BARCELONA. Traducir a Shakespeareahora y aquí. Y a Dickens. Y a Stendhal. Y a Gide. Con una lengua viva, sin concesiones a los formalismos academicistas. Ediciones Destino y la Universitat Pompeu Fabra han unido sus fuerzas en una tarea pendiente y de larga andadura. Recuperar la vocación de colecciones como la Bernat Metge para hacer llegar a los lectores traducciones fiables de los grandes autores de la literatura universal.
Dirigida por Lluís María Todó, la «Biblioteca Pompeu Fabra» da al traductor el protagonismo que merece y pretende hacer olvidar las malas experiencias de versiones en catalán realizadas por autores ilustres pero que han quedado obsoletas.
Traducciones al día
La colección se abre con un quinteto de traducciones totalmente nuevas: Las «Tragedias» de Shakespeare (Salvador Oliva); «David Copperfield» de Dickens (Joan Sellent); «En aquest costat del Paradís» de ScottFitzgerald (Josep M. Fulquet), «Paludes» de Gide (Núria Petit); «Cròniques italianes» de Stendhal (Xavier Pericay). Como apunta el director de Destino, Joaquim Palau, estos títulos son la avanzadilla de una «larguísima colección literaria con una tipografía adecuada y un formato muy especial que permite leer el libro, en la cama, en el tren o llevarlo en la mochila». Además de una traducción solvente cada volumen cuenta con un prólogo firmado por escritores como Chesterton, Dos Passos, Gaziel...Salvador Oliva, traductor de Shakespeare, señala que demasiado menudo «leemos los clásicos en catalán y no reconocemos la lengua como propia, por eso hemos evolucionado en la forma de traducir, para que el lector reconozca una lengua viva, que evita el estilo arcaizante y artificioso».
Con una decena de volúmenes previstos, la Biblioteca Pompeu Fabra pondrá el acento en la obra shakesperiana. Oliva ha releído las tragedias que tradujo para TV3. El ritmo de las emisiones le obligaba a entregar dos actos por mes y eso originaba problemas técnicos y de prosodia que ahora ha corregido.
Josep M. Fulquet y Núria Petit ven en esta colección la culminación «del modelo de lengua que defendimos a finales de los ochenta». Un modelo que bebe de la lengua hablada. En este punto, Xavier Pericay insiste que ésta es una colección «sensata» y sin los referentes simbólicos «que tanto han perjudicado a la lengua catalana». También le perjudicó el apego de los lectores a traducciones como el «Pickwick» que vertió al catalán Josep Carner. «El lector contemporáneo, mucho más familiarizado con la lengua inglesa y los registros más prosaicos del catalán (la prensa, la literatura de consumo) reconocería bien poco de Dickens en el Dickens de Carner», concluye Todó. Seguirán más títulos: de Tolstoi, Dostoievski, Flaubert... Y una forma de hacer. Traducir sin traicionar.



