
Cuando terminó su trabajo con la Fundación Purina pensó en cambiar radicalmente de oficio. Nunca le había atraído mucho el mundo de la moda, pero sí el de los accesorios, sobre todo los bolsos. Y así fue como en unión de su amiga Marta Oyarzábal (que tenía experiencia al haber trabajo en Gucci) y Borja de Madariaga, y tras barajar varias posibilidades en el mundo del accesorio, se decidieron por crear la empresa de bolsos que lleva el nombre de Isabel Sartorius.
-¿Por qué el mundo del bolso? Con su currículum y sus idiomas, tenía una prometedora carrera diplomática...
-Porque en diez años el bolso se ha convertido en la seña de identidad de una persona. Además, el bolso siempre ha sido para mí algo divertido y como teníamos que buscarnos un medio económico de vida propuse algo que me permitiese tener más tiempo libre y unos horarios compatibles con el cuidado de mi hija.
-¿Tardaron en decidirse?
-Un poco porque desde que lo pensamos hasta que nos lanzamos pasó tiempo. Yo dejé Purina, y Marta, Gucci. Sin ella no hubiese hecho nada porque todos sabemos nuestras limitaciones.
-Porque usted no diseña...
-En absoluto. Cuando montamos la empresa lo primero fue buscar, en el Instituto Italiano de Diseño, a alguien que se ocupase de eso. Encontramos a Natalia Moreno y fue un flechazo total, porque es muy preciosista, pero a la vez muy relajada. No se mueve sólo por las tendencias, sino que le da un toque muy personal y tiene mucha energía.
-¿Dónde fabrican?
-En Villena (Alicante) porque queríamos que fuese un producto hecho en España, nada de China o India, y allí la gente trabaja de forma casi artesanal y lleva trabajando en lo mismo toda la vida. Queríamos cuidar mucho la producción.
-¿Con cuántos bolsos salió su primera colección?
-La sacamos en primavera y sólo la vendíamos por internet. Ahora tenemos dos tiendas por internet (www.isabelsartorius.com) y 42 puntos de venta distribuidos por las diferentes comunidades. Tuvimos la suerte de que los distribuidores se nos ofreciesen y hoy tenemos representantes que nos los venden por toda España,
-¿Qué es para usted el bolso?
-La estrella de las colecciones de moda, el objeto de deseo de toda mujer y su sello de identidad. Es, además, el lugar donde metes tu mundo y el objeto que refleja en cierto modo un estatus social. -¿Quién elige los materiales?
-La parte técnica la lleva Natalia, que viaja a la feria de Bolonia (Italia) con Marta a comprar los productos. Después vemos entre todos los diseños y se crean sesenta modelos.
-¿Son los italianos los reyes de la piel?
-España tiene una piel excelente, pero lo que hace bien Italia son los tratamientos. Vamos a sus ferias a ampliar un poco la gama de productos.
-¿Se han interesado por sus bolsos en otros países?
-Sí. Nos han llamado de Portugal y también están muy interesados en la comunidad hispana de Miami. Ya tenemos un medio acuerdo para vender allí.
-¿Cómo ha de ser un bolso?
-Funcional y original. Y a base de calidad y diseño, ha de marcar una diferencia. A mí me encantan los grandes porque yo llevo la casa dentro. También ha de tener un precio medio.
-¿Cuáles son los suyos?
-Oscilan entre los 90 y los 380 euros, dependiendo del tamaño y de las calidades. Pero los precios los marcan las tiendas.
-¿A qué mujeres van dirigidos?
-A todas, desde la que trabaja fuera de casa a la que lo hace en su hogar, sin olvidar la chica joven ni la abuela, porque hay muchos modelos.
-¿La piel del invierno?
-El potro y el charol en negro y marrón. Para la próxima primavera-verano entrará con fuerza el color.
-¿Les llegan propuestas?
-Sí, de pintores. Nos han hecho unos dibujos de animales, bodegones, zapatos... preciosos; dibujos que nos bordarán a mano en Villena, en tejido «heat» (una tela italiana muy especial) y el 15 por ciento de las ganancias irá a la ONG «Global Humanitaria». Los han hecho Jaime La Iguana, Olga Sinchair, Rubén Fuertes, Ciria y Jarr. Se trata de combinar creatividad, arte y solidaridad, algo en lo que me gusta mucho trabajar.
-¿Piensan hacer bolsos para hombres?
-No. Lo que sí haremos serán carteras, paraguas y bufandas de cachemira. El mundo del complemento masculino, por ahora, no me interesa y es más difícil.
-De todos los bolsos desde hace 50 años, ¿cuáles le han gustado más?
-La «baguette» de Fendi, porque abrió muchas puertas; detrás fueron todas las grandes casas y muchos negocios que estaban agonizando resucitaron.
-¿Ha tenido curiosidad por estudiar la historia del bolso?
-Sí y me compré todos los libros que encontré. Hay imágenes que documentan cómo se ha llevado y utilizado el bolso. Me llamaron la atención las limosneras de la Edad Media, pero el bolso real vino con la moda del corte imperio, la moda napoleónica,
-¿Qué escritor rememora el bolso de la mujer?
-Tolstoi, en Ana Karenina, cuando antes de arrojarse ella al tren tira su bolso, que es como tirar su vida, porque en los bolsos llevamos nuestra vida.
-¿Qué piezas han marcado historia?
-El «Kelly» que Herm_s hizo a Gracia de Mónaco y el «Trim» de Gucci para Jackie Kennedy. Con ellas los bolsos empezaron a convertirse en objetos de deseo. Les siguieron Audrey Hepburn y Jane Birkin. Ahora son las top models quienes ponen de moda las tendencias que marcan en primer lugar Balenciaga y después, Cloe, Gucci, Saint Laurent... En Gran Bretaña fue Anya Hindmarch la primera en imprimir en telas fotos, bien de niños o de perros, y acabó creando tendencia. En Australia, Hellen Kempinski hace unos bolsos en paja y rafia maravillosos y, en EE.UU., Kate Spade. Son tan originales como lo pueden ser las grandes casas.
-Algunas se empeñan en conjuntarlo con los zapatos. ¿Está eso pasado de moda?
-Sí. Ha pasado a la historia. Hoy en día vale todo, sólo depende del estilo de cada una, pero el bolso da un toque especial a la mujer porque es el verdadero icono de la moda.
-¿Cómo es la colección de invierno?
-Muy neoyorquina, en negro, marrón, azul intenso y colores fuertes.
- ¿Qué siente cada vez que ve a una mujer con un bolso suyo?
-Me hace muchísima ilusión. Cuando voy con Marta por la calle y vemos a una mujer que lo lleva nos damos codazos, como si fuéramos niñas. Ahora vemos los bolsos con deformación profesional y miramos las tiendas con otros ojos.



