Al tomar asiento en un chiringuito, lo importante ha dejado de ser el qué; lo primero que se pregunta es cuánto. Así lo explica Néstor Aníbal Mosquera, que regenta uno en la barcelonesa playa de la Mar Bella, «Nueva Ola». Teníamos clientes asíduos, que venían a almorzar y cenar cada día. Ahora los vemos en el bocata», cuenta. Observador forzoso, da fe de que las playas de la ciudad continúan tan llenas como siempre. Lo que ocurre es que, cuando la crisis aprieta, la consumición mínima no se respeta. En lo que va de verano, las bebidas estrella son el agua mineral y la Coca-Cola de los que no se las traen de casa, apunta Néstor. Ante la crisis, el ciudadano medio no se queda en casa. Sí se pertrecha de nevera portátil.
Las estadísticas constatan las sospechas de los restauradores. Según los últimos datos que maneja la Federación Catalana de Locales de Ocio Nocturno (Fecalon), en los bares de la ciudad de Barcelona el consumo ha caído un 30%.
Ya lo advirtió la Mesa de Turismo: los españoles no se resignan a quedarse sin vacaciones. Eso sí, tendrán que «apretarse el cinturón», lo que a la práctica se traduce en recortar el número de noches fuera y el gasto en bares y restaurantes. Hosteleros de norte y sur del litoral avalan la teoría. Para este agosto, la previsión de ocupación en la Costa Brava se sitúa entre un 75% y un 80% de estancias con reserva. Aunque menor que otros años,el porcentaje varía según las zonas y, si se le suma el número creciente de los que se dedicen a última hora, alcanzará hasta el 95%, según datos de la Federación de Hostelería de Girona.
Basta darse un paseo por pueblos como Cadaqués para comprobar que, por estas fechas, escasean hasta la desesperación los hoteles, albergues y hostales de los que no cuelgue el cartel de completo. No obstante, el gasto en restauración ha decaído.. «Es una cifra que nadie tiene inventariada», reconoce Martí Sabrià, de la Unión de Empresarios de la Costa Brava. «A ojo de buen cubero, yo diría que se consumirá un 25% menos que el año pasado. Seguramente me quedo corto». Estas magras previsiones se repiten en la Costa Dorada, auqnue la tipología del turista sea diferente. Este verano, ha habido un cambio de tendencia respecto al origen del visitante, según expone la presidenta de la Federación Hotelera Salou-Cambrils-La Pineda, Maria Eug_nia Arbó.
Abrumados por el euro Los veraneantes extranjeros han aumentado -de un 58% en el 2007 al 62% de este año- mientras que los nacionales van a la baja del 42% al 38%. En las playas del sur de cataluña, se lleva la palma el turismo británico, con un 43%, seguido de rusos y franceses, con un 13%, respectivamente.
Aquí la bestia negra se llama tipo de cambio: la posición de la libra esterlina respecto al euro ha hecho que a los ingleses les resulte un 20% más caro visitar las playas españolas, por citar sólo un caso. En opinión de Joan Antoni Padró, de la Asociación Hotelera de Salou-Cambrils-La Pineda, esta pérdida de poder adquisitivo les perjudica más que el devenir de la economía patria. «Son gente que viene en régimen de pensión completa o de media pensión», explica. «Traen un presupuesto cerrado para gastos extras, el resto ya lo tienen pagado». Pone un ejemplo: un turista inglés con 300 libras de «pocket money» obtenía el año pasado 450 euros al cambio. Este año son 360. 2Gastan menos en cafeterías, tiendas de souvenirs, gimnasios masajes, spas,...», enumera. «De los chiringuitos no tengo datos».
Los afectados sí los manejan y se declaran seriamente perjudicados, a parte de por la crisis, por las lluvias primaverales que retrasaron el inicio de temporada y, un año más, por los lateros. Al grito de «cerveza, bear» estos vendedores ambulantes merman los ingresos de los hosteleros que operan con concesión, según denuncia la Asociación de Chiringuitos de Barcelona.
Desde su experiencia particular, Néstor Anibal Mosquera explica que hace cinco años que sufre esta competencia. «Es un insulto, te venden a un metro del chiringuito», lamenta. Ni las amonestaciones de los camareros, que los alejan con grado de amabilidad variable de sus dominios, ni las de los cuerpos de seguridad, surten efecto. «La policía viene de vez en cuando y se lleva a alguno, pero nos controlan más a nosotros que a ellos», critica. Entre otras medidas, los responsables de los chiringuitos de Barcelona piden a los agentes de la Guardia Urbana que bajen a la arena para ahuyentar a los lateros, en vez de limitarse a patrullar en moto por el paseo marítimo. A su vez, reclaman que se les autorice a prolongar los horarios nocturnos.
Agotamiento del modelo Crisis a parte, la actividad turística de Cataluña se estancará en 2008, según advirtió a principios de temporada un estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Sus artífices calcularon que el número de visitantes en la comunidad crecerá sobre el 2,7% (16,3 millones de personas) después del descalabro de 2007, en que el incremento fue del 1,4%; más de cinco puntos porcentuales por debajo del año anterior. Este descenso se debe a un «cierto agotamiento» del modelo. Para remediarlo, se aconsejó abrir el sector a nuevos mercados y hacer compatible la calidad con el turismo de masas. Con todo, el Índice de Actividad Turística de la UAB cuantificó un estancamiento en España todavía mayor. De acuerdo con sus pronósticos, el número de extranjeros que visitarán el país ascenderá a 60,5 millones, sólo un 2,3% más.



