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«Me parece terriblemente snob despreciar las películas de género»

M. MOREIRAVALENCIA. Como toda regla necesita su excepción, el cine de Nicolas Winding Refn existe para conjurar la impresión de que el cine escandinavo ha de ser siempre un pedante ejercicio estético

Actualizado 22/06/2007 - 03:20:28
M. MOREIRA
VALENCIA. Como toda regla necesita su excepción, el cine de Nicolas Winding Refn existe para conjurar la impresión de que el cine escandinavo ha de ser siempre un pedante ejercicio estético e intelectual. «No todo es Dogma en Dinamarca», decía ayer este joven cineasta de culto, a quien Cinema Jove dedica un ciclo retrospectivo.
El apego a contracorriente de Winding Refn al cine de género, y especialmente al thriller, tiene mucho que ver con la rebeldía con la que los adolescentes quieren distanciarse de sus padres. No en vano, su progenitor es un colaborador habitual del padre de Dogma, Lars von Trier.
«Cuando era pequeño mis padres me llevaban a ver películas de arte y ensayo como «Los cuatrocientos golpes» de Truffaut, pero yo quería ver «E.T.» y «La guerra de las galaxias»», recuerda el director entre risas. No fue hasta los 14 años, cuando dos películas, «La matanza de Texas» y «Las colinas tienen ojos», destaparon ante él el hecho de que el cine era una forma de arte. «Me dí cuenta de que el cine es mucho más que el guión, es como una pintura sobre el lienzo, es sonido, es distorsión de la imagen... es la obra de un autor».
A Winding Refn el éxito le llegó «demasiado pronto», a los 24 años, con la primera entrega de su exitosa trilogía «Pusher», ambientada en el mundo gansteril de Copenhague. La historia de cómo esta película -que de tan realista estaba interpretada por matones reales sin ninguna experiencia como actores- acabó prolongándose en dos secuelas, está extraordinariamente bien relatada en «Gambler», documental incluido en el ciclo del festival.
Dificultades económicas
«Me vi obligado a rodar la segunda y tercera parte de «Pusher» porque debía un millón de euros al banco. Es lo que ocurre cuando intentas hacer arte y además produces tus propias películas para controlar el resultado», reconoce. Sin embargo, «fue la mejor decisión de mi vida, porque me obligó a volver a hacer películas de entretenimiento, que es lo que de verdad me gusta hacer», asegura el realizador, para quien «los altibajos en la creatividad son positivos porque te hacen mejorar. De otro modo se te puede subir el éxito demasiado a la cabeza».
Sin prejuicios
Nicolas Winding Refn no es prisionero de los prejuicios que prodigan muchos de sus compatriotas, e incluso sus propios padres. «Son muy socialistas, así que yo crecí escuchando que todo lo que era en blanco y negro era bueno; las pelis americanas, malas; los pobres, buenos; el capitalismo, malo», describe con ironía, pero sin rencor o sarcasmo. «Me parece una lástima el snobismo de quien desprecia las películas de género, porque son el origen de la ficción y de la narrativa. Carpenter, Kurosawa o Fritz Lang han hecho grandes películas de género, y el propio Shakespeare escribía novelas de género».
El espíritu crítico del principal representante de la «nueva ola» del cine danés queda explítico en otros aspectos de su obra, como la renuncia deliberada a presentar a los inmigrantes como pobres seres a los que hay que tratar con «paternalismo». «Mi país desgraciadamente es uno de los más racistas de Europa, así que tratar sobre inmigrantes es un desastre comercial, porque a la gente no le interesa. Pero he querido huir de estas ideas preconcebidas. Yo he crecido en EE.UU. y estoy acostumbrado a vivir en una sociedad globalizada, así que me apetecía presentar a personas de otras razas y culturas tal y como son. La Dinamarca moderna».
ROBER SOLSONA
Nicolas Winding Refn, ayer en una cafetería de Valencia
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