabólico por seres vivos microscópicos. También es liberado por los rumiantes en sus procesos digestivos y por las grandes extensiones de arrozales. Se sabe, en todo caso, que no puede existir vida en Titán porque hace demasiado frío. La temperatura media es de -180 grados centígrados y eso impide la presencia de agua en estado líquido, el principal ingrediente para la aparición de la vida.
No se descarta que, en el pasado, el impacto de un gran asteroide pudiese haber aportado el calor preciso para cobijar agua en estado líquido. Esa hipótesis, sin embargo, no esclarece por qué se aprecia tanta cantidad de metano. Dice la Agencia Espacial Europea que en ese extraño mundo puede haber océanos de metano o incluso reservas subterráneas de ese elemento. Ninguna agencia espacial u observatorio terrestre, ni siquiera el telescopio «Hubble», ha podido confirmarlo porque la bruma que recubre Titán es densa y opaca. Se trata de una persistente neblina fotoquímica, semejante a las sucias nubes de partículas contaminantes que cuelgan de las grandes urbes.
Las primeras imágenes con cierto detalle de Titán fueron obtenidas en 1980 por la sonda Voyager 1, pero su anaranjada atmósfera, descubierta por el español José Comas en el año 1908, impedía apreciar detalles de la superficie. Imágenes tomadas más tarde con los teles-copios terrestres más grandes detectaron nubes con metano en el polo sur, Eso ha hecho pensar en la posibilidad de que ese satélite tenga ciclos estacionales como la Tierra. Con el telescopio espacial «Hubble» se logró atisbar un área más brillante que el resto, aunque no se sabe a ciencia cierta si es un continente rocoso o un océano líquido. Los científicos priman la primera hipótesis y han bautizado esa región con el nombre de Xanadú. Ahora hay indicios de que no es del todo homogénea. Algunos científicos especulan con la existencia de montañas, planicies y lagos de hidrocarburos líquidos.
El enigma de la luna Titán podría estar tocando a su fin si se cumplen las expectativas científicas suscitadas por el módulo «Huygens», que ha viajado de la Tierra hasta Saturno adosado a la nave «Cassini» a la espera de esta pionera oportunidad para quitarle el velo a Titán. «Cassini/Huygens» es una misión conjunta de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), que comenzó el 15 de octubre de 1997 con el objetivo de explorar en detalle Saturno y su sistema de lunas y anillos. La NASA diseñó y construyó la nave «Cassini», mientras que la ESA se responsabilizó del módulo «Huygens». Después de siete años de singldura, la nave nodriza se colocó el pasado 1 de julio en órbita alrededor de Saturno. Desde entonces, la sonda «Cassini» se ha acercado dos veces a Titán para escrutarlo con su batería de instrumentos, incluido un radar de apertura sintética con el que se pretende cartografiar la superficie completa del satélite.
En su primera aproximación, «Cassini» aportó datos sobre la posibilidad de que esa región brillante llamada Xanadú esté cubierta por el hielo expulsado por un volcán activo. Todos los indicios apuntan a que es un lugar geológicamente activo, cuyos dinámicos procesos habrían enterrado las huellas de cráteres, producidos por el impacto de asteroides. Entre esos procesos geológicos destacaría un volcanismo similar al de Islandia, donde hay erupciones de agua helada. En las imágenes de la sonda «Cassini» también se apreciaron estructuras en la superficie que podrían haber sido originado por el bombardeo de meteoritos, aunque no es posible estar seguro. Son anillos y otras formas circulares muy brillantes.
Sin contacto hasta el 14 de enero
El pasado martes, «Cassini» se colocó en trayectoria de colisión con Titán para proceder este sábado a la liberación del módulo europeo «Huygens». Los ingenieros europeos y estadounidenses de la misión deberán aguardar unas pocas horas para confirmar el éxito de la operación. El tiempo de espera es inevitable hasta que la nave nodriza apunte de nuevo a la Tierra. Si todo marcha según lo planeado, «Huygens» empezará a alejarse a una velocidad de 35 centímetros por segundo mientras rota sobre su eje hasta siete veces por minuto. El módulo estará en estado durmiente hasta pocas horas antes de su llegada el 14 de enero a la atmósfera de Titán. Ni siquiera se comunicará con «Cassini» hasta el comienzo de su descenso «suicida», que se completará en unas dos horas y media con ayuda de dos paracaídas.
Escudo térmico y paracaídas
A medida que caiga por la atmósfera, esta cápsula de 2,7 metros de diámetro irá transmitiendo datos sin parar a la nave «Cassini». Durante los tres primeros minutos de este descenso, «Huygens» reducirá su velocidad de 18.000 a 1.400 km/hora, soportando temperaturas de hasta 1.800 grados centígrados en su escudo térmico por efecto de la fricción en la atmósfera. La apertura del primer paracaídas limitará la velocidad a unos 300 km/hora. En ese instante, todavía a 160 kilómetros de altura sobre la superficie, el módulo europeo se desprenderá de su carcasa para dejar al descubierto los instrumentos científicos. Poco después se cortará el paracaídas principal y se desplegará uno de menor tamaño. Ocurrirá a 45 kilómetros del suelo, en la región más fría de la atmósfera (-120 grados centígrados). En dos horas y media se habrá completado el descenso. Teóricamente, este módulo con forma de almeja se posará en algún punto de Titán a 20 km/h de velocidad, pero no hay ninguna garantía de que pueda sobrevivir al descenso.
Si finalmente consigue posarse sobre tierra firme o inclusoen un medio líquido, podrá transmitir datos durante dos horas más. Luego se perderá todo contacto porque la nave «Cassini» se habrá alejado para seguir con su pionera exploración de Saturno y sus anillos durante cuatro años.



