sábado, 21 de noviembre de 2009
Valoración:
John Boyne, un niño irlandés tímido y nervioso, tardó sesenta horas en escribir «El niño con el pijama de rayas» (Salamandra), el gran acontecimiento literario mundial. Fue al amanecer del
Boyne es autor de «El niño con el pijama de rayas»
Boyne es autor de «El niño con el pijama de rayas»
23-9-2008 11:28:21
John Boyne, un niño irlandés tímido y nervioso, tardó sesenta horas en escribir «El niño con el pijama de rayas» (Salamandra), el gran acontecimiento literario mundial. Fue al amanecer del antepenúltimo día del mes de abril de 2004. En un rapto de inspiración, Boyne se transformó en un niño de nueve años para susurrar la historia de amistad entre Bruno, hijo de un oficial nazi, y Shmuel, un niño judío, en Auschwitz, donde lo que «les divide es la buena o la mala suerte». El Holocausto, la barbarie, el exterminio para nunca olvidar desde la demoledora ficción y el cine: la película se ha presentado en San Sebastián, y se estrena en España este fin de semana.
Otro niño, John Jacob Tursntile, viaja en la nave mítica Bounty, cuando a la Armada de su Majestad no había quién le tosiera en los mares del sur y del norte, del nuevo y del viejo mundo. Y con él se «embarca» John Boyne en su nueva aventura literaria: la revisión del «Motín en la Bounty» (Salamandra), acaecido en 1787. Boyne confiesa que fue un niño «sin ninguna confianza en mí mismo durante muchos años, y si estos niños narradores tienen algo de mí es eso, lo que caracteriza mi propia infancia».
-En «Motín en la Bounty» rescata usted al denostado capitán William Bligh y le ajusta las cuentas al «héroe» iconoclasta Fletcher Christian. ¿La historia de ese motín se contaba «al revés»?
-El cine ha retratado mal a Bligh. Se le presentaba como el villano o el malo de la película. A medida que investigué me di cuenta de tamaña injusticia que se comete con Bligh. He estudiado las transcripciones del juicio, los apuntes y los hechos de la vida del capitán, lo que se escribió durante dos años después del motín y todo ello me ha revelado que Bligh no era un sociópata tal como lo retratan. Bligh es un hombre bueno, no perfecto, de fácil enfando, y al que le gusta vivir en el barco más que en la isla.
-Fletcher (o sea Gable o Brando), ¿es el malo de la película?
-Cuando la gente piensa en Fletcher lo hace en un héroe, guapo, que se rebela en contra de un dictador... Fletcher condena a los dieciocho amotinados a morir de hambre y de sed, y, aunque parezca atormentado, lo hace. Es un crimen, un asesinato. Yo quería ahondar en todo eso, retratarlo como alguien capaz de ese crimen. Fletcher provenía de una familia aristocrática, tradicionalmente adinerada, pero venida a menos. Aunque Bligh es la autoridad lo tratan como un criado. En cambio, Fletcher no soporta no ser el comandante.
-¿Dónde se engendra ese mal?
-En «Motín en la Bounty» el mal se reviste de egoísmo de los otros marineros que no quisieron volver a Inglaterra. En cambio, en «El niño...» es un odio basado en el prejuicio por razones históricas y sociales. En los dos libros hay como una subversión del personaje tradicionalmente malo. En «Motín...» se subvierte la visión de Bligh como malo, y en «El niño...» el padre de Bruno, que es un personaje monstruoso, malvado, está retratado bajo una luz distinta, lo que le hace como más estremecedor.
-¿Las dos novelas están narradas por la mirada inocente de tres niños: Bruno, Turnstile y Boyne?
-En ambas obras hay un narrador joven, que no sabe nada de la Historia, ni tiene sensibilidad adulta. No hay prejuicios. Cuenta lo que ve. Es mi forma de no dirigir al lector. Es la inocencia. El joven Turnstile madura a lo largo del viaje en la Bounty, pero lo que ve le cambia. Bruno acaba formando parte de la Historia, aunque no se da cuenta. Turnstile «afecta» más a la Historia. Los niños dicen lo que ven, no mienten.
-¿Cómo lleva el éxito?
-Pasé momentos duros cuando promocionaba «El niño con el pijama de rayas» al conocer a supervivientes del Holocausto, gente maravillosa, que contaba lo padecido. He conseguido lo que siempre quise ser: un escritor de éxito, pero también soy humano y uno tiene que aprender a llevar ese éxito. Al mismo tiempo escribía «Motín en la Bounty» pensando que iba a ser un libro mucho más ligero, energético, divertido, pero a medida que profundizaba se hacía más oscuro. He elegido no dejar que el éxito de «El pijama...» se convierta en negativo. Probablemente sea el libro de más éxito que escriba.
-¿Qué tienen de Boyne los ojos de los niños Bruno y Turnstile?
-Estos dos niños sí que tienen algo de mí, en el sentido de que suelo escribir desde el punto de vista de niños que tienen la impresión de no ser lo suficientemente valientes para hacer todo lo que quieren hacer. Bruno ambiciona ser explorador, Turnstile escritor. Bruno es muy imaginativo, quiere leer novelas de aventuras, pero no le dejan, tiene que leer libros de no ficción que realmente le van a lavar el cerebro. Turnstile tiene cierta libertad cuando está en el barco, en la isla total, y al final él nos da una lección sobre la libertad.

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