
Hoop Schefer (a la izquierda) y el anterior secretario general, Lord Robertson. EPA
BRUSELAS. Si los gestores de la Alianza Atlántica hubiesen dado muestra en otros asuntos de la misma delicadeza y discreción con la que han gestionado la sucesión de Lord Robertson como secretario general de la organización, probablemente se hubieran ahorrado no pocos disgustos.
En este caso, el procedimiento tradicional de ponerse de acuerdo antes de escenificar la votación ha dado como resultado que, como se esperaba, el holandés Jaap de Hoop Scheffer fue designado ayer como nuevo secretario general de la OTAN.
El refinado procedimiento consistió en una reunión informal del Consejo Atlántico por la mañana en la que se puso de manifiesto que todos estaban de acuerdo y una nueva reunión, esta vez formal, justo después del almuerzo, en la que todos los 19 embajadores se manifestaron de acuerdo en «invitar» a Hoop Scheffer, actual ministro de Asuntos Exteriores holandés, a ocupar el puesto. En su nombre, el embajador de los Países Bajos respondió afirmativamente.
«Estoy muy contento por que hayamos encontrado el hombre adecuado para asegurarnos de que la OTAN va a seguir siendo la más exitos organización defensiva del mundo».
La fama de Hoop Scheffer es, en efecto, la de un europeísta que al mismo tiempo tiene buenas relaciones con Estados Unidos, algo que todos los observadores han subrayado como el mejor síntoma de que el que lleve las riendas de la OTAN deberá hacer prueba de una habilidad especial para mantener en la misma longitud de onda las sensibilidades de las dos orillas del Atlántico.
El secretario general saliente, Lord Robertson, ha sido probablemente el más dotado para entender a los norteamericanos dada su condición de británico, pero al mismo tiempo también ha sido el que ha tenido que afrontar la peor crisis que ha vivido la organización desde que acabó la guerra fría, y aún se puede percibir en los pasillos de la sede bruselense de la OTAN que no están del todo curados. De hecho, la elección de Hoop Scheffer se ha retrasado más de lo previsto, porque Francia ha estado alentando al actual ministro canadiense de economía, John Manley.
Como las candidaturas no se presentan oficialmente, tampoco ha hecho falta retirarla, pero es un hecho que la postura francesa ha sido la última en alinearse con el consenso mayoritario.
Proceso secreto
Los embajadores han decidido, sin embargo, olvidar cualquier incidencia en la negociación, «pelillos a la mar», y poner cara de poker cuando se les preguntaba sobre ello: «No haré ninguna declaración sobre los detalles del proceso que ha llevado a la elección del nuevo secretario general», era el invariable rictus de todos los embajadores que estuvieron ayer al alcance de los periodistas.
Después de cuatro años de mandato, Lord Robertson se mantendrá el frente de la OTAN hasta el 31 de diciembre y dedicará los meses que le quedan a una gira de despedida por todos los países miembros, sobre la que los expertos de la Alianza insisten en que no se deben perder los detalles. Robertson desea decirle a cada Gobierno lo que tal vez no ha podido hasta ahora, por lo que se esperan coninterés las escalas en lugares como Berlín, París o la misma Bruselas, de donde partieron las instrucciones para bloquear el funcionamiento del Consejo Atlántico durante las semanas que precedieron el conflicto de Irak.
Hoop Scheffer por su parte, entrará en funciones el primero de enero, en un momento que muy probablemente tampoco le resultará cómodo. Desde que acabó la guerra fría para que la OTAN fue creada, la alianza militar de occidente ha estado más ocupada que en los últimos 50 años y lo que tiene ante sí no parece un escenario sencillo. Sobre el terreno tiene bajo su mando misiones tan delicadas como la de Afganistán y no se puede descartar que acabe teniendo que ocuparse también de Irak. En los despachos y cuarteles, el principal objetivo es el despliegue real de la Fuerza de Respuesta de la OTAN (NRF de sus siglas en inglés). Y por si fuera poco, deberá tratar de lograr que los intentos de reforzar la unidad de la defensa europea no entren en conflicto con los equilibrios transatlánticos.



