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Entierro bajo el ritual chino

TEXTO Y FOTO:JOSÉ REYES CALEROTORRIJOS. Existen leyendas urbanas sobre la muerte y funerales de los emigrantes chinos en España, pero nada tienen que ver con la realidad. La pérdida de un ser querido

Actualizado 23/05/2009 - 02:49:12
TEXTO Y FOTO:
JOSÉ REYES CALERO
TORRIJOS. Existen leyendas urbanas sobre la muerte y funerales de los emigrantes chinos en España, pero nada tienen que ver con la realidad. La pérdida de un ser querido conlleva sentimientos profundos, aunque quizás, en la mentalidad china, las muestras de dolor se mitigan por las creencias religiosas y las antiquísimas costumbres ante las exequias del finado.
Nanxun-Zhoou, un chino de 75 años, murió la semana pasada en un centro hospitalario de Toledo aquejado de múltiples patologías. Había nacido en la ciudad de Hanzbou, en la provincia de Zhejiang, al sur de Shangai.
La ceremonia de defunción se celebró el miércoles en el cementerio-tanatorio de Illescas, construido por el Ayuntamiento y gestionado por la empresa Algomsa. La familia de Nanxun eligió este lugar porque podían llevar a cabo el funeral acorde con sus tradiciones. Las peculiares formas de realizar las plegarias al difunto no se pueden llevar a cabo en cualquier tanatorio, salvo en la capital de España.
Según los allegados del finado, el rito del entierro no se corresponde a una religión específica, porque en China no existe una manera uniforme de celebrar las honras fúnebres. Las ceremonias tienen algo del rito budista, taoísta y, por encima de todo, mantienen las ancestrales costumbres de Zhejiang, región tan grande como la Península Ibérica, de donde proceden el 80 por ciento de los chinos que tienen fijada su residencia en España.
En el exterior del tanatorio de Illescas se montó un túmulo con símbolos funerarios chinos, presidido por una gran fotografía de Nanxun, que disponía de un lugar preferencial con silla incluida. También había una mesa donde se depositaron alimentos y bebidas, además de incienso y billetes de yen (moneda china) simulados. Sobre un tapiz se había colocado tres cojines para llevar a cabo las plegarias por el hombre fallecido. Junto al túmulo se incorporó una especie de anafre de hierro, donde se quemaron el papel y los billetes.
Con sumo respeto, en el interior de la sala del tanatorio donde se encontraba el féretro con el difunto, se podía escuchar música. Los seres queridos velaban al fallecido ataviados con ropa negra, a la que incorporaban un gorro y un fajín blanco, además de una escarapela en el brazo, símbolo de luto.
Profesor de chino
También era significativo el número de coronas, más de 30, que presidían las honras fúnebres. Y sobre ellas colgaban innumerables cintas escritas con caracteres chinos que hacían alusión al recuerdo del muerto. Desde San Sebastián se desplazó un profesor de chino para llevar a cabo esta tradición.
Antes de dar por concluido el acto, los asistentes se arrodillaron ante el túmulo, encendieron el incienso y realizaron varias genuflexiones hasta el suelo.
El fallecido, vestido con varias prendas de abrigo (pantalones, camisas y camisetas) fue transportado al crematorio de Parla, donde, tras la incineración, los familiares recogieron las cenizas. Esperaran hasta volver a su tierra y dar finalmente sepultura a Nanxun según la costumbre ancestral china.
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