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Demonios fuera

IGNACIO CAMACHOSI «la más importante experiencia democrática» española es, como

Actualizado 24/06/2006 - 07:35:03
SI «la más importante experiencia democrática» española es, como pretende la izquierda, esa Segunda República que acabó con varios cientos de miles de muertos en un baño de sangre, igual es preferible una aventura más modestita, como esta insignificante monarquía parlamentaria que ha traído treinta años de concordia, modernidad y desarrollo, y nos ha hecho miembros de pleno derecho de la Europa con la que soñábamos de jóvenes. Aunque todo eso haya ocurrido sin la providencial intervención de Rodríguez Zapatero, mecachis, y gracias a que entre todos decidimos olvidar el éxito resonante de aquella otra experiencia tan grata que condujo a nuestro pasatiempo histórico favorito: liquidarnos encarnizadamente los unos a los otros.
Pero bueno, si hay que recordar, pues se recuerda. O mejor dicho, se estudia, porque por fortuna la mayoría de nosotros, o sea, los españoles vivos, no tuvimos la dicha de vivir la famosa experiencia democrática. Yo no soy exactamente un especialista, pero he leído algunos libros, probablemente indocumentados, de autores como García de Cortázar, Tuñón de Lara, Payne, Bavío, Jackson o Bennassar, además de las memorias de un tal Azaña que se lamentaba del modo en que él y sus colegas habían hecho las cosas. Y, bueno, sin duda debió de ser aquello algo excitante: la quema de iglesias, el cuartelazo de Sanjurjo, la revolución de Asturias, reprimida a sangre y fuego -pregunta impertinente: ¿dónde estaba entonces el célebre capitán Lozano, abuelo de Zapatero?-, las agitaciones campesinas, los «paseos» de militantes políticos, el pistolerismo falangista y anarquista, la suspensión de la autonomía catalana -bonita experiencia-, la oposición socialista al voto femenino, los ajustes de cuentas diarios, todo ello culminado con el asesinato del jefe de la oposición y el golpe militar del 18 de julio. Qué movidón tan apasionante.
En cambio, lo que ocurrió a partir de la muerte de Franco fue de lo más aburrido. Llegó un Rey empeñado en restaurar la democracia sin pegar tiros, y la clase política se puso de acuerdo, mira tú qué ocurrencia: hubo amnistía, elecciones pacíficas, una Constitución, autonomías hasta de saldo, un Gobierno de izquierdas que duró trece años, otro conservador que duró ocho... y en medio de todo eso nos integramos en Europa, nos modernizamos y desarrollamos, se han levantado más escuelas y universidades que en toda la Historia, se han construido autopistas, transportes, hospitales, la gente vive de puta madre... ¿No era eso lo que querían los republicanos? Pena que no supieran lograrlo, entretenidos con la brillante experiencia democrática.
Pero al presidente y sus amigos esto de la concordia les produce mucho hastío, un tedio insoportable. Si no fuera por ellos no nos habríamos dado cuenta de que vivíamos en la abulia de un fracaso histórico: cuándo se ha visto en España una democracia sin bronca. Así que hala, a desenterrar muertos, a reabrir heridas, a resucitar demonios. Y el último, que apague la luz... si puede.
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