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De matanza en matanza

T eóricamente la educación reglada se mide por asignaturas completadas, cursos superados y calificaciones finales. Pero para Regina Rohde, una típica joven estadounidense de veintitrés años, su

Actualizado 24/04/2007 - 03:03:29
T eóricamente la educación reglada se mide por asignaturas completadas, cursos superados y calificaciones finales. Pero para Regina Rohde, una típica joven estadounidense de veintitrés años, su trayectoria como estudiante se mide por otro listón mucho más complicado: el haberse cruzado dos veces consecutivas en el camino de enloquecidos compañeros con acceso a armas de fuego y empeñados en causar el mayor dolor posible.
El pasado lunes 16 de abril, Regina se encontraba en el campus de la Universidad Politécnica de Virginia cuando el surcoreano Cho Seung-hui empezó su plusmarca de violencia armada que se saldó con 32 víctimas mortales antes de pegarse un tiro en la cabeza. Para Regina, matriculada en un máster de ciencias de la pesca y la fauna, la tragedia tenía bastante de «déjà vu». Ya que como alumna de bachillerato le tocó también pasar por el calvario del asalto al instituto de Columbine. Perpetrado el 20 de abril de 1999 por sus compañeros Dylan Klebold y Eric Harris, quienes asesinaron a doce estudiantes y un profesor antes de suicidarse.
Desde este paradójico colmo de las casualidades, la joven ha explicado a la cadena NBC que su primera reacción la semana pasada fue preguntarse cómo es posible que algo así pueda ocurrir una y otra vez en Estados Unidos. Entre un familiar rosario de cuestiones sin respuesta sobre qué hacer, a dónde ir o quiénes son las víctimas. Aunque, según Regina, «por alguna razón, no empecé inmediatamente a revivir lo que ocurrió hace ocho años hasta que pasó un buen rato».
Regina Rohde cursaba en 1999 su primer año de bachillerato en Columbine. Pero tuvo la gran suerte de salir de la cafetería del «high school», el epicentro del asalto, justo antes de que las primeras llamadas de auxilio llegaran a la Policía. «Me pasé buena parte de aquel día sentada en una casa próxima, viendo las noticias, algo similar a lo que hice el pasado lunes en la Politécnica de Virginia», ha explicado la perpleja y afortunada joven.
Su consejo para sus compañeros de universidad, que ayer volvían a reanudar las clases, es que «se requiere un montón de tiempo para recomponerse y continuar». Pero a pesar de todos los esfuerzos por pasar página cuanto antes, «la normalidad nunca vuelve realmente, lo que se tiene es otra definición de normal». Una definición que tiene que hacer sitio a tragedias adicionales como la de Jeff Soriano. Un estudiante de primero de ingeniería de la Politécnica de Virginia que tras ser recogido por su padre tras el tiroteo, encontraba la muerte este viernes al estrellar su coche contra un árbol.
POR PEDRO RODRÍGUEZ
REUTERS
Miles de estudiantes recordaron a las víctimas en la vuelta a clase en Virginia
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