«Sólo Presidencia puede poner orden en este lío de la acción cultural», claman fuentes próximas a Exteriores, contactadas ayer por ABC. De hecho, en el Gobierno crece la conciencia de caos, de duplicidades, de gasto incontrolado, en la llamada «diplomacia cultural», algo muy mal visto en tiempos de crisis. Y no sólo es por la pésima gestión de la financiación de la cúpula de Barceló en Ginebra.
Ejemplo 1: Sao Paulo
El ministro de Cultura, César Antonio Molina, ha vuelto a abrir la polémica con el jefe de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, al subrayar que existen dos ministerios de Cultura paralelos, uno fuera de España y otro dentro. La vicepresidenta Fernández de la Vega dijo comprenderle y que «vamos a ayudar en la misma dirección». Basten algunos ejemplos: en Sao Paulo existen tres centros con actividades culturales dependientes de Exteriores: el Instituto Cervantes, el centro cultural de la AECID y la Consejería cultural del consulado. Los responsables suman al presupuesto su sueldo y en los dos últimos casos, gastos de coche y ayuda para residencia. Además, está la Casa de España, financiada con dinero de Trabajo y Exteriores. Y tanto el Consulado como el Cervantes ofrecen clases de español, pero lo mismo hace el colegio privado Miguel de Cervantes, financiado en parte por el presupuesto del Ministerio de Educación español. Toda una superpoblación cultural.
Ejemplo 2: Venecia
La designación a dedo de Barceló para el pabellón de España en la Bienal de Venecia -por el mismo Gobierno que aprobó el Código de Buenas Prácticas y después de otorgarle de igual modo la realización de la millonaria cúpula ginebrina-, no oculta otras fallas del sistema cultural exterior en la misma ciudad de los canales. En la Bienal de Arquitectura también participa el Gobierno a través de los ministerios de Vivienda y Exteriores, y no Cultura, aunque sí SEEI, dependiente de Exteriores, según figura en el Catálogo. Curioso.
Pero en la Mostra de Cine no participa nadie, aunque parece que Cultura tiene ahora planes, según algunas fuentes cercanas al Ministerio, para organizar allí en 2010 un ciclo de cine español durante un certamen al que no suelen acceder las producciones patrias. En otras bienales de arte, como las de Estambul, El Cairo o Alejandría, el mismo comisario ha organizado la presencia española durante los últimos años.
Un mapa caótico
El mapa de la acción cultural en el exterior es difícil de comprender. A los 64 centros que la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) tiene por todo el mundo, hay que sumar los esfuerzos dedicados por los consejeros culturales de las embajadas en todo el mundo. Un consejero puede tener un sueldo que ronda los 15.000 euros al mes y muchas veces manejan un presupuesto mucho más pequeño, de unos 40.000 euros, como ocurre en varios casos aportados por las mismas fuentes. La AECID gestiona centros tan poco relacionados con la ayuda al desarrollo como la Academia Española en Roma, un vivo centro de artes y letras en el corazón de Europa y de nuestra cultura. A todo esto hay que añadir los más de 70 Institutos Cervantes y las sociedades estatales con capacidad de organizar exposiciones y eventos culturales por todo el mundo, como Seacex y SEEI, que en ocasiones han pagado por alquilar las salas de los museos en los que mostraban sus exposiciones. La SEEI, por su parte, se encarga de las exposiciones universales para las que España construye pabellones que cuestan cientos de miles de euros -más bien millones-, y que luego no encuentran aprovechamiento, cultural o de otro tipo, y podrían ser destinados para el Instituto Cervantes u otras instituciones. Además, también tienen programas culturales la Fundación Carolina, el ICEX y Turespaña. Y, por último, el Ministerio de Cultura.
La falta de liderazgo y coordinación procede de antiguo. En tiempos del PP, una comisión delegada reunía a varios ministerios bajo el criterio del presidente del Gobierno para marcar las líneas de actuación. Zapatero disolvió esta instancia y, por ejemplo, al organizar el año de España en China, desde la primera reunión celebrada en Moncloa en otoño de 2006, quedó patente para las más de veinte personas que se sentaban a la mesa que aquel era un equipo sin entrenador. ¿Resultado?: Según expertos consultados por ABC, muchas iniciativas duplicadas, muchos gastos y menos goles de los que España debería lograr.
La propuesta a Moratinos
¿Es la acción cultural parte de la diplomacia, o campo fértil para industria cultural? ¿Es sólo cooperación? ABC ha podido conocer la propuesta que Molina hizo a Moratinos: «Que la acción cultural dependa de Cultura en EE.UU., la UE e Iberoamérica, donde la actividad tiene mucho que ver con las industrias culturales en las que España es potencia, a las que hay que apoyar. Por contra, en África y Asia, Exteriores dirigiría una acción eminentemente cooperativa. ¿Lógico? El concurso de Cultura es imprescindible para las grandes citas y muchos creadores, a título personal o desde asociaciones como la SGAE están estos días mostrando su apoyo a Molina en el nuevo debate. Confían en una gestión profesionalizada del sector, algo que, desde la carrera diplomática se mira con desconfianza. En Exteriores no están dispuestos a ceder cargos y destinos como la Seacex o la Academia Española en Roma, que dirige un diplomático.


