
La diplomacia española ha dejado la resolución de la crisis del «Playa de Bakio» en manos de un experto negociador curtido en complicados frentes. Nicolás Martín Cinto (Madrid, 1944) ejerce ahora como embajador de Kenia pero a comienzos de los 90 tuvo un papel decisivo en las negociaciones impulsadas en aquel entonces con el Gobierno español con los dirigentes de ETA en la República Dominicana.
Algunos expertos en la lucha antiterrorista le identifican con «El Botijero», nombre en clave que la cúpula de la banda terrorista daba a su interlocutor en las conversaciones desarrolladas con las autoridades españolas. Segun estas fuentes, Martín Cinto fue enviado por el Ejecutivo de Felipe González para reuniera en Santo Domingo con Eugenio Etxebeste, «Antxon». Hasta en cinco ocasiones se entrevistaron, entre el 15 de marzo y el 20 de junio de 1990, con la supervisión del entonces secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera.
Nacido el 7 de noviembre de 1944 en Madrid, Martín Cinto es licenciado en Derecho. Ingresó en 1979 en la carrera diplomática y desde entonces ha sido cónsul en numerosos destinos: Metz (Francia), Bremen (Alemania), Marsella (Francia), Mónaco y Rosario (Argentina).
En la época de las conversaciones con ETA en Santo Domingo, Martín Cinto ostentaba el cargo de vocal asesor en el Gabinete del Subsecretario de Asuntos Exteriores y en el Ministerio del Interior. En julio de 1987, el entonces subsecretario de Exteriores, Fernando Perpiñá, le nombró coordinador de la política exterior antiterrorista. En Interior, su responsabilidad consistía en coordinar los contactos con el grupo de Trevi que, integrado por los ministros de Interior, constituyó el primer esfuerzo conjunto por coordinar la cooperación policial en la lucha antiterrorista. También servía de enlace permanente con las embajadas españolas y el ministerio de Asuntos Exteriores. En esa época era conocido con el apodo de «Ceaucescu», por su gran parecido físico con el dictador rumano.
Con las enfermeras
En 2006 fue nombrado embajador en Kenia. Y en diciembre pasado tuvo que intervenir en el secuestro de dos cooperantes de Médicos sin Fronteras, la española Mercedes García y la enfermera argentina Pilar Bauzá, también en Somalia. Nicolás Martín Cinto negoció durante diez días directamente con los captores con éxito: a principios de enero fueron liberadas sanas y salvas. Tanto el ministro Moratinos como la ONG negaron el pago de rescate alguno, aunque los secuestradores pedían 250.000 dólares. «Martín Cinto ha hecho un trabajo encomiable», le elogió después Moratinos.



