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La Maestranza declara a Dávila Miura triunfador de una Feria de Abril calificada de «auténtico desastre»

Actualizado 23/04/2002 - 00:47:28
SEVILLA. Tal como estaba previsto, no hubo sorpresas en los distintos jurados que premian a los triunfadores de la recién terminada Feria de Abril. Así, la Real Maestranza de Caballería designó triunfador del ciclo al diestro sevillano Eduardo Dávila Miura, que también fue declarado autor de la mejor faena.
Los demás trofeos son los siguientes:
Mejor estocada: El Juli.
Mejor caballero rejoneador: Pablo Hermoso de Mendoza.
Mejor subalterno: Curro Molina.
Mejor subalterno en banderillas: Curro Molina.
Mejor picador: Manuel Montiel.
Mejor ganadería: desierto.
Mejor toro: «Ojito», de Torrestrella.
En su intervención, el teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza, conde de Luna, recordó al periodista Joaquín Vidal, que falleció en Madrid en el transcurso de la Feria.Por último, precisó que no podía dar la enhorabuena, ya que, como aficionado, era de la opinión de que la Feria de Abril de 2002 había sido un auténtico desastre.
Por otra parte, los galardones que anualmente concede El Corte Inglés, y que llevan por título «Puerta del Príncipe», en su decimoséptima edición, prácticamente coincidieron con los otorgados por la Real Maestranza. Los trofeos otorgados son los siguientes:
Triunfador: Dávila Miura.
Trofeo Curro Romero al mejor toreo de capa: desierto.
Suerte de matar: El Juli.
Mejor banderillero: Curro Molina.
Mejor picador: Manuel Montiel.
Mejor ganadería: desierto.
Mejor rejoneador: Pablo Hermoso de Mendoza.
Trofeo Vicente Zabala a la mejor faena: Eduardo Dávila Miura.
Protesta de los abonados
La Unión Taurina de Abonados a la Plaza de Toros de Sevilla ha hecho público un comunicado en el que denuncia «el lamentable espectáculo ofrecido por todos los sectores involucrados en el negocio de los toros».
En el comunicado incluyen a los «empresarios, que admiten imposiciones de falsas figuras para venir arropados y aliviados»; a los «toreros que se dicen números uno, y que eligen e imponen a su gusto toritos cómodos, insulsos, desarmados y sin casta para engañar al público, que no al aficionado»; a los «ganaderos que se prestan a mandar a Sevilla verdaderas cabras indignas del prestigio de esta plaza» y, en definitiva, a «autoridades que permiten las tropelías que hemos sufrido los aficionados».
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