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Russafart

DETRÁS de este sencillo acrónimo de evocaciones arábigas, se alude a numerosos artistas plásticos que han instalado sus talleres en el barrio de Ruzafa durante los últimos años. Han tenido la feliz

Actualizado 24/05/2008 - 02:50:07
DETRÁS de este sencillo acrónimo de evocaciones arábigas, se alude a numerosos artistas plásticos que han instalado sus talleres en el barrio de Ruzafa durante los últimos años. Han tenido la feliz idea de organizar unas jornadas de puertas abiertas para los curiosos: los mirones, los compradores, los aficionados, los profesionales. Para todo aquel que quiera pasarse, hoy, sábado, día 24 de mayo, y mañana, domingo, 25 (entre las 11 y las 14 horas, y entre las 18 y las 21) por su casa, porque el taller es la casa verdadera del artista, el lugar en donde vive su yo más suyo, su más íntimo yo, que aunque no sea todos sus restantes al completo, siempre será un completo yo que dé a esos restantes un sentido.
Se podrán visitar los estudios de pintores, fotógrafos, grabadores, escultores, ceramistas. Habrá exposiciones colectivas y programaciones de videoarte. Seremos los huéspedes ocasionales, entre otros muchos, de José Saborit, Teresa Herrera Corduente, Javier Calvo, Hél_ne Crécent, Verónica Alarcón, el Magatzem d´art Marieta, Carmen Roglá. En el folleto publicitario que se ha editado para el acontecimiento, con la dirección de todos los participantes y con un mapa del barrio y la ubicación concreta de cada taller, se hace la promesa de agasajar al visitante con un ágape. Es una buena idea: comer y beber son por un lado, puras acciones, y por otro, contemplación pura, ensimismamiento y labor, como el mismo arte. Casan bien el vino y la mirada: el que despierta las lenguas y desata los apetitos, junto a la materia dispuesta para sugerirnos aventuras sensoriales. Lo cierto es que pinta bien lo que se pinta en Ruzafa, lo que se cuece, lo que bulle en las cocinas de los artistas que se han afincado en este barrio de artistas.
El artista verdadero, aunque no viva en artista durante toda la jornada (Dios nos libre del artista permanente, del propagandista de sí mismo), vive la mayor parte de ella en su lugar de creación, enfrascado en su tarea, y sólo de vez en cuando se marcha a la vida otra. Entrar en un estudio, en un taller, en un despacho, siempre significa asomarse a la interioridad de una manera más evidente, acceder a un territorio del mundo ajeno que por lo común sólo podemos imaginar, intuir. La mayor parte de nuestros roces con los demás se produce en tierra de nadie -al aire libre, en los espacios públicos-, en donde no hay ofrecimiento de nuestra -llamémosla así- trastienda física.
Como no puedo dejar de contemplar las cosas desde un punto de vista literario, confieso que esta idea desata mis ocurrencias. Los escritores, en el caso de hacer unas jornadas de puertas abiertas, ¿qué íbamos a mostrar a los visitantes? ¿Nuestra pantalla del ordenador con las últimas páginas de la novela en marcha? ¿Nuestros cuadernos de anotaciones ininteligibles? ¿Nuestra biblioteca? Son nuestras formas de la intimidad, nuestras formas de proteger la intimidad contra el mundo exterior, que es a lo que se le está abriendo la puerta cada vez que franqueamos el paso a los extraños. En toda invitación existe algo de desnudamiento, de relativo impudor, como en la misma obra de arte. En toda visita se anuncia la incógnita de lo que está por suceder, que puede ser cualquier cosa, la aventura del mundo a la que la obra de arte también alude. En toda bienvenida -la que nos da nuestro anfitrión, y a la que correspondemos como visitantes- laten las ilusiones del hombre: queremos que algo pase, buscamos que algo ocurra. Adentrémonos, pues. El arte de Ruzafa está apunto de manifestársenos.
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