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Bush propone la tala de árboles para acabar con los incendios forestales

El presidente George W. Bush emprendió ayer viaje al noroeste del país desde su rancho en Texas para examinar los estragos de un gigantesco incendio en Oregón y proponer la tala de árboles en los bosques más densos como una forma de atajar la marea de fuegos forestales que sólo este verano ha devastado casi 2,5 millones de hectáreas en Estados Unidos. Demócratas y ecologistas han puesto el grito en el cielo.

Actualizado 23/08/2002 - 23:31:58
George W. Bush.Reuters
George W. Bush.Reuters
Un presidente que fundó su fortuna en la industria petrolífera y que ha sido acusado de favorecer los intereses de las grandes corporaciones, especialmente las vinculadas a la energía y la explotación del subsuelo, anunció ayer medidas que han sido recibidas con especial entusiasmo por la industria maderera: relajar las condiciones de protección de los bosques en manos del Gobierno federal o los Estados para trazar nuevos accesos, limpiar arbustos y malezas que en tiempo de sequía se convierten en combustible de primera magnitud y, sobre todo, permitir la tala de árboles en las superficies forestales más pobladas para evitar que los incendios se vuelvan más fieros e incontrolables.
Después de que dos de los últimos tres veranos (incluido éste) figuren entre los más catastróficos desde que se registra el número de incendios y las hectáreas arboladas que son pasto de las llamas, la Casa Blanca anunció ayer planes que van mucho más allá de los centenares de millones aprobados por el Congreso para retirar malezas, árboles caídos o de escasa envergadura para hacer los bosques estatales menos susceptibles de ser convertidos en piras gigantescas en tiempos de extrema sequía, como en los últimos años. Tan sólo en lo que va de verano, la superficie quemada, sobre todo en Arizona, Nuevo México, Colorado y Oregón, equivale a la extensión conjunta de Rhode Island y Connecticut.
Pero las medidas propuestas por Bush, aireadas primero en un artículo escrito por Gale Norton, secretaria del Departamento de Interior, en el que se hace hincapié en la necesidad de «gestionar» adecuadamente los bosques nacionales, bajo principios que tratan de equilibrar conservacionismo con rentabilidad, han sido ásperamente criticadas por algunos demócratas y grupos ecologistas. Allen Mattison, portavoz del Club Sierra, declaró ayer al «New York Times» que las intenciones de la Casa Blanca supondrían «abrir de par en par puertas para la tala a gran escala» en zonas protegidas.
Preservación a ultranza
Sin embargo, y a raíz de la intensidad de los incendios que en junio devastaron grandes zonas de Arizona y Nuevo México, algunos medioambientalistas y expertos en incendios forestales señalaron que detrás de algunos de los fuegos más salvajes e incontrolados podría encontrarse la política de preservación a ultranza, ya que la propia naturaleza tiende a propiciar la contención y renovación de la masa forestal con fuegos fruto de rayos y tormentas.
La lucha contra todos los fuegos ha hecho disminuir el número de incendios, pero como contrapartida los que escapan durante días al control humano son de mayor escala y de efectos devastadores. A eso hay que añadir el traslado masivo de población a Estados del centro y sur del país y la construcción de viviendas cerca o en el interior de bosques especialmente densos, con lo que el peligro de pérdidas humanas y económicas se multiplica.
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