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Primeras alertas sobre el riesgo de la nanotecnología para la salud

¿Qué pasa cuando sobre un material «maravilloso», del que quizás depende la edad de oro de la nanotecnología, alguien cruza de repente dos ominosas tibias y una calavera? ¿Qué hace un científico si

Actualizado 23/05/2008 - 09:53:42
¿Qué pasa cuando sobre un material «maravilloso», del que quizás depende la edad de oro de la nanotecnología, alguien cruza de repente dos ominosas tibias y una calavera? ¿Qué hace un científico si descubre que los nanotubos de carbono comportan riesgos para la salud humana, riesgos que pueden llegar a matar? Con ese dilema se ha encontrado un equipo de investigadores de Washington, Edimburgo y Manchester, coordinados por el centro internacional Woodrow Wilson de Washington, cuyo trabajo se ha publicado esta semana en la revista «Nature Nanotechnology».
Los nanotubos de carbono, una forma alotrópica de carbono cuya estructura se podría describir como una lámina de grafito enrollada sobre sí misma, tienen unas propiedades químicas, eléctricas y mecánicas prodigiosas. Abren las puertas a una miniaturización realmente sorprendente de los componentes informáticos y a toda clase de portentos, incluido un ascensor espacial. Renunciar a ellos es renunciar al progreso.
Capacidad de neutralización
Pero los autores del polémico estudio inyectaron nanotubos de distintas capas y longitudes en el abdomen de ratones. Al diseccionar a estos ratones descubrieron que los nanotubos mayores de veinte micrones no habían podido ser fagocitados por la red de células pulmonares responsable de aislar partículas extrañas. Como en el caso del amianto, las consecuencias fueron graves inflamaciones y lesiones pulmonares y de la pleura. Los científicos tienen la certeza de que con el tiempo alguno de esos ratones habría desarrollado el temido mesotelioma, el cáncer de pleura o de peritoneo.
¿Qué se hace en un caso así? ¿Les toca a estos científicos hacer el desagradable papel del «enemigo del pueblo» de Ibsen, un doctor que descubre que está contaminada el agua del balneario que era la mayor fuente de ingresos de sus conciudadanos, y que por decirlo padece ostracismo y hasta persecución? ¿Qué pasa cuando los intereses económicos se ven amenazados por una alerta sanitaria que además es confusa? Algunos colegas de los autores de este estudio se han apresurado a advertir de que «hay que hacer muchas más pruebas» antes de llegar a ninguna conclusión firme.
Para firmeza la del doctor David Rejeski, director del Proyecto de Nanotecnología Emergente del Centro Woodrow Wilson. Él tiene clarísimo que este estudio no sólo es pertinente sino que es «una suerte» que haya visto la luz ahora, «cuando muchos productos que entrañan estos riesgos todavía no han llegado a los consumidores, que todavía están a tiempo de buscar alternativas».
Tomar precauciones
En declaraciones a ABC, el doctor Rejeski espera que incluso la industria les dé las gracias, porque lo que se deriva de este estudio no es el imperativo de renunciar a la nanotecnología, ni siquiera a los nanotubos, si se usan con las debidas precauciones. Sólo que esas precauciones «deben tomarse ahora, en la fase de diseño de los productos, y no lamentarse después, cuando los productos ya se hayan desarrollado».
Rejeski recuerda que precisamente uno de los grandes potenciales de la nanotecnología es su capacidad de adaptación, «de cambiar las propiedades de los materiales, con lo cual tiene que ser posible diseñar productos menos tóxicos, más ecológicamente benignos y con menos consumo energético». Se pueden y se deben elaborar variantes más seguras.
Por supuesto la industria puede ignorar estas advertencias y tirar por el camino de en medio, pero para eso están estos estudios independientes, que el doctor Rejeski cree un deber divulgar lo más posible. No hay mejor juez que un mercado informado y exigente. «Los inversores y los aseguradores van a tomar nota. Grandes aseguradoras como Lloyds en Londres ya han puesto la nanotecnología en su nivel más alto de riesgo. Si la industria no es sensible a las alarmas sanitarias, sin duda va a pagar un precio», concluye.
Rejeski critica no sólo a la industria, sino también a los gobiernos por no invertir lo suficiente en determinar y entender los riesgos ecológicos y sanitarios de la nanotecnología: «Nuestros sistemas reguladores son a menudo débiles y no garantizan que los productos sean testados adecuadamente antes de entrar en el mercado».
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