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Félix de la Concha: «Puestos a elegir un ismo, prefiero el de «yomismo»

Pinta y mucho, allá en los Estados Unidos. Acaba de inaugurar una exposición sobre la Casa de la Cascada (Fallingwater) de Frank Lloyd Wright, en Nuevo México. Y la próxima temporada desembarcará en

Actualizado 23/08/2007 - 21:16:58
Pinta y mucho, allá en los Estados Unidos. Acaba de inaugurar una exposición sobre la Casa de la Cascada (Fallingwater) de Frank Lloyd Wright, en Pensilvania. Y la próxima temporada desembarcará en la galería Leandro Navarro de Madrid con su obra reciente y también con su impresionante serie de cuarenta retratos, su fotomatón pictórico, realizado hace algún tiempo.
-Empezó a interesarse por la pintura cuando iba de pesca con su padre. ¿Fue la Naturaleza su primera y mejor maestra?
-La academia recomendaba observar la Naturaleza y también aprender de los maestros. Ignorar la academia es como querer olvidar la historia. Yo nací en León, y aparte del panteón románico de San Isidoro, y las vidrieras de la catedral, de pintura poco más se podía ver. Por suerte, a mi padre le solían regalar por Navidad libros de arte, que fueron fundamentales en mi formación. Luego, los domingos íbamos toda la familia de pesca. Allí aprovechaba para hacer mis primeros pinitos de pintura al aire libre.
-Parece que los pintores hoy no pisan la Naturaleza y prefieren recluirse en sus estudios.
-Esa reclusión no siempre es voluntaria. Nunca se ha pintado más que ahora, y nunca se ha despreciado la pintura tanto en ciertos circuitos de legitimación del arte. Hay gente apegada a un fanatismo teórico y una carencia absoluta de sensibilidad que genera una actitud propia de un talibán. A veces es el propio montaje verbal lo que les impide llegar a la intuición creadora, es el fenómeno del oscurecimiento verbal. Por eso es más difícil encontrar una buena crítica de arte que un buen cuadro.
-Pintando al natural, supongo que la sombra de los impresionistas es alargada.
-Sí, por supuesto. Sin olvidar que el impresionismo surgió a partir de los nuevos descubrimientos sobre la naturaleza de la luz y ciertos avances técnicos. Entre otros la de la naciente fotografía. Los pintores fueron los primeros en desarrollarla. Ahora las barreras entre la fotografía y la pintura cada vez son más de definición. Para mí hacer photoshop es ya un modo de pintar. Con todo, aunque yo no uso la fotografía para pintar, ésta me interesa y me influye, porque está en nuestra estética cotidiana.
-¿Una imagen (fotográfica) vale más que mil pinceladas?
-En la pintura encuentro otras cosas que una foto categóricamente no me da. Pintar en el lugar, desde la primera hasta la última pincelada, me permite captar otra luz, otra perspectiva más personal, que desarrolla un gesto propio. Pinto lo que encuentro en mi entorno. Me interesa la vivencia, la aventura de cada día, el hecho de estar allí, de tener que estar allí, de saber que he tenido que estar allí para plasmar cada cosa que he representado en el lienzo. Tampoco me preocupa si lo que represento está luego perfectamente logrado a nivel formal, no soy esteticista.
-¿Las realidades que usted nos muestra son objetivas, o a través de su paleta se subjetivan?
-No existe una realidad objetiva. Y tampoco es posible pintar lo que se ve. La percepción es mucho más compleja de lo que parece. Por eso no se puede ser ni objetivo, ni realista. El término realismo es chirriante. De poner un ismo, prefiero el de «yomismo».
-La experiencia de «Fallingwater» ha tenido que ser excitante.
-Sí, muy intensa. La casa ahora funciona como museo, y yo la había visitado como mero turista años antes. Y ahora me enfrentaba ante una casa archiconocida, la más bucólica, la más fotografiada en el mundo. Cómo no caer en pintar una postal, lo que lejos de preocuparme, fue un aliciente. Porque así se podría poner más de manifiesto lo que la pintura tiene de propio, aun la mal llamada pintura «de realismo fotográfico».
-Aparte del talento pictórico de qué tuvo usted que echar mano allí: de la paciencia, de la observación, de los estados de la luz...
-Tuve que atenerme a que la casa está siempre llena de turistas. Hay visitas guiadas, y no podía interrumpir ese programa. Por suerte, debajo de la primera cascada hay una explanada de acceso restringido, desde donde me interesó pintar una serie de gran formato. Fuera de horario también era más libre, al quedar la casa para mí sólo.
-Así que se hizo usted el amo de una de las casas más famosas del mundo.
-Como la casa cierra en la temporada de invierno, también dispuse de todos esos meses para hacer una gran panorámica en el interior. Fue todo un lujo. Me pasaba allí día y noche. Quería reflejar el paso del tiempo durante todas las horas del día. Al final, debo ser la persona que más ha vivido en esa casa de continuo, ya que está pensada como casa de recreo. Porque uno puede acabar desequilibrado si vive siempre allí, con el constante ruido de la cascada. Acabé comprándome unos auriculares bien gordos para amortiguarlo y a veces añadía unos tapones para los oídos.
-Imagino ese lugar en silencio, sólo roto por los pájaros y el agua de la cascada. ¿Puede el silencio incorporarse a una obra?
-Hay gente que comenta al ver mis cuadros de las cascadas que oye caer el agua. Alguien me sugirió poner el sonido en la exposición, pero prefiero que se contemple en silencio, precisamente porque deja imaginar ese ruido.
-La arquitectura también es fundamental en su obra.
-La arquitectura en su sentido amplio, llámese cualquier construcción. Y en cada tiempo. El tiempo es un concepto esencial en mi obra. Pinto mi entorno, y a él me someto. Por eso en cada sitio me surgen ideas diferentes.

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