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El cardenal Bertone anuncia un reajuste de «estructuras y personas» en la Curia

Calmada la polémica sobre el discurso del Papa en la Universidad de Regensburg, el nuevo secretario de Estado del Vaticano anuncia ya, en su quinto día de mandato, un reajuste de «estructuras y

Actualizado 22/09/2006 - 16:24:21
EPA  El secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, el pasado agosto
EPA El secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, el pasado agosto
Calmada la polémica sobre el discurso del Papa en la Universidad de Regensburg, el nuevo secretario de Estado del Vaticano anuncia ya, en su quinto día de mandato, un reajuste de «estructuras y personas» en la Curia vaticana. El pontificado de Benedicto XVI se dispone a «despegar» con su equipo propio.
El cardenal Tarcisio Bertone es un hombre rápido y directo. Ayer fue saludando, despacho por despacho, a todos las personas de la primera sección de la Secretaría de Estado, la que se ocupa del gobierno interno de la Iglesia, y probablemente hoy hará lo mismo con la segunda, encargada de las relaciones exteriores. Aunque hubiese podido reunir a todos y dirigirles unas palabras, un saludo personal deja siempre mejor sabor de boca.
Pero lo que más ha impresionado es su rapidez en anunciar un reajuste de «estructuras y personas» en la Curia romana. Al cabo de año y medio de Pontificado, la reforma de Benedicto XVI está a la vuelta de la esquina y va a ser profunda. En declaraciones a la revista «Familia Cristiana», Bertone afirma que «la experiencia de los últimos veinte años a raíz de la reforma de 1988, realizada por Juan Pablo II, confirman la necesidad de una puesta al día que responda a las propuestas de los obispos y a las necesidades que se han ido manifestando».
Un plan pastoral
Según el cardenal, «la reforma no debe limitarse a las estructuras, reuniendo y modificando los dicasterios según las circunstancias, sino sobre todo a las personas que deben dar el alma al plan pastoral que Benedicto XVI está transmitiendo a través de sus discursos y sus indicaciones personales».
Aunque el prelado salesiano evitó adelantar detalles, su anuncio era muy rotundo para el lenguaje habitual del Vaticano, y revela que los cambios de organigrama que Benedicto XVI estudia desde hace año y medio con la ayuda de un selecto grupo de cardenales están ya muy avanzados.
Diplomáticos españoles
El objetivo es aplicar una «cura de adelgazamiento» a un organismo formado por 26 dicasterios (departamentos) entre Congregaciones, Pontificios Consejos, Oficinas, etc... -cuyas competencias se solapan- y una pléyade de pontificias comisiones, academias y organismos de todo tipo. El pasado mes de marzo, el Papa unificó el mando de los Pontificios Consejos de la Cultura y del Diálogo Religioso en manos del Cardenal Paul Poupard, y los de Justicia y Paz e Inmigración en manos del cardenal Renato Martino. Era un primer paso al que seguirán otras «concentraciones» de Consejos como Laicos y Familia, o de Congregaciones como Clero y Educación Católica, que se ocupa de los seminarios.
Los cambios de personas apuntan en primer lugar a los jefes de dicasterios que han superado los 75 años, como los cardenales Darío Castrillón, de 77, en la Congregación del Clero; Moussa Daoud, de 76, en la de Iglesias Orientales; Paul Poupard, de 76, en los Consejos de Cultura y Diálogo Interreligioso, y Julián Herranz, de 76, en el de Textos Legislativos. El otro cardenal español en la Curia Romana es el Camarlengo, Eduardo Martínez Somalo, de 79 años, cuya responsabilidad de gobierno se produce sólo en caso de fallecimiento del Pontífice.
Entre los prelados españoles que podrían incorporarse a la Curia Romana se ha mencionado a los arzobispos de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y de Toledo, Antonio Cañizares, así como a los de Barcelona, Luis Martínez Sistach, y Granada, Francisco Javier Martínez Fernández, pero el traslado de cualquiera de ellos a Roma supondría «desvestir a un santo para vestir a otro». Una alternativa posible es entregar al menos un dicasterio del Vaticano a alguno de los muchos españoles que desempeñan tareas diplomáticas al servicio de la Santa Sede, entre los cuales hay una buena «cantera» de prelados de alta calificación. O bien, llamar directamente a Roma a algún prelado joven que desempeña todavía tareas de auxiliar.
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