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El guardián de las palabras

«A las 11 de la mañana recibí noticias demoledoras. Me informaron de que habían asesinado a Ali Salih delante de su hermana menor. Ali era un joven brillante. Le había enviado a Florencia, Italia

Actualizado 23/11/2007 - 10:01:37
«A las 11 de la mañana recibí noticias demoledoras. Me informaron de que habían asesinado a Ali Salih delante de su hermana menor. Ali era un joven brillante. Le había enviado a Florencia, Italia, para formarse como diseñador de páginas web. Ali era el símbolo de la modernización y del proceso de reforma de la Biblioteca Nacional y el Archivo». Justo hace un año, Saad Eskander escribía estas desgarradoras palabras en su diario. Sobre los hombros de este hombre delgado, casi enjuto, sereno y sosegado (aunque tantas procesiones vayan por dentro) descansan siglos de historia y la responsabilidad (siempre terrible, pero más en tiempos de guerra) de cuidar y guardar legajos milenarios, las palabras de quienes dieron aliento a la civilización humana. Eskander es el Director de la Biblioteca y el Archivo nacionales de Irak, y participa en estos días en las IX Jornadas de Gestión de la Información que, organizadas por la Asociación Española de Documentación e Información se celebran en nuestra Biblioteca Nacional, a unos pasos del Prado, cuyas obras de arte protegieron un puñado de españoles en los tiempos oscuros y terribles de los bombardeos sobre Madrid. Eskander conoce esta historia, porque durante dos años estudió a fondo nuestra cultura contemporánea. Conoce esta historia y conoce otras muchas, la mayoría historias para no dormir, historias que le ponen a él y a sus colaboradores en el centro de la diana de todos los extremismos.
Casi cinco años después de los saqueos que sufrió la Biblioteca, Saad Eskander asegura que ahora su país lo que necesita «no son críticas, sino inversiones», anque no olvida a los culpables de aquellas masacres contra la memoria babilónica y de todo el género humano: «Los primeros responsables son los norteamericanos, porque en aquel momento ellos dirigían el país, y en ellos recaía la responsabilidad de protegerlo de estas acciones».
Eskander también cree que su propio Gobierno no invierte lo suficiente en la cultura, aunque está convencido de que en situaciones como la iraquí, «la cultura y la palabra tienen un papel crucial para acabar con la guerra y para propiciar el entendimiento entre todos, al margen de lass creencias». Eskander es el guardián entre el centeno de la violencia, el guardián de la esperanza, el guardián de los tesoros que un día habitaron en las callejuelas de Bagdad, Babilonia, Nínive. «Lo que de verdad merece la pena, por lo que nos jugamos la vida, no es únicamente defender la cultura árabe o iraquí sino la cultura humana, la cultura universal». A veces, los héroes se visten de bibliotecario.

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