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«No creo que pueda dirigir Wagner; en mi familia sería como comer cerdo»

POR MARTA MOREIRAFOTO ROBER SOLSONAVALENCIA. No le amedranta la lógica expectación que ha generado en el público y la crítica su debut con la Orquesta de la Comunidad Valenciana. A sus 29 años, Omer

Actualizado 23/04/2010 - 04:13:11
Wellber, durante la entrevista concedida a ABC esta semana en el Palau de les Arts
Wellber, durante la entrevista concedida a ABC esta semana en el Palau de les Arts
No le amedranta la lógica expectación que ha generado en el público y la crítica su debut con la Orquesta de la Comunidad Valenciana. A sus 29 años, Omer Meir Wellber no se deja impresionar por la responsabilidad de tomar el testigo de una de las grandes batutas del siglo XX, Lorin Maazel. «Es muy simple. Si se ensaya y yo conozco la música, no hay nada por lo que estresarse. Las cosas sólo pueden ir bien», afirma.
-¿Cómo valora la primera toma de contacto con la Orquesta de la Comunidad Valenciana?
-Fue incluso más positiva de lo que esperaba. Dos minutos después de conocernos estábamos todos muy cómodos. Creo que es porque todos tenemos más o menos la misma edad. Siento muy buenas vibraciones con ellos.
-Cuando Helga Schmidt comenzó a buscar un sucesor para Maazel, aseguraba que éste tendría que ser alguien con mucho bagaje y nombre ¿Qué cree que le ha llevado a apostar por usted, una gran promesa pero también un perfil más inexperto?
-Creo que éste es un buen ejemplo de cómo las grandes cosas se gestan cuando tienen a alguien con coraje detrás. Es más fácil escoger a alguien con prestigio, porque al intentar algo nuevo puedes ganarlo o perderlo todo. No sé lo que ocurrirá en el Palau de les Arts, pero ella está segura de lo que quiere.
-¿Cómo se define como director? ¿Es más pasional o más técnico? ¿Es propenso a dar versiones personales del repertorio o prefiere ceñirse a la partitura?
-Puedo cambiar en diez minutos de una cosa a otra, pero en general intento rescatar la esencia básica de lo que está escrito. Mi interés es limpiar la superficie y redescubrir la obra original. Porque en la ópera especialmente es increíble lo acostumbrados que estamos a escuchar ciertos pasajes de un modo, cuando luego la partitura dice completamente lo contrario. Eso es fruto de tantos años de tradición, de la influencia en el repertorio de maestros como Toscanini. Pero yo no busco hacer versiones que me otorguen a mí el protagonismo.
-¿Qué importancia le otorga a la música contemporánea?
-Mucha. Este año es el octavo que dirijo el festival de música moderna de Israel. Es importante para la orquesta conocer todo el repertorio del siglo XX, porque somos jóvenes y no podemos vivir sólo de Brahms y Beethoven.
-¿Hay algún compositor contemporáneo que quiera programar para esta orquesta?
-Sí, algunos. Elliot Carter es muy interesante y hay una pieza suya que tengo que dirigir seguro en Valencia. El año que viene programaremos también música española.
-Ha trabajado junto a Daniel Barenboim, ¿cómo ha influido en su desarrollo como director?
-Es un hombre con una gran personalidad, y sólo con estar junto a él ya aprendes muchas cosas. Él es el último vínculo con la escuela alemana y ofrece una interesante percepción del sonido. Ante todo es siempre muy pedagógico; no es caprichoso ni impone sus ideas; éstas siempre tienen un porqué y siempre lo explica. Es alguien que te muestra tu camino.
-¿Cuál es su relación con Wagner? ¿Sería capaz de dirigir «Tristan e Isolda» en Tel Aviv como hizo Baremboim en 1991?
-No, creo que es erróneo tocar Wagner en Tel Aviv, el país no está preparado aún para eso. Lo puedes hacer como provocación, pero hay que entender que eso es algo que tiene que venir del público, no se puede imponer. Para mí personalmente, Wagner no es tan importante, no siento esa música dentro de mí. No creo que vaya a dirigirlo nunca, porque tengo muchas dificultades con él.
-¿Dificultades musicales o políticas?
-Bueno, de los dos tipos. Yo vengo de una familia en la que oír a Wagner era como comer cerdo. Lo he intentado, pero no me sale natural. Me siento más conectado con Donizetti, por ejemplo.
-Israel se ha convertido en una de las principales canteras de músicos y directores...
-Es un lugar donde es muy difícil vivir, pero lo bueno es que te enseña que si realmente quieres algo, tienes que luchar por conseguirlo. No es que tengamos más talento, es más una cuestión de mentalidad. Cuando vuelves después de hacer tres años el servicio militar obligatorio eres una persona muy distinta, más madura y disciplinada que cualquier otro joven de 21 años de otro país.
-¿Se ha cruzado ya en los pasillos con Lorin Maazel?
-Sí, y tuvimos una conversación muy agradable. Recoger esta orquesta de las manos de Mehta y Maazel es más de lo que se puede pedir.
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