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El éxito del «golpe de efecto de Zapatero» desconcierta al PP

Dirigentes del PP advierten del crecimiento «en imagen» del jefe de la oposición ante la falta de referente en su partido por el problema de la sucesión

Actualizado 24/10/2002 - 23:44:25
MADRID. El Gobierno se limitó ayer a destacar la carencia de alternativa económica del PSOE como respuesta al éxito del «golpe de efecto» de José Luis Rodríguez Zapatero en el debate de Presupuestos al cumplir con sus obligaciones como jefe de la oposición y subir a la tribuna. No obstante, en las filas del PP, a la sorpresa del día anterior por la inesperada irrupción de Zapatero, le sucedió el desconcierto por el tanto que se apuntó el secretario general socialista en la batalla de imagen.
«Después del teatro se evidencia que no hay alternativa», decía el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.«El golpe de efecto nos ha permitido conocer las carencias del aspirante a la Presidencia del Gobierno», repetía Javier Arenas. José María Michavila hablaba de «el show» de Zapatero, y Acebes de «paripé ridículo». Rato ya había sentenciado que, además de no tener alternativa, el jefe de la oposición es incapaz de elaborar un discurso coherente. Pero frente a los esfuerzos de medio Gabinete por poner al rival «en su sitio», en el Grupo Popular comentaban pasmados el éxito alcanzado por el «emergente» líder del PSOE, en auténtico estado de gracia en los medios de comunicación.
«Le aplauden por cumplir tarde y mal con su obligación, por haber dado la sorpresa en virtud de una mentira, y se olvida la falta de contenido de su discurso», se lamentaban en fuentes gubernamentales tras ver a Zapatero tan crecido que dedicó todo el día a decir en los pasillos del Congreso y en posterior reunión con los periodistas lo que hará cuando llegue al poder para dar juego a Aznar como ex presidente.
La consigna del PP ante la euforia socialista fue tomárselo con tranquilidad. «Los Presupuestos se han aprobado y con los mismos apoyos de siempre, borrón y cuenta nueva», repetían los interesados.
El discurso de Zapatero deja munición dialéctica para unos cuantos mítines. El jefe de la oposición se declaró devoto del equilibrio presupuestario al tiempo que proponía nuevas partidas de gasto por valor de 45.000 millones de euros. «Acumularíamos un déficit de cerca de un 6 por ciento del PIB, nos echarían de la Unión Europea con la política presupuestaria de Zapatero», sostienen en Hacienda sobre las ocurrencias del jefe de la oposición en la materia.
El presunto debate sobre si Aznar debía haber intervenido en el debate ante el «golpe de efecto» de Zapatero se zanja en las filas del PP con la advertencia de que hubiera sido peor. Montoro hubiera quedado en mal lugar y el jefe de la oposición aún más crecido si el presidente del Gobierno le hubiera replicado. Quedaba la opción de Rato, pero en ese caso la humillación del ministro de Hacienda hubiera sido mayor. Además, el asunto tabú en el PP, la sucesión de Aznar, se hubiera reavivado con un cara a cara con el vicepresidente segundo.
Pero frente a la consigna de la tranquilidad, en medios del PP tampoco faltan las voces que avisan sobre el constante «crecimiento» de la imagen pública de Zapatero ante la falta de referente propia, de su habilidad para colarse en los medios, sin programa ni alternativa, pero con una personalidad difusa que a nadie molesta e incluso cae bien. «Se ha forjado una imagen -dicen- que condicionará la elección del sucesor».
Y el nuevo tanto que Zapatero se ha apuntado en el terreno parlamentario, segundo en tres meses -el anterior fue el debate sobre el estado de la Nación-, sorprende al Ejecutivo en plena operación de parar el golpe que ha supuesto la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la comparecencia de presidentes de empresas privatizadas. El PSOE le abre otro frente parlamentario con la ofensiva para revisar toda la política de privatizaciones de la pasada legislatura. Gobierno y Grupo Popular estudian qué comparecencias aceptar y cuáles rechazar, en qué términos y con qué argumentos hacerlo.
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