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La violada

Actualizado 23/07/2003 - 01:18:36
RAFAEL Simancas, Rafa para el Zapa, se nos presenta como «la violada de Madrid», que la metáfora manda huevos. Viviera Góngora y le daba masculillo al metafórico. Vamos conociendo más pormenores de la violación, porque ahora sabemos que además de perpetrarse en un callejón oscuro, a la violada le han robado el bolso, y parece ser que eso es lo que más duele. Lo del golpe de Estado con cheques en vez de tanques se ha quedado en un tirón del bolso. Le está empleado a Simancas por meterse en un callejón oscuro, el bolso en la mano, con minifalda, en tanga y enseñando la coyuntura del tafanario.
Pero «no te preocupes, Rafa -le ha dicho el Zapa-, que nadie te va a quitar la presidencia de Madrid». Y eso lo ha dicho un hombre, tres años ya en la secretaría general del partido, muñida por Tamayo y por Balbás, no me digas más. O sea, que la violación no va a tener consecuencias y se va a recuperar el bolso. El Rafa, animado por las palabras del Zapa, ha echado su órdago: «Si hay que ir a nuevas elecciones, se va y se ganan». De todas maneras más vale probar antes cualquier otra solución, sin llegar, claro está, a ponerle a Esperanza Aguirre un caballo degollado en la cama.
El Zapa se ha ido a Parla a darle al Rafa el compasivo consuelo. «Nadie te va a quitar Madrid». Igual que en la Reconquista algunos reyes se iban a Toledo, a Toro o a Medina del Campo para hacer las declaraciones solemnes, el Zapa se va a Parla. Lo más curioso del acto de Parla es que los dos protagonistas, el Zapa y el Rafa, se habían cambiado sus chaquetas antes de la función. El Zapa llevaba la chaqueta más clara que los pantalones, y el Rafa los pantalones más claros que la chaqueta. Eso debe de ser un símbolo de la unidad abrazando la diversidad, o de la diversidad dentro de la unidad, que es a lo que aspira el Zapa y lo que ahora priva dentro del PSOE, con Pepiño Blanco y la de fregar Caldera, que dice Umbral, ese extraño columnista que lee a los clásicos. Paco Vázquez, Odón Elorza, Marcelino Iglesias, Pasqual Maragall, Pasqual I, o sea, Pepe Bono y Rodríguez Ibarra son la diversidad. Y todos ellos se juntan en el Zapa, que es la unidad.
Digo que vamos sabiendo más pormenores de la violación de Madrid. Ya conocemos el móvil del delito. No le den ustedes más vueltas a la noria ni le busquen los cinco pies al gato. El móvil no era el golpe de Estado, ni el pelotazo financiero de la construcción, ni la resistencia a que Madrid disfrutara de un «gobierno de progreso», ni el soborno de «corrutos» para que no triunfe la izquierda en la nueva batalla de Madrid. La causa es el miedo. La derecha, Aznar, sus probables sucesores y la marquesa pija tienen un miedo insuperable a perder las elecciones generales del 2004, así como lo oyen, y el remedio mejor que se les ha ocurrido es violar a Simancas en un callejón oscuro y robarle el bolso.
Y es que algún brujo o nigromante, Aramís o Rappel, yo qué sé, predijo que a los cuatro años de que Balbás pusiera al Zapa en la cumbre del PSOE, éste vencería en unas elecciones generales y entraría triunfal en la Moncloa. De momento ha empezado por Parla, que es lo suyo.
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