Gente

ÚLTIMA HORA
La Policía registra la casa de Oleguer Pujol

Hemeroteca > 24/04/2009 > 

Segismunco Casado: el final de una guerra

HACE cuarenta años, España era un país rebosante de juventud, que disfrutaba de un gran crecimiento y que bailaba al ritmo del Dúo Dinámico. Faltaba poco para que los americanos pisaran la Luna

Actualizado 24/04/2009 - 02:57:54
HACE cuarenta años, España era un país rebosante de juventud, que disfrutaba de un gran crecimiento y que bailaba al ritmo del Dúo Dinámico. Faltaba poco para que los americanos pisaran la Luna, Guinea se había independizado y a la Dictadura le preocupaba ante todo evitar que se repitiera aquí un mayo francés. Así que cuando a las siete de la tarde de un 18 de diciembre de 1968 fallecía en la Clínica de la Concepción don Segismundo Casado López, pocos llegaron a enterarse. No hubo periodistas en su entierro, pero sí bastantes representantes de las dos Españas... Alguna breve referencia en varios periódicos y una esquela en ABC fueron los únicos fastos que honraron el tránsito de quien diera su nombre al «golpe de Casado», que puso un punto y final a nuestra gran tragedia nacional.
Recordemos los hechos: en febrero de 1939, Casado era jefe del Ejército del Centro. Tras el desastre de la campaña del Ebro y la toma de Barcelona, la República había perdido la guerra. Estaban refugiados en Francia la mayoría de los diputados y altos cargos republicanos, incluido el presidente Azaña. Los únicos poderes reales que le quedaban a la República eran su Ejército, su flota de Cartagena, unos pocos aviones, y el gobierno de Negrín, que regresó a la Península cuando se rumoreaba ya que el general Miaja iba a tomar el poder para conseguir una paz entre militares. Franco sólo admitía una rendición incondicional y publicó la Ley de Responsabilidades Políticas, que criminalizaba retroactivamente a todos los partidos del Frente Popular.
El 27 de febrero, tras reconocer Francia y el Reino Unido a Franco, Azaña presentó su dimisión. Negrín no se creyó obligado a hacerlo también, ni Azaña pensó en cesarle. A los pocos días, Negrín realizó una serie de nombramientos en el Ejército que suponían encumbrar todavía más a sus partidarios comunistas. Esos nombramientos, en parte difundidos en ejemplares de diarios oficiales que tuvieron escasa circulación, tenían que aparecer publicados en la Gaceta de la República del 6 de marzo.
Ante ese panorama, todos los partidos del Frente Popular -con excepción del Partido Comunista y de la facción socialista favorable a Negrín- apoyaron la constitución del Consejo Nacional de Defensa, en la noche del 5 al 6 de marzo. Aunque en Madrid quien diera el golpe fuera Segismundo Casado, acabaría siendo Miaja quien presidiera el Consejo.
Negrín huyó a Francia al tiempo que los comunistas de Madrid se alzaban en armas contra el naciente Consejo, quien sólo controló la situación al cabo de una semana, y tras haber perdido la flota, entregadaa los franceses en Bizerta.
El mal llamado «golpe de Casado» no fue el golpe de un solo hombre, sino la reacción final de todo el Frente Popular contra Negrín y sus partidarios comunistas, y pretendió poner fin a una guerra inútil, ahorrándole al pueblo la muy relativa gloria de una resistencia numantina: hubo quien pensó en dinamitar medio Madrid para que los nacionales sólo encontraran ruinas... También quiso Besteiro conjurar la posibilidad de que en venganza por la inminente entrada de los nacionales se repitiera una matanza como la de Paracuellos.
El Consejo Nacional de Defensa alcanzó uno de sus objetivos: acabar con la lucha fratricida, pero fracasó a la hora de conseguir condiciones honrosas para los vencidos y asegurar la evacuación de los más amenazados por las represalias de los nacionales, que rompieron motu propio las negociaciones y emprendieron la rápida ocupación de la zona republicana, sin encontrar resistencia.
Casado pudo embarcarse in extremis en un barco hospital británico, en Gandía, sin un duro y sin su familia, que los nacionales capturaron al asaltar la legación de Panamá, donde se acababa de refugiar. Vivió Casado en Inglaterra varios años, publicó allí sus memorias, traducidas al inglés, y durante la II Guerra Mundial colaboró con los noticieros de la BBC, con el seudónimo Juan de Padilla.
Acabada la guerra fue a trabajar a Colombia y pasó luego a Venezuela donde una compañía láctea lo nombró inspector general. En 1951 se trasladó su familia de España a Venezuela y pudo su hijo, con catorce años, conocer por fin a su padre. En 1958 sufrió una primera trombosis coronaria, jubilándose en 1961. En septiembre de ese año regresó a Madrid y se instaló en un piso de Cea Bermúdez. Un tribunal militar inició un consejo de guerra en 1964 y dictó sentencia en diciembre de 1965, absolviéndole de todos los cargos. En 1966 sufrió una segunda trombosis.
A partir de octubre de 1967 inicia Casado la publicación de sus recuerdos, una versión manipulada de sus memorias inglesas, en el diario Pueblo que luego se editarían como libro. Acabó sus días en la Clínica de la Concepción de Madrid, el mismo día en que nacía el cantante Alejandro Sanz.
El mejor epitafio sobre Casado y su importancia histórica son estas palabras de un gran español, don Rafael Sánchez-Guerra:
«(...) Tal vez dentro de unos cuantos años, cuando se serenen los ánimos, cuando se aquieten las pasiones, cuando en España sea posible la convivencia, se le rendirá a Casado,por derechas y por izquierdas, el tributo de admiración y de gratitud a que se ha hecho acreedor. Él ha querido poner fin a la guerra de un modo pacífico y digno y no lo ha logrado por la intransigencia y por la soberbia de los vencedores, pero España entera, de un modo especial la retaguardia y la población madrileñas, le debe el ahorro de muchos momentos de angustia que aún le aguardaban».
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.